Hay fechas que no solamente se recuerdan: nos obligan a mirar nuestra historia para entender quiénes somos y hacia dónde queremos caminar como nación.
Este 27 de septiembre, aniversario de la Consumación de la Independencia de México, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cerró, en el corazón político del país, una histórica gira de rendición de cuentas. Recorrió los 31 estados y culminó en la Ciudad de México, llevando su mensaje directamente a las plazas públicas y frente al pueblo.
No podía existir un mejor marco para recordarnos algo fundamental: México es una nación libre, independiente y soberana.
Mientras algunas voces de la oposición cuestionan las decisiones soberanas de nuestro país, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha colocado al pueblo en el centro de las decisiones, dejando claro un principio fundamental: la soberanía de México no se negocia.
Porque independencia no significa solamente recordar una lucha ocurrida hace más de dos siglos. Independencia significa que ninguna potencia extranjera, ningún interés económico y ninguna élite política puede decidir por encima de la voluntad de las mexicanas y los mexicanos.
Como recordó nuestra presidenta, la soberanía significa que es el pueblo quien determina el destino de México. Esa convicción viene desde Morelos, desde los Sentimientos de la Nación y desde las luchas que hicieron posible nuestra patria.
La historia de México también nos enseña que, cada vez que han intentado entregar nuestros recursos, nuestra dignidad o nuestra capacidad de decidir, siempre ha existido un pueblo dispuesto a defenderlos.
Así ocurrió con Hidalgo y Morelos; con Juárez frente a la intervención extranjera; con quienes hicieron posible la Revolución Mexicana y, en nuestra época, con millones de mexicanas y mexicanos que decidieron en 2018 iniciar una transformación profunda de la vida pública de nuestro país.
La Cuarta Transformación forma parte de esa larga historia de lucha por la justicia social y por la soberanía nacional.
Defender la patria también significa fortalecer nuestra soberanía energética, proteger el agua como un bien de la nación, defender nuestros recursos estratégicos, garantizar derechos sociales y construir relaciones con el mundo desde el respeto y la dignidad.
Desde Zacatecas lo tenemos muy claro.
Somos tierra de mujeres y hombres que conocemos el significado de defender nuestras raíces, nuestro territorio y nuestra dignidad. Por eso seguiremos recorriendo comunidades y municipios, dialogando y organizándonos, porque la defensa de la Transformación también se construye desde abajo, cerca de la gente y junto al pueblo.
Defendemos un México libre, soberano y con dignidad.
Defendemos nuestra historia y nuestra memoria.
Y frente a cualquier intento de injerencia, sostenemos una convicción que está por encima de cualquier interés personal: México pertenece a su pueblo.
Hoy, más que nunca, nuestra patria nos convoca a la unidad, a la organización y a seguir defendiendo lo conquistado.
Como zacatecana, como mexicana y como parte de este movimiento, lo digo con absoluta convicción: ¡ni un paso atrás en la Transformación ni en la defensa de México!
Porque la patria no se vende.
La patria no se entrega.
La patria se ama y se defiende.



