Washington y Nueva York. La cúpula conservadora del Partido Demócrata estaba en pánico después de que dos socialistas democráticos y un progresista musulmán ganaron elecciones primarias en Michigan la semana pasada. Este martes también se impusieron un candidato progresista a la Cámara baja y otra aspirante de la misma corriente para el Senado, quien promete “despedazar” al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Las elecciones primarias (donde se vota por candidatos dentro de cada partido para competir en los comicios legislativos y en algunas para gobernador en noviembre) ofrecieron una buena noticia para la cúpula cuando la candidata socialista democrática Francesca Hong apenas perdió ante otro aspirante apoyado por el ala centrista dominante en el partido.
“El establishment demócrata respiró de alivio después de la derrota de Hong”, tituló The Washington Post.
No obstante, los triunfos de progresistas en elecciones primarias en varias regiones de Estados Unidos se dan después de que socialistas democráticos fueron electos alcaldes de Nueva York y Seattle, y otra que pronto ganará como jefa del gobierno de Washington DC.
“Alrededor del país este verano, socialistas democráticos desfavorecidos y sus aliados han anotado una serie de victorias contra demócratas tradicionales con mensajes superiores y tácticas de organización que han aterrorizado al establishment del partido”, reportó The New York Times.
Los mayores perdedores son los líderes legislativos en ambas Cámaras del Congreso y sus patrocinadores –incluidas organizaciones políticas centristas y el lobby israelí– que han invertido decenas de millones de dólares para intentar derrotar a candidatos socialistas democráticos o progresistas de su propio partido, quienes llaman por la abolición del ICE, un sistema de salud universal, imponer impuestos sobre los más ricos y para suspender toda asistencia militar a Tel Aviv.
Regresan a las campañas de puerta en puerta
Esta cúpula parece estar sorprendida sobre cómo estos progresistas gastan menos fondos en publicidad y, en su lugar, dependen de la antigua táctica de organizar a miles de voluntarios que van de puerta en puerta para movilizar el voto.
La cúpula demócrata argumenta que seleccionar a candidatos “radicales” o “socialistas democráticos” en estas elecciones dentro del partido para competir contra republicanos bien financiados que emplearán la nueva retórica macartista en los comicios legislativos en noviembre pondrá en riesgo el objetivo de lograr una mayoría en ambas Cámaras.
Por ahora, las proyecciones son que los demócratas conquistarán la mayoría de la Cámara baja, pero está menos claro quién controlará el Senado (ambos órganos están ahora bajo control de mayorías republicanas).
Millonaria inversión contra compañeros de partido
La alarma de la cúpula demócrata es tal que algunos perciben que la izquierda dentro de su parido es un enemigo mayor que los republicanos. La agrupación centrista de ese partido Third Way ha anunciado que invertirá 15 millones de dólares antes de noviembre para derrotar a candidatos socialistas en sus primarias.
“Es profundamente perturbador ver candidatos radicales de extrema izquierda ganar en lugares que son estados potencialmente claves en las presidenciales”, comentó el dirigente de esa agrupación a The New York Times.
Este argumento de que para ganar elecciones en estados centristas o conservadores los candidatos demócratas tienen que adoptar posturas moderadas para atraer a votantes independientes de ambos partidos, fue el que se usó para justificar la oposición de la cúpula a la campaña presidencial del senador progresista Bernie Sanders en 2016.
Sanders ganó primarias en varios estados considerados conservadores generando cada vez más pánico entre la cúpula de su partido –entre los cuales estaban el aún presidente Barack Obama, el ex mandatario Bill Clinton y sus poderosos aliados– que respaldó la candidatura de Hillary Clinton, con algunos críticos señalando que invirtieron más capital político en derrotar a Sanders que en contra del eventual aspirante presidencial republicano.
Clinton y esa cúpula demócrata al final fueron sorprendidos con el triunfo de Donald Trump.
Respondiendo a representantes de la cúpula y en particular al líder de la bancada demócrata en el Senado Chuck Schumer, el candidato progresista demócrata de Michigan, Abdul el Sayed, comentó a Politico que “si eres Schumer y la forma que procedes en hablar con la gente de dinero y después repartes esos recursos corporativos para ayudar a elegir a gente que harán lo que las empresas desean, pues sí, yo soy una amenaza a tu sistema. Entonces por eso están tan alborotados”.
Ofrecen “cambios reales”
Después de que triunfó El Sayed, Schumer, quien activamente se opuso a su candidatura, le habló para ofrecerle su apoyo para las elecciones de noviembre.
Candidatos como El Sayed y Peggy Flanagan, la progresista que ganó la nominación para ser candidata demócrata al Senado por Minesota – igual que varias de sus contrapartes que han ganado en Nueva York, Massachusetts, Colorado y el estado de Washington, entre otros– argumentan que el mensaje recibido es que los votantes desean cambios reales, no lentos ni cautelosos, y que no prestan atención a las campañas publicitarias multimillonarias sino a políticos que van, con voluntarios, a eventos presenciales y puerta por puerta promoviendo propuestas como “despedazar al ICE”, un seguro de salud universal, mas fondos para escuelas y para vivienda.
Candidatos progresistas como Flanagan también están calificando la guerra de Israel en Gaza de genocidio y exigen el fin de la asistencia estadunidense. Pero en general se enfocan más sobre los temas que afectan a la gente en casa y que padecen una situación económica y social cada vez más grave.
“Trump dice que tenemos una economía fantástica. ¿De verdad?”, preguntó el senador Bernie Sanders –promotor de varias de las campañas legislativas progresistas alrededor del país, en un mitin político en Michigan. “Un 60 por ciento de nuestra gente sobrevive de quincena en quincena. Unos 85 millones no tienen seguro de salud o uno insuficiente. Más de 750 mil viven sin techo. El precio de comestibles se ha disparado, todo ello –reitera– en el país más rico de la historia”.
Economía a la baja, socialismo al alza
En los años recientes, las encuestas han registrado una creciente preocupación con la economía estadunidense y también una percepción positiva del socialismo frente al capitalismo, sobre todo, entre los jóvenes. Sólo 24 por ciento opina que la economía funciona bien y 60 por ciento atribuye a Trump la responsabilidad del deterioro de la economía, según Pew Research.
Pero Sanders, el político socialista democrático más prominente del país, suele no hablar de esa corriente y sí sobre los problemas económicos y sociales que enfrenta la gente común.
En Michigan, el candidato El Sayed cuenta con el apoyo de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos, pero no se identifica como socialista.
“Creo que podemos tener atención de salud, regular las empresas más grandes del mundo, facilitar que tú logres ganar tu primer millón en lugar de que Elon Musk gane un billón. Y eso no me hace un socialista, sino sólo alguien que quiere que el gobierno funcione para el pueblo”, enfatizó.



