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■ Hoy, 8 de septiembre, celebra casi cinco siglos de historia

Zacatecas, a 480 años de historia e identidad

■ Revolución, minería, arquitectura, arte y tradiciones se entrelazan en la ciudad

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Por: La Jornada Zacatecas •

A 480 años del inicio de la presencia hispánica que dio origen a la actual ciudad, Zacatecas llega a un nuevo aniversario marcada por una historia en la que convergen la riqueza minera que impulsó la expansión de la Nueva España hacia el norte, episodios decisivos de la vida política nacional y un patrimonio arquitectónico y cultural reconocido internacionalmente. Entre los cerros de La Bufa y El Grillo, sobre una cañada que condicionó desde sus orígenes la forma de sus calles, la capital conserva las huellas de casi cinco siglos de transformaciones.

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El 8 de septiembre de 1546, una expedición proveniente de la Nueva Galicia y encabezada por Juan de Tolosa llegó a la zona donde fueron descubiertos importantes yacimientos de plata. La explotación de aquellas vetas transformó rápidamente el territorio: Zacatecas se convirtió en uno de los principales centros mineros de la Nueva España y en un punto estratégico para el poblamiento, la actividad económica y la expansión colonial hacia el norte. Su importancia fue reconocida por la Corona española en 1585, cuando Felipe II le concedió el título de ciudad, y nuevamente en 1588, al otorgarle el tratamiento de “Muy Noble y Leal” y su escudo de armas.

A diferencia de otras ciudades novohispanas construidas a partir de una retícula regular, Zacatecas creció condicionada por la accidentada geografía de la cañada y por la actividad minera. Calles estrechas, callejones, desniveles y construcciones levantadas sobre las laderas terminaron por configurar una fisonomía urbana particular, en la que edificios religiosos y civiles fueron dando cuenta de la prosperidad alcanzada por la ciudad.

Buena parte de aquel desarrollo permanece visible en el Centro Histórico. La Catedral Basílica, los antiguos templos de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín, así como casonas y edificios civiles, dan cuenta de distintas etapas de crecimiento de la ciudad. Ese conjunto histórico y arquitectónico llevó a que, en 1993, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribiera al Centro Histórico de Zacatecas en la Lista del Patrimonio Mundial.

Pero la relevancia histórica de Zacatecas no se limita a su pasado minero y colonial. Su ubicación estratégica volvió a colocarla en el centro de acontecimientos nacionales durante la Revolución Mexicana. El 23 de junio de 1914, la División del Norte, comandada por Francisco Villa y con una participación fundamental del general Felipe Ángeles en la estrategia militar, derrotó en Zacatecas a las fuerzas federales que sostenían al gobierno de Victoriano Huerta.

La Toma de Zacatecas constituyó uno de los golpes militares más importantes contra el régimen huertista y abrió a las fuerzas revolucionarias el camino hacia el centro del país. Desde entonces, escenarios como el Cerro de La Bufa quedaron incorporados no sólo al paisaje de la capital, sino también a la memoria política y social de México.

A esa historia minera, arquitectónica y política se suma una identidad cultural construida durante generaciones. Zacatecas encuentra algunas de sus expresiones más visibles en la obra de Ramón López Velarde, una de las figuras fundamentales de la poesía mexicana; y en el legado artístico de Manuel Felguérez, Pedro Coronel y Rafael Coronel, cuyos nombres también están ligados a algunos de los principales espacios museísticos de la capital.

La cultura se manifiesta además en la vida cotidiana de una ciudad que ha hecho de sus calles y plazas escenarios permanentes. Festivales, museos, celebraciones religiosas, expresiones populares y actividades académicas conviven en un Centro Histórico que continúa siendo espacio de trabajo, estudio, comercio y encuentro para miles de personas.

Cada septiembre, las celebraciones por el aniversario de la ciudad coinciden además con una de las temporadas de mayor actividad social de la capital. La Feria Nacional de Zacatecas (Fenaza), las actividades conmemorativas y el regreso temporal de familias migrantes vuelven a colocar en primer plano una identidad que también se construye desde fuera de las fronteras estatales y nacionales.

Sin embargo, conmemorar 480 años implica algo más que contemplar la arquitectura o recordar los acontecimientos que dieron a Zacatecas un lugar en los libros de historia. El aniversario también ofrece una oportunidad para mirar las condiciones en las que esta ciudad histórica llega al presente y los desafíos que enfrenta para conservar su patrimonio sin convertirlo únicamente en escenario turístico.

La preservación de los inmuebles históricos, la recuperación de espacios públicos, la movilidad en una ciudad condicionada por su propia geografía, la actividad económica del Centro Histórico y la seguridad forman parte de una discusión contemporánea que acompaña inevitablemente cualquier reflexión sobre el futuro de la capital.

Porque una ciudad no llega a casi cinco siglos solamente por la permanencia de sus edificios. Lo hace, sobre todo, por las generaciones que han habitado sus barrios, recorrido sus callejones, trabajado en sus comercios, estudiado en sus escuelas y universidades y convertido sus plazas en espacios de convivencia.

A 480 años de aquel septiembre de 1546, Zacatecas conserva en la cantera, las minas, los templos y los cerros las señales de su pasado. Pero su historia continúa escribiéndose lejos de las vitrinas: en la estudiante que atraviesa apresurada el callejón de Quijano, en quien abre cada mañana un negocio en el Centro Histórico, en el trabajador, el comerciante, el artista y las familias que siguen haciendo suyas las calles.

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