El quinto informe de gobierno de David Monreal marca algo más que el balance de cinco años de administración: abre, de facto, la etapa política de la sucesión en Zacatecas. A partir de ahora, buena parte de la clase política comenzará a mirar hacia 2027, pero un gobierno responsable tiene una obligación elemental: no confundir el cierre del sexenio con el inicio de una campaña electoral.
El último año debe ser, precisamente, el periodo de mayor intensidad gubernamental. La prioridad tendría que ser concluir obras y dejar políticas públicas que modifiquen de manera tangible las condiciones de vida, no solamente inaugurar proyectos para alimentar balances políticos.
En ese sentido, la movilidad metropolitana representa uno de los principales desafíos. El Platabús debe trascender como una obra emblemática y convertirse en un verdadero sistema de transporte público accesible, eficiente, seguro y sustentable. El propio gobierno ha colocado su puesta en marcha entre los principales avances del quinto año. Pero el reto será garantizar que funcione, se amplíe y beneficie efectivamente a quienes diariamente se trasladan entre Zacatecas, Guadalupe, sus zonas metropolitanas y hasta donde sabemos podría llegar hasta Fresnillo.
El agua constituye el otro gran asunto de Estado. Milpillas era la obra de infraestructura más importante de esta administración, pero también en su mayor pendiente si no logra al menos iniciarla. El gobernador ha reiterado que el proyecto sigue adelante, aunque persisten obstáculos sociales, legales y territoriales. Un gobierno de izquierda debe privilegiar el diálogo, la sustentabilidad y el consenso social: si Milpillas no se concreta por la falta de acuerdo con un pequeño grupo de propietarios en los tiempos previstos, debe existir una alternativa hídrica seria, financiada y técnicamente sustentable.
A ello debe sumarse una agenda de obra pública con sentido social: distribuidores viales, rehabilitación de vialidades, caminos rurales, infraestructura educativa y sanitaria, espacios públicos y servicios básicos. No se trata de llenar Zacatecas de concreto, sino de invertir donde la obra pública reduzca desigualdades y mejore las condiciones materiales y de vida.
Y hay una última obligación: mantener la austeridad, la transparencia y la atención a los sectores históricamente olvidados. La sucesión llegará inevitablemente. Pero el mejor legado político de un gobierno de izquierda no será haber preparado a un candidato, sino haber entregado un estado con más movilidad, más agua, mejores servicios y mayor bienestar. Ese debería ser el verdadero banderazo de salida del último año



