La Gualdra 718 / Ramón López Velarde
Por Carlos Ulises Mata
En la entrega anterior a ésta, formulé una serie de preguntas que se desprenden de la noticia divulgada sobre la presencia de López Velarde en la nómina municipal de Venado en una fecha —febrero de 1912— en que, hasta ahora, suponíamos que ya había dejado de trabajar ahí.
Sumado a esas preguntas, y con esto concluyo, la página exhumada del Diario Oficial de San Luis Potosí del 9 de agosto de 1912 da pie también a otro género de observaciones, no por arbitrarias menos ancladas en la vida y la obra de López Velarde.
Por un lado, resulta sorprendente observar que el balance de la Tesorería del Venado lo firman tres personas —Regino Hernández, Asunción Jaime y Simón Puente—, dos de las cuales, además de funcionarios en ese municipio potosino, con el paso de los años y gracias a su obra literaria se convirtieron en “personajes” de López Velarde.
Siguiendo el orden en que sus nombres aparecen, conviene recordar que Asunción Jaime (Ramón escribe “Jayme”) es el dueño de la tienda situada en la calle principal de Venado en donde el joven poeta recibió un doble deslumbramiento que lo marcó de por vida. Primero, el de las estrellas que con un mal telescopio atisbó, acompañado del cura y del jefe político del lugar, las repetidas noches en que instalaron el aparatejo justo frente a la tienda de don Chon. Y el más perdurable, la fulgurante visión de la joven que atendía el negocio, su hija María Jayme, de quien Ramón se declaró “adicto” y luego describió en una frase perturbadora: “poseía una cabellera tenebrosa, como para ahorcarse en ella”.

Por su parte, Simón Puente, Administrador del Timbre de Venado durante su estancia, además de responsable de cobrar los impuestos municipales era el jefe notorio de la fracción feudal del lugar, ultramontana en religión y porfirista en política, incluso por delante del cura, a quien Ramón describe como “tolerante y socarrón” y dado a tratar sin resquemores ni reprimendas al joven abogado, pese a su hábito cotidiano de “empinar el codo a la una de la tarde, en La Favorita”, y de rendirse puntual “a las nueve de la noche, a la cantina y a los billares de don Miguel Mendoza, masonete impulsivo y boquiflojo”. (1)
Y al fin, por otro lado, el documento de 1912 permite una observación tan objetiva como empañada de sentimentalismo.
Al lado de la entrada que consigna el pago hecho “al Lic. R. López Velarde” por 9.58 pesos, el registro de gastos de la Tesorería del Venado indica los salarios que ese mismo mes de febrero de 1912 recibieron el secretario del Ayuntamiento ($25.19), el juez del Registro Civil ($13.72), el repartidor de agua ($10), “Francisco Sarabia Jr., como escribiente” ($10), entre otros ubicados en ese rango.
Siguiendo ese orden descendente, sólo son inferiores al sueldo de Ramón los salarios “del carretonero para la limpieza” ($9), el jardinero ($8.70) y el guarda panteón ($5.60), así como los “gastos en forraje para una bestia” ($8). Sin que falte una dolorida sonrisa, esas cifras nos hacen concluir que la “salomónica justicia de primera instancia” ejercida por López Velarde en Venado le valió menos que la salomónica pericia verbal ejercida en su obra, la cual, por mucho que nos empeñemos, nuestra literatura no acabará de pagarle nunca.
Ver Parte 1 en:
https://ljz.mx/06/05/2026/tres-papeles-sobre-ramon-lopez-velarde/
Ver Parte 2 en:
https://ljz.mx/14/05/2026/tres-papeles-sobre-ramon-lopez-velarde-parte-2-de-4/
Ver Parte 3 en:
https://ljz.mx/22/05/2026/tres-papeles-sobre-ramon-lopez-velarde-parte-3-de-4/
(1) Los entrecomillados en este párrafo y el anterior proceden del artículo “La provincia mental”, citado arriba. No sobra decir que, con datos de ese mismo escrito, Noyola Vázquez recreó en uno suyo la estancia de López Velarde en Venado, añadiendo datos y conjeturas propias. Ver “En aquel lugarejo…Un posible amor de López Velarde” (Fuentes de Fuensanta, 1988, 128-134).



