La Gualdra 715 / Ramón López Velarde
[Parte 1 de 4]
Por Carlos Ulises Mata
A cuentagotas, como no podía ser de otro modo, surgen aquí y allá documentos que echan luz sobre aspectos diversos del paso por el mundo de Ramón López Velarde.
Por sencillos e incluso irrelevantes que sean y por aleatoria que sea su condición, esos papeles mínimos emocionan a quien los encuentra y los lee, y reafirman la existencia de incontables zonas de sombra que persisten en el conocimiento de la vida y la obra del poeta. Hace meses, el azar me llevó a localizar en la Hemeroteca Nacional tres documentos de interés velardeano, que comentaré en cuatro entregas semanales de este suplemento.
Campeón del estudio
El joven estudiante del primer año de Jurisprudencia en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, Ramón López Velarde, de veinte años cumplidos, fue premiado públicamente por las excelentes notas obtenidas en los exámenes correspondientes a ese ciclo escolar.
La noticia que da cuenta de ese reconocimiento y aquí se da a conocer fue publicada en El Contemporáneo. Diario de la tarde, de San Luis Potosí, en su edición del sábado 21 de noviembre de 1908 (planas 1ª y 3ª). El documento aporta un testimonio no conocido sobre la importancia que el joven López Velarde daba a sus estudios profesionales, por propia convicción, por la promesa de realización económica que le ofrecían, y hasta por el propósito de emulación paterna que lo movía al hacerlos.
Bajo el título de “Vencedores y vencidos”, la noticia, firmada por Luis Maldonado, presentó a la sociedad potosina los nombres de quienes ese año fueron considerados “vencedores en los torneos de la inteligencia”. La nota señala por separado a quienes cursaban sus estudios en la escuela preparatoria (“Niño, Izaguirre, Barragán y otros no menos distinguidos”), a quienes destacaron en Medicina y ciencias exactas (“la apreciable señorita María Castro y Víctor Pino”; “M. Perogordo y Martínez”, respectivamente) y a los “campeones del estudio” en la carrera de Jurisprudencia: “La severa Themis depondrá su flamígera espada para colocar un laurel sobre la frente de sus hijos predilectos: López Velarde, Luis Noyola, Álvaro Álvarez y otros”.
A renglón seguido, el periodista informa de la próxima celebración del acto en que los estudiantes mencionados recibirán “de la mano augusta de nuestro primer magistrado el galardón que marca para ellos la ruta sacrosanta del ideal”. Detrás de esa rebuscada alusión, hay que identificar al Ing. José María Espinosa y Cuevas, varias veces gobernador del estado entre 1905 y 1911, a quien en sendas cartas y siete escritos posteriores (todos de 1912) López Velarde dedicaría menciones, si no elogiosas, sí de respeto y reconocimiento por su riguroso desempeño hacendario, por la seriedad que a su juicio lo distingue frente al odiado Rafael Cepeda, y por patrocinar en junio de 1908 un homenaje por el quincuagésimo aniversario natal del poeta Manuel José Othón, muerto dos años atrás.
Y aunque la nota que reseño no se había divulgado, el hecho que le dio ocasión —los exámenes del primer año de la carrera de Ramón— tiene una doble mención previa en la documentación conocida sobre el poeta.
La primera consta en la carta que López Velarde dirige a Eduardo J. Correa el 21 de octubre de 1908, en cuya línea final, a manera de despedida, el jerezano escribe: “Contésteme luego. El día 29 me examino”, siendo el excelente resultado obtenido en esas pruebas el que motivó el reconocimiento anunciado en El Contemporáneo exactamente un mes después.
