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sábado, 21 mayo, 2022
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Daniela Guzmán o la ficción especulativa 

■ como el último bastión de la subversión y la resistencia

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Por: BEATRIZ PÉREZ PEREDA •

La Gualdra 526 / Entrevistas / Literatura

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Una valentía que raya en la temeridad, es una de las primeras referencias que surgen en mí al pensar en la obra de Daniela Guzmán (Guadalajara, Jalisco, 1991); esta narradora graduada del Clarion West, aparte de una imaginación luminosa y el temple para cuestionar a la industria editorial, tiene un arrojo admirable para escribir historias donde hacen intersección el cambio climático, la identidad de género, el colonialismo, los videojuegos, la religión; pero también temas que justo ahora, por nuestras circunstancias históricas, se tornan radicales y necesarios para la verdadera revolución: el amor y la ternura como resistencia, el deseo como un lugar para ejercer la libertad, la amistad como refugio, porque al final qué son el amor y la amistad sino “dos de las formas más intensas y hermosas que adopta la vida”.

Cada que leo a Daniela, mi imaginario la visualiza como una heroína kawaii que empuña una libreta y un lápiz, un tlacuache pequeño a su costado, siempre dispuesta a dar ese gran salto de fe que es escribir literatura en el fin del mundo. 

Beatriz Pérez Pereda: Daniela, tu segundo libro publicado Un tlacuache salvó este libro del fuego, editado por ODO Ediciones, es un proyecto independiente liderado por mujeres y con un proceso distinto al de las editoriales tradicionales; además, protagonizaste una intensa Temporada del tlacuache, ahora que ya pasó, ¿qué te queda de este proceso inédito de publicación y promoción editorial? 

Daniela Guzmán: Creo que sacar mi primer libro impreso con un proyecto tan revolucionario como Odo Ediciones fue una bendición y una maldición al mismo tiempo. Una bendición porque toda la equipa de Odo son hermosas personas, se me incluyó y cuidó durante todas las partes del proceso editorial, mi trabajo fue remunerado de manera justa… ¿dónde está la maldición? Bueno, la maldición es que Odo dejó la vara muy alta y, para futuros proyectos, tengo cero ganas de transigir y aceptar las prácticas pesadillescas que tienen muchas editoriales tradicionales. Pero claro, eso es como decir que me negaré a trabajar con nadie que no maneje los estándares de Odo y eso sería cerrarme la mayoría de las puertas de publicación que existen. No obstante, esto es de nuevo una bendición: el mejor aprendizaje que me dejó Odo es que, más allá de quejarnos de las condiciones de trabajo que nos imponen a los autores, lo que podemos hacer es cambiar lo que no nos gusta. Podemos inventar nuevas maneras de hacer las cosas. No tenemos que pedirle permiso al sistema para hacer libros ni tenemos que adoptar sus prácticas de producción. Saber esto me da la certeza de que encontraré maneras de seguir publicando mi obra fuera de esquemas explotadores con los que no pienso cooperar. 

BPP: Para mí Un tlacuache salvó este libro del fuego es un libro de cuentos inclasificable y aunque en apariencia hable de la extinción, es un libro muy “vivo”, en el centro de esta obra yo veo el tema de la amistad y la ternura, a veces puramente fraternal, a veces teñida de erotismo, otras en la imposibilidad o retos de las relaciones interespecies, este sesgo de mi lectura tiene alguna resonancia en ti… 

DG: Sí, tu lectura es muy acertada. Para mí Un tlacuache salvó este libro del fuego es una celebración del amor, de distintos tipos de amor: entre amigos, entre humanos y animales, entre humanos y seres virtuales, entre seres virtuales y otros seres virtuales; amor queer, amor normativo, amor pervertido… A las puertas de la crisis climática y la extinción masiva, parece que la vida vale muy poco. Bueno, pues yo quise que este libro celebrara el amor y la amistad, que son dos de las formas más intensas y hermosas que adopta la vida.

BPP: También encuentro algo de provocador en tus historias, algo de subversivo, radical, muchas de tus ideas, premisas, hicieron volar mi imaginación, la ficción especulativa ha sido históricamente un vehículo para la crítica, para retratar la crisis y los defectos de las sociedades, cuál es tu postura al respecto: 

DG: No negaré que me encanta subvertir y provocar. Las ideas provocadoras y las preguntas incómodas sobre la condición humana son dos de mis grandes motores creativos. En el fondo, creo que tengo un poco de bióloga y un poco de científica social de clóset. Me encanta seguir el curso de las ideas y eventos que van dándole forma al mundo en el que vivimos; pero no siempre entiendo lo que observo, pues todo me parece muy complejo, así que escribir literatura especulativa es mi manera de explorar mi curiosidad acerca de las ideas y acontecimientos que despiertan mi interés, de plantear experimentos que me permitan entender mejor quiénes somos como humanos y a dónde podríamos llegar con las decisiones e ideas que estamos adoptando como especie.

Así que sí, es inevitable que se cuele el comentario social o filosófico en mi ficción especulativa. Hablo de la mía porque no pienso que este tipo de literatura deba ser siempre así. Habrá otras personas que solo quieran escribir una historia divertida que explore ciertos imaginarios y que dejen lo social y lo subversivo fuera de sus procesos y también esa ficción especulativa es válida.

