La Gualdra 716 / Ramón López Velarde
Por Carlos Ulises Mata
Ramón López Velarde, comisario
Hasta ahora no mencionado, el joven Ramón López Velarde tuvo un primer empleo en el partido judicial de San Luis Potosí, tres años antes de concluir sus estudios y dos antes de desempeñarse como titular del Juzgado de Primera Instancia de la localidad de El Venado.
La información sobre ese antecedente ignorado en la trayectoria laboral del poeta tiene confirmación en una breve noticia inserta en la edición del jueves 18 de febrero de 1909 de El Contemporáneo. Diario de la tarde, mismo periódico que utilicé como fuente para el comentario anterior. La nota dice en su integridad lo siguiente (2ª columna de la página 2):
“RENUNCIA
El joven estudiante de leyes, Ramón López Velarde, ha presentado su renuncia del empleo que como comisario desempeñaba en el juzgado primero menor; aceptada su renuncia, le substituyó el señor Gerardo Niño Arreola”.
Sin aportar información sobre la fecha en que el joven comenzó a desempeñar el empleo, sobre las funciones asociadas al cargo de “comisario”, y tampoco sobre los motivos de su renuncia, la nota tiene gran interés y alguna de esas sombras se esclarecen gracias a otra nota de circunstancia publicada en el mismo Diario de la tarde exactamente tres meses después.
Bajo el título de “Accidente”, en la página 2 de la edición del 1 de mayo de 1909, se informa de la consignación ante el juez menor del operario Apolonio González, quien “se encontraba trabajando en el edificio que el Sr. D. José Encarnación Ipiña está construyendo en la calle 3ª de Maltos, y el cual operario se le vino un ladrillo de la altura, lesionándolo en la cabeza”.
Además del apunte que de pasada obtenemos sobre la construcción del célebre “Edificio Ipiña” y sobre la peregrina costumbre de consignar ante el juez a un hombre con la cabeza sangrante para indagar si había un delito que perseguir (como se anota líneas adelante), la nota aporta un dato útil a nuestros fines: Manuel Aguirre Berlanga, gran amigo de Ramón, era el jovencísimo titular del juzgado primero menor, lo cual da pie a conjeturar que en algún momento dio al jerezano el empleo de comisario, dependiente de su autoridad, y eso cuando el poeta apenas cursaba el tercer año de Derecho.
Hecha esa conjetura que algún día se confirmará o desechará, cedo a la tentación de registrar aquí una parte del variopinto elenco de noticias que aquella tarde de jueves convivieron en El Contemporáneo con el aviso de la renuncia de López Velarde a su empleo de comisario:
“Telegramas recibidos ayer […] anuncian que ha habido temblores en varios puntos: en las cercanías del Volcán de Colima; en el Valle de Bravo; en Uruapam; en la Unión, Guerrero”.
“Montecristo, Tabasco […] En el vapor ‘Clara Ramos’ llegó a ésta el Sr. Ministro de Instrucción Pública, Lic. Justo Sierra”. (1)
“Acapulco […] Ocho fueron las carretas empleadas para trasladar los cadáveres al cementerio y trabajaron toda la noche del siniestro y la mañana siguiente”.
“Según sabemos, encuéntrase en ésta el renombrado conferencista y periodista español José Segarra”. (2)
“Hoy por la mañana […] arribó a ésta la eminente artista Tina di Lorenzo […] Varios entusiastas del arte fueron a recibirla a la estación”. (3)
“De Cerritos remitieron a Jacinto Reyna, mordido por un perro rabioso”.
Esas y otras noticias provincianas aparecen en el periódico al lado de atractivos anuncios:
“El diabetes es radicalmente curado por el vino uraniado Pesqui”.
“Senos hermoseados y fortificados por las Pilules Orientales”.
“Las almorranas se curan en 6 a 14 días con el Ungüento de Pazo, ya sean simples, sangrientas, con picazón o externas, por rebeldes que sean”.
“Muebles austriacos, americanos, japoneses y del país”.
“Antonia Trujillo de Porras. Doy clases de piano, violín, mandolina, guitarra, etc., a domicilio, precios convencionales”.
Dirigido en su origen por Paulo Colunga —amigo íntimo de Manuel José Othón, cuyo monumento fúnebre pagó de su bolsa—, El Contemporáneo era dirigido en 1909 por Bartolo Guardiola, quien mantenía la línea de adhesión porfiriana que caracterizó su trayectoria.
Sin que ese rasgo conservador fuera un obstáculo (acaso al contrario), la literatura ocupó siempre en el periódico un sitio prominente. En el ejemplar que se revisa, una plana entera —de las cuatro que lo formaban— aparece repleta de “poesías” de Federico Balart, Julio Florez, Manuel Carpio, Luis Rosado Vega y otros. Curiosamente, hasta donde sabemos, Ramón no colaboró en el diario que ahora nos entrega noticias suyas.
[Continuará]
(1) López Velarde tuvo por Justo Sierra un acusado desprecio fundado en su múltiple condición de poeta, miembro del régimen porfirista y campeón del positivismo educativo. En una decena de menciones que no puedo citar aquí, lo llama “profesor que pellizca la lira con sus manos entumecidas en las pigricias universitarias” y “el pantagruélico Ministro”; en otras lo tilda de “tirano”, “serrano” (por el apellido) y “hostil” y en alguna más se burla de “la musa babosa de las ‘Playeras’”, título del poema más conocido de Sierra.
(2) Los periodistas José Segarra y Joaquín Juliá recorrían entonces el país, recabando información para su libro La ruta de Hernán Cortés, que seguramente López Velarde leyó, considerando la gran difusión que tuvo y la defensa del credo hispanista que ellos hacían y él profesaba.
(3) La llegada a la capital potosina de la actriz italiana tiene una resonancia directa con la carta que López Velarde dirigió a Eduardo J. Correa el 9 de febrero de 1909 en la que, entre otros asuntos, le dice: “venga a San Luis a ver a Tina di Lorenzo y a proporcionarme el placer de verlo por acá” (Obras, 827-828). La corta distancia entre esa carta y la llegada de Tina indica la anticipación con que Ramón se preparó para esa visita y nos obliga a sospechar que él mismo estuvo entre los “entusiastas del arte” que la recibieron en la estación del tren.
Ver Parte 1 en: https://ljz.mx/06/05/2026/tres-papeles-sobre-ramon-lopez-velarde/



