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jueves, 18 agosto, 2022
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Los derechos humanos como agenda progresista

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Por: La Jornada Zacatecas •

No toda tradición es coherente con los derechos humanos, hay incluso usos y costumbres que violan directamente el valor absoluto de la persona. La tradición de casar a las jovencitas en las ciertas comunidades de Guerrero equivale a venta de infantes: adultos o jóvenes desconocidos llegan a la casa de una chica que observa como sus padres negocian ‘el precio para el casamiento’ del que ella no participa en su consentimiento. Actos que son vistos con resignación por los miembros de la comunidad porque ‘son la costumbre’. Las costumbres pueden ser formas de poder ancestrales que se reproducen por inercia. Así las cosas, con los roles. Funciones y comportamientos sociales predefinidos que los actuamos conforme nos toca hacerlo. Lo cual nos cuestiona la relación entre cultura y derechos humanos. El derecho a la pertenencia a cierta identidad cultural queda limitado con los derechos universales de las personas a la libertad y la autonomía de sus personas. Peliagudos temas que ponen la llaga en formas de discriminación de mujeres, niños, extranjeros, personas con discapacidad, diversidad sexual u origen rural de las personas. Grupos sociales que son discriminados u oprimidos por motivos culturales.

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En los casos antes mencionados debe haber políticas de Estado a favor de los derechos humanos. el problema es que los sujetos que promueven y aprueban las iniciativas de protección son personas que viven la misma cultura que tiene discrimina u oprime. ¿Se puede salir de la cultura propia, y además, hacerlo con legitimidad? Ambas cosas son muy difíciles. Por eso, las votaciones en los congresos legislativos a favor de los derechos humanos de este tipo, siguen siendo divididas y con un amplio sector de la población en contra. Todos los opositores aduciendo razones morales o a favor de la tradición.

Así las cosas, antes de las victorias legislativas o políticas, deberá ocurrir una victoria en el terreno cultural. Y para que esto último ocurra es vital el activismo de las organizaciones de la sociedad civil en la gestión del cambio de valores, creencias y prejuicios raciales, homófobos, chauvinistas o contra discapacidades o formas rurales de vida.

En esta época volvemos a vivir el llamado ‘ídolo de la tribu e ídolo de la cueva’. Cuando los valores universales entran en crisis o se debilitan, entran en su lugar los propios de la tribu, aunque sean de negra memoria. Las revueltas conservadoras vienen de las crisis del progresismo. El reto es que los móviles de las conductas que atentan contra el valor absoluto de las personas se diluyan en los derechos humanos convertidos en costumbre. Y para que eso ocurra se debe lograr que el Estado reconozca los derechos de todos los grupos o poblaciones vulnerables por encima de creencias particulares. El logro de ayer: la aprobación de los matrimonios igualitarios, es un pequeño paso que es gigante.

 

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