El principal causante del consumo y desperdicio mundial de petróleo, es sin duda, Estados Unidos de América. No obstante su producción diaria de 13.5 (y más) millones de barriles diarios, ese país no está exento de una crisis energética.
Su intensa búsqueda, por aquí y por allá, para conseguir el crudo al menor o nulo precio (es decir, robado) es incansable. Voraz, como buen representante de la clásica política depredadora estadunidense, tiene a los países de la Unión Europea (UE, y a otros también) sometidos al miedo y la depresión. Así lo ha manifestado Ursula von der Leyen, presidenta de ese grupo belicoso y cómplice de las matanzas que generan las guerras de su otrora amigo y protector Donald Trump.
Cabría preguntar: ¿quién o quiénes son responsables? La lista de gobiernos inconscientes es larga, y ni se inmutan al preferir el negocio de la guerra en lugar de resolver las discrepancias por medio de la diplomacia o de acuerdos políticos equitativos.
La incertidumbre ante la amenaza a la paz mundial surge cuando los gobiernos antidiplomáticos y amantes de las economías adictas a los conflictos bélicos apoyan los proyectos claramente violadores de los derechos internacionales.
Los de la UE desprecian a Rusia, pero necesitan su petróleo. No se han dado cuenta de que el presidente de ese país es inteligente y sagaz; Vladimir Putin (divergencias aparte) ha sido firme en no someterse al irracional plan bélico que protege al presidente de Ucrania.
Con el petróleo que le está refinando India a Rusia, ambos países están más asegurados ante una crisis mundial energética. No les faltarán combustibles. El presidente Putin continúa calculando menor gasto en gasolinas para sus vehículos y aviones militares, puesto que, prácticamente, Ucrania ya ha perdido la guerra. Y Volodymir Oleksándrovich Zelensky, abogado y comediante, además de payaso fracasado, tendrá que ir buscando su país de destino. Dinero no le faltará; recordemos que los ciudadanos voluntarios que quisieron participar en los combates tenían que comprar su propio fusil y balas. Por esa razón, el también presidente espurio ha acumulado un gran botín por toda la ayuda económica que recibió para mantener la guerra y lograr su sueño de opio: ganarle a Rusia.
Los países de la UE tendrán un problema serio en unos meses, pues necesitarán mucho más que 10.5 millones de barriles de petróleo diarios. Esta cantidad representa, aproximadamente, 10 por ciento del consumo mundial. Y para su sorpresa, especialmente para los mayores consumidores de petróleo (Alemania, Francia e Italia), Trump no les proporcionará más recursos energéticos, porque según él, la UE es una carga para Estados Unidos.
El pueblo estadunidense está inconforme con el constante aumento de gasolina, no obstante ser ahora el país con mayores reservas, gracias al robo de petróleo a Venezuela, entre diversos atracos.
Estados Unidos presume tener una reserva estratégica superior a la de Arabia Saudita y la rusa. La cifra, aunque dudosa, es posible: cuenta con, aproximadamente, 340 a 400 millones de barriles bien escondidos.
Por supuesto, dicha cantidad de petróleo no está garantizando a la población estadunidense aumento en su calidad de vida, tampoco más fuentes legales de empleos bien remunerados. La protección a la salud e incremento económico para los programas de rehabilitación por adicciones a todo tipo de drogas es un sueño lejano para la población. Y ni pensar en presupuesto destinado a la solidaridad y apoyo monetario para los países que lo necesiten. De tal forma, si estamos pensando que esta riqueza energética servirá como freno para la ambición desmedida de Trump por el petróleo, estaremos pecando de ingenuidad desmesurada.
El republicano Trump ha declarado en algunas ocasiones que ya no sabe qué hacer con Canadá y México, pero de seguro sí sabe qué hacer con el petróleo de ambos países. Seguirá pensando que el hidrocarburo mexicano le pertenece, sólo porque sí. Tendrá que acostumbrarse a mirar hacia otro lado y a no olvidar que en México seguimos pugnando por nuestra soberanía energética.
Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará.
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