La vida en la bizarra capital de Zacatecas y sus dominios

La vida en la bizarra capital de Zacatecas y sus dominios
El problema del transporte en el Centro Histórico y áreas conurbadas, es uno de los menores, señala el colaborador ■ foto: andrés sánchez

En los pasados días hubo una nota en los periódicos, además de comentarios en las redes sociales sobre la inminente llegada a la capital zacatecana del servicio de transporte público que es conocido como Uber. Parece ser que a los que prestan este servicio les dio algo de escozor y mostraron su preocupación ante este tipo de competencia que en otros estados ha causado más ruido que las consabidas nueces.

Debo aclarar que no conozco el servicio de los presuntos invasores para opinar sobre su calidad o la justificación de sus tarifas de las que tampoco estoy enterado. Pero sí conozco el servicio de taxis local y sin ser la octava maravilla, en lo particular, puedo opinar que es bueno, a secas. Así, sin más. No es la gran cosa, pero tampoco es un servicio que cause nauseas, o que obligue a hacer el viaje “de aguilita”. Los conductores, sin ser unas eminentes figuras del chofereo, tampoco pueden ser catalogados como bestias incivilizadas. Nuevamente opino, que son buenos conductores de servicio público, a secas. Podrían mejorar algunas cosas de sus vehículos, como la limpieza aséptica y darles una pulidita a sus conductores en cuanto al uso de un comportamiento cortés y hospitalario, un lenguaje educado y el manejo de información sobre la ciudad y sus lugares sobresalientes para visitar, comer rico y echar antro. Y ya.

Es un poco más preocupante el servicio público colectivo urbano porque tiene en circulación algunas unidades deterioradas, con algunos conductores un tanto hoscos (no me consta que sean groseros) y lo más preocupante es que algunas unidades son una fuente ambulante de envenenamiento por humo. Es evidente que aquí no existe el compromiso de verificación, pero también se nota la ausencia de conciencia para hacerlo por parte de los concesionarios y de las autoridades correspondientes en materia ambiental de los tres niveles de gobierno. No entraré en detalle, pero si estamos hablando de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad, alguien, más de uno, la anda regando. De ambos bandos. Y podríamos decir que hasta de los usuarios, porque alguna presión podrían hacer, aunque sea mucho pedir.

Mas, insisto. El problema del transporte en el Centro Histórico y áreas conurbadas, es uno de los menores.

Cuando se habla de la proyección de la ciudad hacia el futuro, como un centro digno de vivienda y de convivencia, además del crecimiento periférico y conurbado, lo primero que me viene al pensamiento es el asunto que tiene que ver con el abasto de agua, puesto que cada vez es más notorio y necesario el uso de pipas para cubrir los diferentes puntos de la ciudad. Y el problema no es únicamente hacia el uso doméstico, sino el comercial.

Lo anterior nos conduce hacia los nuevos yacimientos paralelos que crecen indiscriminadamente en la capital, en los puntos de atracción y los pueblos mágicos: el turismo, tanto nacional como internacional además de lo que pomposamente se denomina como “atracción” de capitales para la explotación industrial. Los otros fenómenos, como festivales culturales, las ferias regionales y nacionales, dan más la impresión de estar creando un monstruo de mil cabezas que será incontrolable cuando crezca lo suficiente y no se tengan elementos de control para que su crecimiento abone en una casa armónica, floreciente y sustentable. Creo sinceramente que no se está siendo previsor por parte de quien debiera estar atento para evitar que el monstruo se nos escape y aplaste el pesebre que lo alimentó.

Vuelvo al análisis de lo que tenemos, de lo que queremos y de la forma en que lo haremos. La primera pregunta que me viene a la cabeza es saber si se está preparado para un crecimiento desmedido o habría que poner ciertos límites. Ahora  bien, si ya se cuenta con ese tipo de preparación, pues qué bueno, aunque en los hechos no lo parezca, puesto que siempre es el gobierno quien decide en última instancia lo que se puede y no se puede hacer, obviamente con la venia de las buenas conciencias “oficiales” del estado que siempre han visto más por sus intereses que por los de las minorías y las diferentes manifestaciones de los estratos vulnerables de la población. Además de que, históricamente, las decisiones no han sido siempre las más afortunadas.

Pero es hora de pensar como si pensáramos. De hacer de lado un mucho los egoísmos y aportar las mejores propuestas pensando en nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y de las generaciones futuras. Pensar que si damos lo mejor de nosotros mismos algo bueno debe ocurrir como consecuencia. Y espero que quede claro lo del verbo dar, no de la mezquina espera de recibir. Ese pensamiento y filosofía ha llevado al mundo a una espiral descendente sin fondo. La sociedad organizada, los librepensadores, la inteligencia pura del altiplano zacatecano debe manifestarse para aportar con atingencia y sabiduría cuál es su visión de futuro para este maravilloso enclave. Apartidistamente, pero con mucha visión política. Y que si las instancias de gobierno quieren participar lo hagan desde el compromiso que tienen para administrar los beneficios que corresponden a la sociedad.

En fin, la espada se ha lanzado en prenda. ■

 

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