Aparte de ese dato puntual, esa carta de octubre (Obras, pp. 821-822) es muy valiosa por una razón principal: como mágicamente, en ella se ve realizada la maduración intelectual y de criterio que detonó en el joven su llegada a San Luis Potosí, en enero de ese año. Alfonso García Morales fue el primero en señalar ese cambio en su “Biografía de Ramón López Velarde”, donde dice: “El ambiente de la escuela de leyes —puede pensarse que incluso la muerte del padre— contribuyeron a liberalizarlo literaria y políticamente” (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
La segunda mención previa a este asunto consta en el “Apéndice” a Fuentes de Fuensanta (1988), de Luis Noyola Vázquez, quien en ese apartado de su libro, al lado de fotos familiares y otros documentos, reproduce las boletas anuales de acreditación y calificación de Ramón durante su paso por el Instituto Científico y Literario de San Luis. La primera de esas boletas —expedida precisamente el jueves 29 de octubre de 1908— corresponde a los exámenes mencionados en la carta y fue la que, al fin, justificó el reconocimiento anunciado por El Contemporáneo, aunque Noyola no relaciona tales documentos por la explicable razón de que la carta la divulgó Guillermo Sheridan hasta 1991 y la nota se exhuma ahora.
Por otro lado, la boleta del primer año y el resto de las divulgadas por Noyola Vázquez admiten otros comentarios que no se han hecho.
Uno de gran interés es la información que de ellas se obtiene sobre el espléndido desempeño académico de Ramón en los cinco años de la carrera de Jurisprudencia. La Ley de Instrucción Secundaria del estado señalaba la exigencia de aprobar 20 cursos, varios de ellos seriados, en cuyos exámenes Ramón obtuvo 42 calificaciones de “Perfectamente bien” y 15 de “Muy bien”, siendo los años 1º, 4º y 5º los de desempeño perfecto, y los menos brillantes el 2º (examinado en diciembre del mismo 1908, semanas después de la muerte del padre) y el 3º.
Otra observación oportuna remite al prestigio de los jurisconsultos que a través de los años examinaron al joven López Velarde y atestiguaron su talento. Constan ahí los nombres de los licenciados Juan N. Ruelas, magistrado y periodista, cofundador de El Estandarte y amigo de Othón; Arnulfo Pedroza, presidente del Supremo Tribunal de Justicia y gobernador interino de San Luis, quien con ese doble carácter firmó en octubre de 1911 el título profesional de Ramón; Mariano Paláu, diputado y presidente del congreso estatal; Francisco A. Noyola, maestro eminente, ocho veces gobernador del estado, y abuelo de Luis Noyola Vázquez; así como Antonio M. Álvarez, Manuel J. Vildósola y Lamberto Vázquez, potosinos de pro.
Finalmente, registro dos apuntes que se desprenden de la nota en El Contemporáneo que aquí comento.
Uno. Con toda seguridad y para aumento de su tristeza, el poeta no asistió a la ceremonia de entrega de premios, a causa del luto que guardaba por la muerte de su padre, ocurrida en Aguascalientes el 8 de noviembre, acontecimiento que lo llevó a pasar más de un mes en esa ciudad, como lo indica una nota de El Debate citada por Guillermo Sheridan: “Anoche (la nota es del 12 de diciembre) salió para San Luis, a proseguir sus estudios profesionales, un estimado amigo y compañero de labores para quien el porvenir debe tener reservados muchos lauros: Ramón López Velarde” (Correspondencia con E.J. Correa, 1991, p. 86, n. 1).
Y dos. En la primera plana del ejemplar donde se lee la nota de los premios, se anuncia la constitución del Centro Artístico de San Luis Potosí, integrado, entre otros “miembros honorables”, por Humberto Pedretti, Jacobo C. Dávalos, Carlos de Olavarría y Jorge Adalberto Vázquez, cuya actividad de estreno sería “una demostración en honor del ilustre poeta extinto”, al cual, en un contexto potosino y en tales fechas, no era necesario nombrar: Manuel José Othón, cuyo segundo aniversario luctuoso se cumplía una semana después del anuncio. Tampoco a esa ceremonia pudo asistir Ramón, a quien su luto privó también de escribir ese año su homenaje al poeta amado, como sí lo hizo en 1907, 1909, 1912 y 1913.
[Continuará]



