Los últimos acontecimientos del 31 de julio vividos en la ciudad española de Ceuta con la llegada de cerca de 50 mil migrantes marroquíes, en el marco de una población de 98 mil habitantes ha causado toda una serie de reacciones que vale la pena analizar, sobre todo aquellas relacionadas con el fenómeno migratorio al que de inmediato se criminalizó. Es un evento que resulta casi una fotografía, no sólo de un momento coyuntural, sino porque permite vincular con bastante claridad la forma en la que los líderes de países del sur global (en este caso Marruecos y el rey Mohammed VI) en su relación dependiente y subordinada atiende a los intereses de los líderes del imperialismo colonial del norte global (Estados Unidos, con Donald Trump a la cabeza y su aliado Israel) para generar caos y desestabilización al gobierno español del presidente Pedro Sánchez por sus posiciones políticas, si bien mínimas, si consideramos las tragedias que el mundo está viviendo, pero que fueron suficientes para que el imperialismo colonial las inscriba como cuestionamientos inaceptables, sobre todo por el posible contagio a otras regiones y países que puedan romper la narrativa de la ultraderecha. Por lo tanto, se decide presionar políticamente al rebelde.
Algunas de esas posiciones por parte de Pedro Sánchez fueron, reconocer al Estado Palestino; impedir que Estados Unidos utilizara la Base Naval de Rota (Cádiz) y la Base Aérea de Morón de la Frontera (Sevilla) para atacar a Irán; recibir al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática Brahim Ghali para tratamiento en un hospital del territorio español; manifestarse inconforme con la orden de Donald Trump sobre aumentar al 5 por ciento del PIB para presupuesto de la OTAN, y mantenerse en el 2 por ciento, así como su acercamiento a Argelia.
Por lo tanto, había que presionarlo y la mejor manera fue crear caos fronterizo utilizando a sus propios connacionales marroquíes a los que engañó diciéndoles que España estaba otorgando documentos a los migrantes y se les abrió la puerta. Fue una verdadera tragedia, se lanzaron muchos al mar y hasta ahora se han contabilizado 77 personas muertas, y un número cercano a 48 mil regresaron a Marruecos. Quedan unos pocos migrantes en Ceuta esperando ser atendidos en un contexto de rechazo y discriminación. Pero lo que Ceuta permite comprobar es que los migrantes no invadieron, fueron empujados. No fueron responsables del conflicto, fueron utilizados como instrumentos de presión. Criminalizarnos significa invertir la relación entre víctimas y responsables y sobre todo, ocultar las estructuras económicas y geopolíticas que producen la migración forzada. Para que esta dimensión particularmente perversa, es decir, la utilización de seres humanos como instrumento de presión política sea posible, es necesario que millones de personas permanezcan en condiciones de precariedad e inseguridad en sus países. Es decir, que existe una población susceptible de ser expulsada, desplazada o movilizada cuando los intereses geopolíticos así lo requieran. Por eso aparece el migrante como responsable de una crisis que no creó, mientras permanecen en la sombra quienes produjeron las condiciones que los obligaron a migrar.
De inmediato, la reacción de la Unión Europea fue sancionar, no a Marruecos que mintió, engañó y promovió así esos trágicos movimientos fronterizos, sino “a la invasión migratoria”. Hasta el propio Pedro Sánchez dirigió su enojo contra “a las mafias traficantes de personas” lo cual sirvió a la narrativa de la ultraderecha anti inmigrante para seguir criminalizándolos y seguir aplicando leyes discriminatorias, poniendo en entredicho los valores que supuestamente dieron lugar a la hoy Unión Europea. Por supuesto que Marruecos tiene sus propios intereses que pasan por la criminal invasión del territorio del Sahara Occidental que pertenece a los saharauis y que, sin embargo, pretende dominar para crear el Gran Marruecos a pesar del mandato de Naciones Unidas sobre el Sahara para terminar el proceso de descolonización de ese territorio. Pero, Marruecos ya recibió su premio pues Estados Unidos, de acuerdo con el portal informativo The Craddle “legisladores estadunidenses solicitan que el Frente Polisario sea designado como organización terrorista por supuestos vínculos con Irán”.
Frente a este escenario, las resistencias al imperialismo colonial que surgen desde el Sur Global adquieren una dimensión histórica. No sorprende que aquellos que desafían ese orden sean convertidos en “terroristas”. Pero lo que ha quedado claro es que esa división del mundo en dos regiones, ahora norte global/sur global se ha mantenido bajo las mismas relaciones de dominación y explotación, dependencia y subordinación. Lo que episodios como el de Ceuta ponen de manifiesto es que la antigua división entre centros dominantes y periferias subordinadas no ha desaparecido, persiste hasta nuestros días.



