Fake new, la receta (longaniza opcional)

Fake new, la receta (longaniza opcional)

El secreto de una buena fake news es dar con la combinación exacta de verdad con mentiras, exageraciones y descontextualizaciones.

De lograrse, ya se ha dado el primer paso, y en los siguientes sólo habrá que dar con los difusores adecuados, que la dispersen con la ambigüedad justa, con signos de interrogación y un aire de duda que permitan la operación Poncio Pilatos (lavarse las manos) si es necesario, una vez que el daño esté hecho.

Para reforzarlo, durante las primeras horas cuando menos, habrá que defender el bulo calificando de “maroma” todo lo que se diga en su contra, con algunos toques de clichés discursivos como “no hay peor ciego que el que no quiere ver” o “atole con el dedo”.

La fake news de la semana pasada el LonganizaGate es digna de colocarse como ejemplo del recetario. La noticia era que al estilo del Toallagate de Vicente Fox, la presidencia de la República estaba comprando longaniza a 16 mil pesos el kilo.

Surgió a raíz de que un documento innegablemente oficial dado a conocer descontextualizado y acompañado de inferencias temerarias por parte de un senador de Acción Nacional, mismo que fue apoyado por los expresidentes que militan en ese partido y algunos columnistas.

Aunque fue desmentido rápidamente, el tema siguió en la discusión pública por unos días más, en parte porque la calumnia cuando no mancha, tizna; y en parte también porque se basaba en un enlace probadamente oficial, aunque las conclusiones que se estaban sacando de él eran los ingredientes que realmente lo convertían en fake new.

Entre las aclaraciones que surgieron con los días está por ejemplo que no se trataba de pagos ya realizados, sino de una proyección, que se basó justamente en lo gastado el sexenio anterior; y que la información estaba organizada en categorías que no eran tomadas en cuentas para sacar conclusiones. Así, se tomó por kilos lo que no necesariamente se estaba midiendo de esa manera.

Con el mismo tono alarmista se habló semanas atrás de que el hijo menor del presidente Andrés Manuel López Obrador había asistido a un campamento de verano que costó 40 mil pesos.

Si usted es de clase media, puedo asegurarle que conoce cuando menos a una persona que ha enviado a sus hijos a cursos mucho más caros que eso, pese fuente de ingresos mucho más modestas que las del presidente y su esposa. Basta una charla con su fifi de confianza para conocer las experiencias de los jóvenes que pasan un año estudiando inglés en Canadá, Estados Unidos, y en ciertos casos hasta a Irlanda o Australia.

Puede considerarse que esto no tiene relevancia porque los casos hasta ahora citados quedan en lo anecdótico. No obstante las mismas medidas se utilizan en temas de interés público como los análisis de la economía, por ejemplo.

Pensemos en la discusión pública en torno a si el crecimiento de 0.1% era o no una buena noticia.

En términos generales no lo es, por supuesto, pero los festejos del mandatario ante esa cifra no eran por el dato en sí, sino en respuesta a los agoreros del desastre que en los últimos meses machacaron con seguridad envidiable que la recesión estaba a la vuelta de la esquina, lo que fortalecían con las noticias de la baja en las estimaciones del crecimiento.

Se omitía entonces decir que lo mismo sucedía en toda América Latina, de la misma manera que la guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene de cabeza a esas economías y de paso alas europeas.

No es el único caso, una tormenta de mayores magnitudes vivió Felipe Calderón en 2009 cuando la economía se contrajo hasta 9% en los primeros meses.

Culpar a Calderón absolutamente por ello sin considerar la caída de la economía estadounidense a finales de 2008 sería falto de toda ética. Pero una situación similar se hace en los análisis económicos y de seguridad a todos los niveles.

¿Quién puede culpar al piloto por las curvas? Nadie en su sano juicio.

Esto no significar entonces eliminar toda posibilidad de crítica. La hay, sin duda, pero la crítica honesta y congruente analizaría la pericia del piloto para tomar las curvas y los obstáculos del camino, considerando las condiciones de la autopista y del vehículo, más los cerrones que nos meta el del auto que va a lado.

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