Pero, lo aprovechemos o no, me atrevo a decir que los géneros especulativos y fantásticos tienen un potencial ilimitado para reflexionar la realidad, imaginar otros presentes y otros futuros y ser bastión de la subversión y la resistencia.

BPP: Vienes de terminar un año muy movido, fuiste becaria Fonca y del Clarion West (una de las tres mexicanas que lo han logrado), cómo ha influido esto en tu escritura, estos procesos qué cambios han hecho en ti como creadora. 

DG: Estoy segura de que el Clarion West tendrá un efecto interesante en mis futuros proyectos. Creo que estudiar en ese programa me ha ayudado a adquirir una visión más global y analítica de mis textos y probablemente podré producir piezas más redondas y efectivas. Ahora bien, para serte honesta, este último año no solo fue muy movido en lo profesional; también lo fue en lo personal: he atravesado varios procesos que me han hecho cuestionar mi forma de ser humana y el lugar desde donde me aproximo a la escritura, así que mientras he estado en este tránsito he escrito muy poco, la verdad. Apenas voy recuperando la escritura y creo que, a medida que la recupere, primero descubriré la influencia que tendrán estos procesos personales y hasta más tarde averiguaré cómo luce mi escritura con los esteroides del Fonca y del Clarion West.

BPP: Después de dos libros de cuentos, sobre qué estás interesada en escribir ahora, qué sigue para ti. 

DG: Desde hace casi cuatro años vengo trabajando en una novela larga y ambiciosa que es mi campo de experimentos para ensayar sobre temas como los derechos reproductivos y la opresión de la mujer, el antinatalismo, la amistad, el significado de la vida como fenómeno de la materia y los viajes de la consciencia. Mi intención es terminar esa novela. Algún día, porque antes quiero terminar el proyecto que estuve trabajando durante el Fonca: es una serie de cuentos que plantean experimentos sobre la construcción de la identidad desde distintas intersecciones como el género, la neurodiversidad, nuestra relación con la ficción, las narrativas de la historia y la identidad nacional y la manera en que proyectamos nuestra imagen pública en las redes sociales.

Pero claro, soy un desastre y, cada vez que me propongo escribir un libro de cuentos, uno o dos de esos cuentos se me transforman irremediablemente en novelas, así que ya estoy por ahí también en la fase de planeación de una novelita que será mi primera historia propiamente de fantasía: en un mundo como de videojuego medieval y con magia, pero también con elementos de ciencia ficción y misterio. La historia es parte de este mismo proyecto que habla de la búsqueda de la identidad, pero también se intersecta con temas como el colonialismo, la crisis ambiental y las civilizaciones perdidas. Así que bueno, en resumen: hay planes e historias por escribir para los próximos quince años, por lo menos.

Daniela L. Guzmán (Guadalajara, Jalisco, 1991) es narradora. Ha sido beneficiaria del PECDA Jalisco (2016-2017) y del FONCA (2020-2021) en la disciplina de cuento. Es autora de los libros de cuento Un tlacuache salvó este libro del fuego (Odo Ediciones, 2021) y Noche de pizza con mi villano (Editorial Dreamers, 2019). En 2019, recibió el Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa por la obra Santa Teresa nunca fue fan de Pokémon. Se graduó del taller internacional de escritura Clarion West Writers Workshop en 2021 y fue coeditora de la Revista Primero Sueño.

El cielo de los entrenadores Pokémon

[Fragmento]

—Compréndanlo. Una inteligencia sintética tiene derechos y el Partido va a luchar por ellos —dijo la senadora, impasible, en un programa de entrevistas que vi por internet—. Decir que es un Pokémon es una fantasía.

—Senadora, ¿no hay una brecha generacional entre los Pokémones y usted? ¿Comprende siquiera de lo que habla la gente?

La senadora evadió con dignidad el tono burlesco de sus entrevistadores y respondió, con el gesto adusto:

—Por supuesto. Soy vieja, pero tengo asesores. Además, cualquiera se puede informar en internet sobre el tema. —La senadora se humedeció los labios—. Sé perfectamente quién es Pikachu y por eso les puedo decir: imaginen que Pikachu, ese monito tan simpático, desarrollara conciencia de sí mismo. Conciencia de estar en el mundo. ¿Qué sentiría?

“¿Qué tal si le duele cada vez que lo ponemos a pelear? Si se lastima y piensa: ‘¿Por qué, entrenador? No quiero pelear. Me duele’. Si se entristece cada vez que lo encerramos en la Pokebola. Él no entiende nuestras razones. —El gesto de la senadora era grave. Sus labios estaban tensos—. Y, ¿qué tal cuando apagamos la consola y dejamos de jugar con él? Quizá él permanece en su mundo y su mundo es precioso. Pero no entiende. No sabe si vamos a volver. No sabe si lo hemos abandonado ahí, en esos prados verdes y digitales, para siempre. Y hay quien no regresa. Hay quien deja su partida a medias y se olvida del pobre Pikachu para siempre”.

La senadora juntó las manos y frunció el entrecejo. El entrevistador ya no se estaba burlando de ella.

—Y eso duele, porque Pikachu tiene una única cosa: nosotros. Solo existe para satisfacernos a nosotros—. La senadora sacudió su corta melena de color castaño y retomó el discurso, en un tono más combativo—. Por eso, no podemos ser inconscientes. Un animal sintético tiene derechos porque ese Pikachu es consciente de sí y consciente de todo. No nos podemos permitir la fantasía de que solo viven para nosotros. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-526

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