La participación política de la mujer, hoy

La participación política de la mujer, hoy

Mi colaboración de hoy es precisamente en el marco del Día Internacional de la Mujer y aprovecho para reconocer desde aquí el esfuerzo de las zacatecanas por construir una sociedad justa y equitativa y a aunque el camino es largo, en mí tienen y siempre tendrá un aliado.

La participación de la mujer en la lucha por la igualdad y por sus derechos sociales, laborales y políticos tiene una larga y sinuosa historia, en la que los avances no siempre han sido tan visibles ni tan significativos; siendo la lucha por los derechos políticos la que sin duda ha representado el mayor rezago a lo largo de la historia, pero a la vez el mayor cambio cuantitativo y cualitativo en los últimos 30 años.

Participar políticamente significa tomar parte de las decisiones públicas, a través de diferentes mecanismos, que van desde el más elemental en una democracia -como el ejercicio del voto para la elección de gobernantes-, la protesta pública ante las acciones de un gobierno y hasta los más complejos, como lo es la participación en la definición de las prioridades y acciones de gobierno, la evaluación de gobernantes y, desde luego, la participación directa en puestos de representación en las organizaciones políticas, partidarias, en las Cámaras y, sobre todo, en el ejercicio directo del poder.

Tuvieron que pasar siglos desde la Revolución Francesa en la que Olympe de Gouges promoviera la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, hasta que se empezara a generalizar el derecho al voto de la mujer.

En México hace apenas 60 años la mujer ejerce ese derecho, a pesar de que su presencia en la lucha social y revolucionaria haya estado presente desde siglos atrás, tanto en la lucha independentista como en la Revolución Mexicana.

No obstante, ese estancamiento en la línea del tiempo para las mexicanas, en las últimas décadas las mujeres han conseguido posicionarnos en espacios que hasta mediados del siglo pasado habían sido  inaccesibles. Hoy, por ejemplo, existe a nivel constitucional la obligación para que los partidos postulen candidatos y candidatas de manera igualitaria.

Así, las mujeres hemos ido conquistando espacios en México a lo largo de los años; empero, aún queda mucho camino que recorrer. El cargo más alto que una mujer ha alcanzado en la administración pública ha sido el de secretarias de Estado, con un total de 23 mujeres hasta finales del año 2011.

Rosario Ibarra, en 1982 y 1988; Marcela Lombardo y Cecilia Soto, en 1994; Patricia Mercado, en 2006, y Josefina Vázquez Mota, en 2012, han sido las únicas cinco mujeres candidatas a la Presidencia de la República.

En la Cámara de Diputados, la presencia de Diputadas a nivel Federal ha aumentado de 6 por ciento en la cuadragésima segunda Legislatura (1952-1955) a 28 por ciento en la sexagésima primera Legislatura (2009-2012). No obstante, resulta pertinente destacar que este porcentaje disminuyó frente a las solicitudes de licencia por parte de 10 diputadas para ceder sus curules a sus suplentes varones.

Para poner un ejemplo más cercano, en el Congreso Popular, de los 2,600 congresistas inscritos, sólo 650  fueron mujeres, es decir, 25 por ciento. Tomando en cuenta que las mujeres constituimos más de la mitad de la población en el país, es claro que hubo una representación incompleta de las mexicanas en este ejercicio.

A nivel mundial sólo 21.8 por ciento de los legisladores son mujeres, según el Estudio Anual sobre la Mujer en el Parlamento que la Unión Interparlamentaria publica desde 1995, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

El estudio destaca que América Latina mantuvo su liderazgo como la zona con la media más alta de mujeres parlamentarias, con 25.2 por ciento.

El informe indica, por ejemplo, que las cámaras bajas del Parlamento en Argentina, Ecuador y Granada lograron porcentajes de diputadas por encima de 30 por ciento, mientras que el de Cuba mantuvo su avance hacia la paridad con 48.9 por ciento de mujeres legisladoras.

En México, la Reforma Constitucional en materia electoral aprobada hace unos meses pretende garantizar que a partir de la próxima Legislatura la mitad de los congresistas sean mujeres.

Esto, sin duda, es un salto cuantitativo en relación a la representación de la mujer en la democracia, no obstante, no debemos perder de vista que su participación no debe restringirse sólo a la electoral ni a la lucha por sus derechos, sino a su inserción en la lucha social y revolucionaria para transformar las condiciones de desigualdad en el mundo.

Necesitamos seguir construyendo esta historia de participación política de la mujer, pero no como fin último, sino como parte del proceso de la izquierda para alcanzar la justicia social, porque ese es nuestro fin.

Necesitamos que las mexicanas lleguen a los cargos de decisión y, en ese tenor, que estén en los puestos de representación, porque sólo así garantizaremos la equidad e igualdad entre hombres y mujeres,  incluyendo la visión de ambos en las acciones de gobierno, legislativas y políticas. ■

 

*Representante del PRD ante el IFE

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