La presidenta Claudia Sheinbaum, en su Segundo Informe, se pronunció por un Paquete Fiscal 2027 responsable de finanzas públicas sólidas, que garantice la consolidación, que no comprometa la estabilidad macroeconómica y que impulse el desarrollo. Esa es la política fiscal neoliberal que viene instrumentándose desde hace décadas, sin lograr el desarrollo, ni la consolidación fiscal, ni la estabilidad macroeconómica, ni reducir la relación de endeudamiento.
Los gobiernos neoliberales se han subordinado a los dictados del FMI y de las calificadoras internacionales, que evalúan a los gobiernos en función del ajuste fiscal para reducir la deuda. Para ello, el gobierno recorta el gasto e inversión, trabaja con superávit primario (donde se gasta menos de lo que recauda, excluyendo el pago del servicio de la deuda) y tal política contrae demanda, la actividad económica, aumenta el desempleo y subempleo, desatiende la educación, la salud y muchos otros sectores.
Dicha política reduce la participación del gobierno en la economía y aumenta la participación de la cúpula empresarial en los sectores estratégicos, en la infraestructura, en la salud, en la educación y en los sectores donde el gobierno deja de invertir. Al gastar menos el gobierno, disminuye el ingreso nacional y termina recaudando menos, y sigue el déficit fiscal y creciendo la deuda. Al contraerse la producción nacional, se recurre a importaciones para satisfacer la demanda nacional, por lo que aumentan las presiones sobre el sector externo. Asimismo, el menor ingreso de empresas y familias les aumenta su deuda y los problemas de insolvencia, por lo que no hay estabilidad macroeconómica.
Se ha anunciado que no se incrementarán los impuestos, ni habrá nuevos, sino que se concentrarán en mayores fiscalizaciones para evitar la elusión y evasión tributaria para recaudar más, así como incorporar sectores informales al pago de impuestos. Esta política la han instrumentado en los últimos años y aplican altas multas a los que no pagan impuestos, y ello ha ocasionado que muchas empresas dejen de invertir para pagar impuestos y no ser sujetas a las altas multas instrumentadas por el SAT. La inversión privada viene cayendo desde 2024 y en el primer trimestre de 2026 disminuyó 4.5 por ciento en relación con el trimestre anterior. La inversión total cayó de 24.1 por ciento del PIB en el cuarto trimestre de 2024 a 21.2 por ciento al primer trimestre de 2026.
La política fiscal seguida de que se paguen impuestos a toda costa, en un contexto donde la economía no crece, termina contrayendo más el gasto e inversión del sector privado, lo que disminuye más la actividad económica y la recaudación tributaria, por lo que no logra el equilibrio fiscal buscado. Tampoco alcanza dicho objetivo contrayendo el gasto al nivel de sus ingresos, debido a que actúa en forma procíclica, es decir, se suma al no crecimiento del consumo e inversión privada, por lo que se restringe más la economía, como los ingresos tributarios, y sigue el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública.
En el contexto actual, donde la economía no está creciendo, si el gobierno mexicano sigue con sus recortes presupuestales para equilibrar las finanzas públicas, llevará a la economía a la recesión y más ante la incertidumbre generada por lo anunciado por Donald Trump de recortar las importaciones provenientes de los países con los cuales ellos tienen déficit de comercio exterior para evitar la caída de su economía. El país con el cual EUA tiene el mayor déficit es con México, por lo cual el gobierno mexicano, en vez de buscar la consolidación fiscal para reducir la deuda, debe incrementar el gasto e inversión pública para impulsar el mercado interno y la sustitución de importaciones y el empleo para reducir nuestra dependencia externa y dejar de ser sujetos a las decisiones e imposiciones del gobierno de EUA.
El gobierno no piensa en ello, sino al contrario; la presidenta del país el viernes 4 de septiembre dijo que México comprará más de EUA para que ellos reduzcan el déficit de comercio exterior que tienen con nuestro país. Ello va en contra de los propios objetivos del Plan México, que señala que impulsará la sustitución de importaciones para mejorar la producción nacional y el empleo.
El presupuesto fiscal responsable no es trabajar con equilibrio fiscal y reducción de la deuda que recomiendan los neoliberales, sino que su responsabilidad es impulsar el crecimiento económico y la generación de empleo. El gasto público se paga a sí mismo si se canaliza a favor de la producción nacional, lo que incrementa el ingreso de empresas e individuos y, en consecuencia, la recaudación tributaria, lo que reduce el déficit fiscal y la deuda, impulsoras del crecimiento económico. Ello debe ir acompañado de baja tasa de interés, la cual debe ser menor que el crecimiento del ingreso nacional para evitar presiones sobre las finanzas públicas y del sector privado. Solo gastando más a favor del impulso del sector productivo, se incrementa el ingreso nacional, la recaudación tributaria y se reduce la deuda.
El déficit fiscal es indispensable para que actúe en forma contracíclica y contrarreste la caída del consumo e inversión del sector privado y de las exportaciones que se avecinan. El gasto público deficitario no es inflacionario, ni genera devaluación al canalizarse al impulso de la capacidad productiva y la sustitución de importaciones. Además, el problema del país no es la inflación, sino la falta de crecimiento, de empleo formal y la mala distribución de la riqueza y de los ingresos. Hay que erradicar la falsa idea de que el déficit fiscal es malo, como dicen los neoliberales. Son los recortes presupuestales, para alcanzar el equilibrio fiscal, los causantes del estancamiento, el subempleo, el deterioro del sector productivo y la dependencia creciente de importaciones y de la entrada de capitales.



