Luego de dos semanas de deliberaciones, el viernes pasado concluyó en Ulán Bator, Mongolia, la 17 la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), en un momento en que 40 por ciento de la superficie terrestre mundial, incluyendo una cuarta parte de las tierras cultivables, se encuentra degradada. La también denominada “Convención sobre la tierra”, es uno de los tres principales tratados ambientales internacionales firmados en la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro.
Aunque es menos conocida que la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o el Convenio sobre la Diversidad Biológica, su objetivo es hoy fundamental: combatir la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Este año se centró principalmente en el pastoreo como forma de uso de la tierra y como una herramienta para su conservación.
Celebrar la cumbre en Mongolia fue muy significativo, pues es uno de los ejemplos más extremos de lo que puede ocurrir cuando se juntan varios factores. Ese país se ha calentado unos 2.5 grados desde 1941 y registra cada vez más episodios de sequía. Al mismo tiempo, su enorme hato ganadero (unos 60 millones de animales), ejerce una enorme presión sobre los pastizales. El cambio climático y el sobrepastoreo han formado una combinación muy negativa: menos agua y vegetación, suelos más frágiles y menos capacidad para recuperarse.
La degradación de la tierra no es sólo un problema ambiental y factor esencial que contribuye al cambio climático, sino que está presente en muchos otros campos. Por ejemplo, aumenta los riesgos para la salud humana y la propagación de nuevas enfermedades; es factor clave en la migración forzada y exacerba los conflictos entre comunidades por la escasez de recursos. Agrego la pérdida de biodiversidad, la pobreza y la inseguridad alimentaria. Por todo esto, la degradación de la tierra es un obstáculo para lograr el desarrollo sostenible.
Según Naciones Unidas, la aridez es el principal factor que conduce a la degradación de los sistemas agrícolas en el mundo. Afecta a 40 por ciento de las tierras cultivables. Y lo más grave es que la superficie aumenta cada año. En la última década así pasó con alrededor de mil millones de hectáreas de tierras que se encontraban productivas o en buen estado.
En lo que está ocurriendo juegan un papel muy importante las sequías cada vez más presentes y extremas, originadas en buena medida por el cambio climático y el uso inadecuado de la tierra. Se estima que el costo de la degradación de la tierra le cuesta cada año a la economía mundial unos 900 mil millones de dólares. Y la sequía, 300 mil millones.
Hace 32 años, con la adopción de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), los países acordaron establecer medidas para revertir la situación imperante. En ese entonces se reveló que las zonas áridas cubren más de 45 por ciento de la superficie terrestre del planeta. Sin embargo, proporcionan 44 por ciento de la producción agrícola y albergan a una de cada tres personas en el mundo.
Desde dicha convención se insiste en que si no se evita que las zonas áridas se conviertan en desiertos, en 2050 se habrán desplazado 700 millones de personas por falta de alimentos y agua. Era urgente entonces obtener financimiento para combatir la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía. Pero no se logra hasta hoy, tal y como se comprobó en Ulán Bator.
Los 197 países que acudieron a esta cumbre se fueron sin resolver uno de los temas claves: la creación de un acuerdo mundial sobre la sequía jurídicamente vinculante. Pospusieron esa decisión hasta la próxima ronda de conversaciones. Tendrán lugar en Egipto en 2028. El tema ya se había aplazado en la reunión anterior, efectuada hace dos años en Riad, Arabia Saudita.
En Ulán Bator los grupos ambientalistas y las comunidades agrarias hicieron hincapié en que la lucha contra la desertificación está estrechamente ligada al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad. Y preguntaron: ¿qué sentido tiene intentar proteger la tierra de la sequía cuando los esfuerzos mundiales para combatir el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad se han estancado?
La desertización avanza imparable. También en México, como mostraré el lunes próximo.



