En varias ocasiones, ante la pregunta expresa por parte de algunos reporteros que asisten a las conferencias matutinas de la Presidenta de la República, sobre si atenderá a la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN) de la CNTE, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo ha respondido, esgrimiendo cualquier pretexto, que no lo hará, que no se reunirá con las “cúpulas”, que en lo sucesivo tendrá comunicación directa con las y los trabajadores de la educación, lo cual es prácticamente imposible, pues podrá hablarle al magisterio, pero no puede hablar con el magisterio si no es a través de sus representantes legítimos, ¿Cómo tener interlocución con más de dos millones de trabajadores?
Fuera de la retórica y la demagogia, pareciera que a un gobierno que tomó como estandarte la premisa “Primero los pobres” le cuesta reunirse con representantes de las y los trabajadores o de distintos sectores sociales menos favorecidos. Así como no se ha querido atender a la CNTE, tampoco se ha atendido a las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, ni a las Madres Buscadoras de desaparecidos, tampoco a los campesinos ni a los transportistas.
Paradójicamente este gobierno que dice tener opción por los pobres, tiene aporofobia. Sin ningún problema la Presidenta puede recibir en Palacio Nacional a connotados empresarios como Larry Fink, presidente de BlackRock, empresa que controla cerca del 10 por ciento de la economía mundial; a personajes de la farándula internacionales y nacionales; a los siempre bien portados y bien vestidos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE y representantes seccionales afines a Alfonso Cepeda Salas; bueno, ¡puede recibir hasta a un pato! Pero no recibe a los plebeyos de la CNTE ni representantes (igual de plebeyos) de otras organizaciones populares.
Los problemas que aquejan a amplios segmentos de la población no se resuelven con posturas negacionistas o dejando de dialogar con quienes los padecen. Tampoco los programas sociales son la panacea, aunque hay que reconocer, en honor a la verdad, que sí benefician a un buen porcentaje de los habitantes de este país. Aun así, un gobierno que se precie de ser popular, está obligado a buscar alternativas de solución a problemas tan delicados como el de la jubilación de las y los trabajadores al servicio del Estado. No se les puede dejar en la vulnerabilidad, en condiciones paupérrimas bajo el argumento de que no hay presupuesto para modificar el régimen actual. Cuando se tiene voluntad e interés para dar resultados positivos, siempre hay alternativas, ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo resolver una problemática de esa magnitud? El sentido común indica que, en principio, se debe de dialogar y construir acuerdos con los implicados, con quienes padecen esa afectación, pero evidentemente es imposible platicar con todos, ¡son millones de personas! Así que necesariamente se tiene que discutir con quienes tienen la representación legítima y, en varios casos, también legal.
No hay la pretensión de hacer una comparación entre una administración y otra, pero el expresidente Andrés Manuel López Obrador pudo conjurar muchas huelgas y conflictos sociales a partir del frecuente diálogo con las distintas organizaciones sociales. Solo con la CNUN se reunió en más de 20 ocasiones. Eso le permitió conocer a profundidad las principales problemáticas que afectan al sector educativo y buscarles algunas soluciones, aunque dichas soluciones, por las dificultades existentes en ese momento, no hayan sido más que paliativos que resuelven en poco la precarización de la jubilación de los trabajadores.
No hay transformación social si no se va a la raíz de los problemas. Y no se puede ir al fondo de las causas que afectan a los distintos sectores sociales si no se dialoga con ellos. Así que bien haría la Mandataria en hacer a un lado su aporofobia y recibir a las diversas representaciones sociales y sindicales si verdaderamente se quiere avanzar hacia una mayor justicia social. Desde luego, esos grupos pueden ser un tanto críticos y no irán a Palacio Nacional a rendirle pleitesía a nadie, sino a plantear los problemas con la crudeza que se padecen.
Dialogar con los diferentes, con los que buscan respuestas concretas de un gobierno que está obligado a dar resultados, no afecta en lo más mínimo la investidura presidencial, al contrario le reviste de legitimidad y genera percepción de cercanía con el Pueblo, cercanía que no se logra con poses para las fotos o mediáticas.
Si la titular del Ejecutivo siente una genuina preocupación por la educación y por las condiciones laborales de las y los docentes (son condiciones indisociables: el mejoramiento de la educación implica el mejoramiento de las condiciones materiales y sociales de los trabajadores de la educación) y evitar las movilizaciones magisteriales que tanto le molestan, sí debería considerar mantener una comunicación frecuente con la CNTE.
*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE



