Ha cobrado fuerza en la agenda pública el debate respecto al impacto que el uso de las pantallas tiene en nuestra mente. Me refiero al uso de dispositivos con conexión a internet y sus aplicaciones más comunes, como las redes sociales y, recientemente, las relativas a la inteligencia artificial.
Hay un particular interés y énfasis en las consecuencias para el desarrollo mental de los menores. Distintos gobiernos, destacando el francés encabezado por Emmanuel Macron, han comenzado a tomar medidas al respecto, particularmente prohibiendo los teléfonos en las aulas y limitando el acceso a redes sociales. En Francia se impulsa una ley que prohibiría a los menores de 15 años el uso de estas últimas, por ejemplo.
Lo anterior parte de diversos estudios y recomendaciones de expertos que señalan consecuencias en la salud mental, la atención, el aprendizaje y el sueño por el uso indiscriminado de tales dispositivos y sus agregados. En México, la inquietud va haciendo eco en diferentes foros.
La preocupación tiene sustento. Hace tiempo se viene señalando el cambio en los patrones en salud mental y aprendizaje de las generaciones que han sido acompañadas por esta versión de la tecnología en su etapa de formación, desde los primeros años en la infancia hasta la definitoria etapa de la adolescencia.
Temas como la depresión, el estrés, la ansiedad, los problemas en la atención, las adicciones al consumo de contenidos en internet y otros en la misma órbita han sido tratados por pedagogos, psicólogos, psiquiatras y terapeutas como cada vez más comunes en la generación que se conoce como Z, nacida luego de 1996.
Entre los autores que han venido tratando el tema se encuentra Jonathan Haidt, primero en La transformación de la mente moderna, que escribió junto con Greg Lukianoff, y luego en La generación ansiosa.
De ambos he compartido algunas ideas en estas mismas páginas. Considerando el período vacacional de verano, quiero aprovechar para recomendar este segundo, que es más actual y dirigido a un público más amplio que el primero.
El recorrido que el docente de la Universidad de Nueva York hace al respecto de los cambios que se han identificado en los hábitos mentales de la generación Z permite encontrar hipótesis de sumo interés para la toma de decisiones respecto a la formación de las generaciones que pronto habrán de irrumpir en la vida profesional y ser determinantes en el futuro.
Para él (lo dice desde la introducción a su libro) las causas son: la sobreprotección en el mundo real y la infraprotección en el virtual de infantes y adolescentes. En consecuencia, propone, a grandes rasgos: nada de teléfonos inteligentes antes de los 14-15 años (nivel bachillerato); prohibir las redes sociales antes de los 16 años; aulas sin teléfonos celulares; y dar independencia a los niños para que jueguen con mayor libertad.
Aunque el libro merece particular atención para responsables de la educación de menores de edad, no tiene desperdicio para todo aquel que tenga interés en la evolución de nuestra sociedad, el futuro de la forma de relacionarnos, de hacer política y también en la problemática que, desde lo individual, cada día más, tenemos que enfrentar en materia de salud mental.
Le dejo, pues, amable lectora, lector, esta primera recomendación que puede resultarle útil si es madre, padre, tutor, docente, funcionario público, analista de políticas, o sencillamente como integrante de una sociedad cuyo futuro dependerá de las mentes que estamos formando.
@CarlosETorres_



