Editado desde 1935, el boletín de prensa The Swiss voice in the world ofrece cada semana la visión de los medios suizos, lo mismo sobre la política y la economía mundial que sobre la ciencia, la ecología y lo más importante que pasa en dicho país.
Recientemente se ocuparon de analizar lo que el alma de Estados Unidos significa para la economía y el futbol con motivo del 250 aniversario de esa nación, celebrado el pasado 4 de julio. La nota es del analista Matthew Allen, quien trae a colación lo que afirma la politóloga Claudia Franziska Brühwiler, la cual sostiene que “perseguir la felicidad en el casino no era la intención de los Padres Fundadores”. Y que “cuando el sueño material se vuelve inalcanzable, cuando la existencia se sume en la angustia existencial, es indispensable volver a los valores fundamentales”. Precisamente una visión de este tipo es lo que les falta ahora a los estadounidenses, advierte Franziska.
Por su parte, el periodista Boris Busslinger también considera que Estados Unidos se alejó de su propósito original al celebrar “un cuarto de milenio bajo el mandato de un presidente con poco respeto por la historia o las instituciones de su país; de una tierra de contradicciones que ha trabajado tanto por el bien común como ha provocado hostilidad y devastación”. Y añade que es capaz de lo mejor y de lo peor. Y por todo lo que sucede ahora, “La gran nación de inmigrantes puede ser una formidable máquina de sueños y a la vez una terrible calamidad”.
Sobre esto último se recuerda cómo Estados Unidos siempre se mostró orgulloso de tener una economía abierta, relativamente libre de la injerencia directa del gobierno. Pero el auge de las empresas de inteligencia artificial (IA) obligó a replantearse esta postura. Debido a que la IA se presenta a veces como una amenaza para el empleo, la sociedad y la seguridad nacional, Trump tomó en serio esta amenaza y decidió restringir el acceso extranjero a los modelos de IA más potentes.
Pero las decisiones de quien ocupa la Casa Blanca no se limitan a temas económicos, bélicos o de inmigración y religión. También del deporte, y el más patético caso es el Mundial que concluyó el domingo. Una llamada del presidente Trump al dirigente de la FIFA, Gianni Infantino, que es suizo, bastó para revocar la decisión de prohibir al delantero estadounidense expulsado Folarin Balogun disputar un partido crucial del Mundial contra Bélgica.
Esa llamada y el levantamiento de la sanción a Balogun provocaron una condena generalizada, pues el futbol se basa en la ilusión de que las decisiones sobre las faltas y los fueras de juego se toman en los estadios, o por los árbitros asistentes de video. Y no en la Casa Blanca. Es un indicio de que Infantino se mostró nuevamente como un lacayo ante Trump y destruyó la ilusión de que el futbol sirve para unir a las naciones.
Así, el dirigente de la FIFA, que antes entregó a Trump un balón de la paz supuestamente por sus esfuerzos en pro de ella en el mundo, acabó por destrozar burda y grotescamente el maltrecho prestigio de la máxima autoridad del futbol. El periodista Thomas Schifferle señala que la intervención de Trump e Infantino es un pésimo ejemplo de las relaciones entre Estados Unidos y Suiza. Y que lo ocurrido demuestra lo que desde hace tiempo es claro: Infantino es insostenible como presidente de la FIFA y debe ser destituido de su cargo. Es lo más urgente, tras una minuciosa auditoría a las finanzas del organismo.
Otro que debía ser separado de su cargo es Donald Trump por innumerables razones. Una, que trae al mundo en crisis económica y política, es su gestión caótica de la guerra que hace casi cinco meses inició contra Irán. Prometió concluirla en unos días al borrar a esa nación del mapa, en abierta colaboración con el gobierno de Israel. Arrastró al pueblo estadounidense a una confrontación militar que no tiene idea de cómo terminarla.
Agrava la situación al declarar que Estados Unidos tomará el control del estrecho de Ormuz y cobrará una tarifa para garantizar el paso seguro de los buques de carga. Cabe recordar que su secretario de Estado, Marco Rubio, calificó de ilegal un plan similar de los iraníes al señalar que “ningún país tiene permitido cobrar peajes ni tasas en una vía fluvial internacional”.
Los señores Infantino y Trump ejemplifican lo que no deben ser los dirigentes del futbol mundial y de una poderosa nación.



