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martes, 16 abril, 2024
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‘La extraña felicidad’ que hay entre lo político, lo filosófico y lo literario

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Por: ÓSCAR NOVELLA* •

La Gualdra 615 / Literatura / Presentaciones Editoriales

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A riesgo de incurrir en el prejuicio de llevarme por la forma y pasando por alto la fondo, quiero abrir este breve comentario abundando en un la foto que aparece en la portada del libro. En la hoja legal se describe: “En la foto de aparece Fortino Sámano, capitán carrancista mandado a fusilar en la ciudad de México por un delito menor un día de marzo de 1917. ‘Pocas horas me faltan, muchachos; hay que ir entero al paredón; que no se diga que los soldados constitucionalistas no saben morir como mueren los hombres’, fueron sus palabras según uno de los testimonios. En su semblante se aprecia una suerte de rara, arrogante y extraña felicidad”.

Por las largas horas en que he podido conversar con mi muy apreciado camarada Carvallo, al calor de una cerveza, un mezcal o un café, al leer La extraña felicidad y otros textos literarios [Ediciones del Lirio, 2024] me doy cuenta de que esa actitud altiva, retadora y valiente -en síntesis estoica- de Fortino Sámano, en los instantes previos a su fusilamiento encarnan, por un lado una especie de hilo conductor entre la gran diversidad de autores y géneros de los ensayos y poemas que contiene el libro; y por otro, el ideal de sujeto político que de manera persistente Carvallo asume y describe en sus participaciones en múltiples foros.

En una sola obra ejercer crítica literaria y al mismo tiempo crear obra, implica desarrollar una tarea por lo menos, extenuante. Treinta o más autores pasan por esos ojos vivarachos que parecen estar siempre asombrados, treinta o más mentalidades que van desde autores que escriben para los adultos con visión de un infante, hasta científicos de las disciplinas sociales, pasando por cuentistas desgarradores, filósofos tremendistas, narradores costumbristas y dramaturgos infaltables en el canon literario universal.

Hacer crítica literaria es, prácticamente, irrumpir con temeraria audacia en el ensayo y la antología; y agreguemos la creación que, es en sí un acto extenuante sobre todo porque esas creaciones son derivadas de la ávida costumbre de leer, según se deja ver, de manera casi compulsiva.

Y a pesar de ello, con modestia sincera establece en su prólogo: “modesta es para mí la función de la crítica literaria, con la cual, acorde a sus palabras ofrece al público lector el resultado de un número determinado de horas dedicadas a una pasión muy puntual por la literatura y el ensayo literario, acumuladas a lo largo de veinte años”.

Ismael Carvallo

Para cada autor vierte una opinión con base a la personalidad y características de su trabajo, aplicando, cuidadosamente, los adjetivos necesarios, para que el lector se sienta atraído a buscar el texto y se vea tentado a conocer más sobre cada uno de ellos. Para tal efecto se apoya en comparaciones, similitudes, analogías y, algunas veces, citando o parafraseando a otros autores, lo que nos indica que sus conceptos no son improvisados ni se dan al azar.

Con absoluta soltura, como si estuviéramos frente a él, nos cuenta cómo conoció, encontró o supo de algún autor y su obra, como diciendo así hazlo tú, por ejemplo, sobre John Cheever: “cuando la compré -la biografía-, supe de él. Fue en Mérida, a precio de remate: creo que de 50 pesos si no es que menos. Han de ser ahora tres años más o menos. Una ganga sorprendente”. Pero también, en ese cúmulo de textos leídos, se dan circunstancias que a todos nos puede pasar: “A Max Aub lo he leído siempre, por lo menos son ya casi quince años. Como suele pasarme no recuerdo ya muy bien cómo llegué a él […] Ahora recuerdo que fue quizás a través de Malraux como conocí a Aub”.

Me veo obligado a justificar esa situación, puesto que en la cotidianeidad se repite como parte de uno de los mecanismos de defensa del cerebro que guarda en algún nivel determinado, datos que podrían opacar lo esencial de una obra.

En algún momento de la obra de Carvallo, en su primera parte, “La brevedad de los días”, nos es necesario releer, con el fin de establecer una relación entre lo que estamos leyendo con lo que leímos antes o acabamos de leer y de esta manera comprender que su intención es, más que nada, convencernos de la relación que, aun cuando no la distingamos con claridad, existe entre los diversos, autores y propuestas.

Sucede algo similar en la segunda parte, “Creación”, donde reinan la melancolía, la tristeza, la evocación, la nostalgia, la soledad, las reminiscencias, la ambigüedad y los sentimientos que generan cada atardecer y las noches fantasmales. Esto porque debemos estar seguros que no es un solo y gran poema en prosa, que no es un viaje sin escalas, sino una ruta con muchas estaciones, muy parecidas, sí, pero diferentes entre sí. Cada una con el toque espacial en la decoración del autor y la obra que las inspiraron, donde los paisajes que van pasando ante nuestros ojos a través de esas ventanas que son esos enormes lentes que lleva puestos, son por decir lo menos, impresionantes.  Es un viaje alucinante, embriagador y, sobre todo, con un conductor que nos hace sentir que el “tour” fue diseñado especialmente para nosotros.

Así pues lo que Carvallo nos ofrece es una oportunidad para que dentro de ese complejo caos de autores, definiciones, géneros y análisis dispongamos de algunos  elementos que nos sirvan reconstruir nuestras cosmovisiones a partir de una serie coordenadas filosóficas orientadas al estoicismo.

 

 

* Texto leído en la presentación del libro La extraña felicidad y otros textos literarios, de Ismael Carvallo, en la cantina El Retiro, en la ciudad de Zacatecas, el 29 de marzo de 2024.

 

 

 

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