La agenda del consejo universitario

La agenda del consejo universitario

No hay plazo que no se cumpla…, dice el dicho popular y, finalmente, el Consejo Universitario (CU) ha sido convocado para reunirse, lo que representa una oportunidad para que asuma a plenitud sus funciones legales. Una vez instalado con el cuórum necesario, la máxima autoridad de la UAZ deberá desahogar una compleja agenda de problemas que configuran una de las mayores crisis sufridas por la UAZ en las últimas décadas, debido a que se mezclan deficiencias estructurales como el de la seguridad social y el modelo de crecimiento, con deformaciones producidas por decisiones administrativas muy desafortunadas, o por conductas y decisiones poco éticas o francamente corruptas.

Un primer asunto que parecería de mero trámite es el de la emisión de la convocatoria a la renovación del propio Consejo; en mayo deben renovarse los consejeros estudiantiles y los académicos y solo se mantendrán en funciones los directores. El tema cobra relevancia porque la coyuntura actual puede provocar un interés poco común en este tipo de procesos electorales, especialmente entre los estudiantes que se involucraron en la problemática institucional durante la pasada huelga del SPAUAZ.

Definir los cambios estructurales necesarios para que la UAZ incremente su pertinencia social, es el tema fundamental que el CU debe abordar para resolver la crisis. Ello exigirá de todos los universitarios el mejor de sus esfuerzos y la voluntad política necesaria para hacer posible que el resultado de sus deliberaciones se constituya como el principal elemento de cohesión de una comunidad que hoy parece inexistente por el individualismo exacerbado y por la acción de las facciones y grupos de interés, cuya dinámica está debilitando aceleradamente a la institución.

El debate sobre los cambios institucionales requiere una atmosfera que hoy no existe en la UAZ porque la descomposición ha avanzado demasiado y se han creado situaciones de privilegio por no hablar de verdaderos casos de abuso, que agravian e irritan a buena parte de los universitarios y de la sociedad; construir la atmosfera que permita el debate profundo y necesario sobre el rumbo de la UAZ exige una gran responsabilidad y voluntad política de sus autoridades y grupos políticos, pero sobre todo de la amplia participación del sector estudiantil, sector que por definición es independiente de los intereses creados.

La agenda del CU no estará  completa sin incluir asuntos como: los salarios, prestaciones y estímulos monetarios de las autoridades universitarias; la eficacia de la compra-venta de prestaciones; la transparencia en torno de los ingresos propios a nivel central y en las unidades académicas; el caso de personas con doble o triple plaza laboral en la UAZ y en el sector público y/o privado, etc. El enfoque pertinente y necesario para abordar todos esos temas debe emanar del convencimiento de que es inadmisible que en la UAZ se solape y propicie la corrupción y los abusos. La universidad solo recuperará el papel de conciencia crítica de la sociedad si su comunidad demuestra que es capaz de indignarse por el desarrollo de vicios como el clientelismo, el nepotismo y la corrupción en su propio seno y, sobre todo, de corregirlos.

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