La tragedia de Nepal no concluirá pronto. Las víctimas mortales serán más de 7 mil y los desplazados, 70 mil. Las actividades económicas de las zonas afectadas, suspendidas, mientras la ayuda internacional es insuficiente. Es entonces oportuno recordar que en 2025 se celebró El Año Internacional para la Preservación de los Glaciares, a fin de destacar el papel fundamental de estos depósitos de agua dulce.
Es algo muy importante porque los glaciares disminuyen su tamaño a gran velocidad. Los de la cadena del Himalaya provocan la formación y crecimiento acelerado de lagos glaciales. El riesgo de que éstos se desborden amenaza a las poblaciones montañosas, la infraestructura vial y los proyectos hidroeléctricos situados aguas abajo en Nepal, India y China.
No es un fenómeno nuevo. Desde 1850 el volumen de los Alpes, en Europa, se redujo a más de la mitad y hoy sucede a una mayor velocidad. Los de Suiza, famosos por su belleza y el papel que juegan en el clima y en la dotación de agua dulce para la vida y el trabajo de numerosos pueblos, perdieron la mitad de su volumen entre 1931 y 2016; otro 12 por ciento entre 2016 y 2021. Y en 2024- 25, el 3 por ciento.
Una causa del deshielo de estos gigantes es el aumento del calor en el planeta. Por ello, se calcula que la mitad de los mil 500 glaciares alpinos (incluido el majestuoso Aletsch, Patrimonio Mundial de la Unesco) desaparecerán en los próximos 25 años. El Mont Blanc, el más imponente de Europa (4 mil 805 metros de altitud), se reduce cada año. También son graves los daños que el calor causa a los glaciares de Italia, como los de la región de Lombardía: los últimos 30 años perdieron 40 por ciento de su superficie. Al actual ritmo de calentamiento que sufre Italia, en el futuro será mucho mayor.
También desaparecen los de otras regiones que cuentan con unos más pequeños y a menor altitud, como el Cáucaso, las Montañas Rocosas, partes de los Andes en Sudamérica y las cordilleras africanas. Allí se espera que más de la mitad de sus glaciares desaparezcan en los próximos 10 a 20 años. Igual pasa ya con los de Pakistán, India, China y las regiones polares.
Los bellos glaciares proporcionan agua dulce a más de 2 mil millones de personas, especialmente en Asia y América Latina; son básicos para la agricultura, la producción de energía hidroeléctrica, y el caudal de los ríos. Los de Europa, sufrieron este año su peor sequía, afectando hasta el funcionamiento de las centrales nucleares. Además, son identidad cultural de países montañosos y fuente inestimable de datos sobre la evolución del clima.
Urge entonces reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, principales causantes del cambio climático. Sin embargo, imponen su ley los influyentes intereses de la industria petrolera, y sus aliados, como el señor Trump.
Otra tragedia tampoco concluye: la del sismo que sacudió a 16 de los 32 departamentos de Colombia el pasado 10 de agosto. Causó 335 decesos y 4 mil 516 heridos; graves daños en 207 mil viviendas y destruyó 36 mil 478; además, 397 centros de salud, 4 mil 316 educativos y 6 mil 118 comunitarios. También en 521 vialidades, cinco aeropuertos, 141 acueductos y 120 puentes vehiculares/peatonales. Se requieren más de 14 mil millones de dólares para remediar todos esos daños.
Una de las ciudades afectadas es Pereira, centro neurológico del bello eje cafetero. Me reportan algunos residentes que la ciudad se apaga cada día y la tragedia es mayúscula para el sector campesino, que está en plena cosecha de café. Trascurrido más de un mes, tiembla casi a diario en la zona, con replicas que no son letales, pero impiden superar la sensación de azaroza inestabilidad. Esto, sumado a las abrumadoras pérdidas materiales y al desamparo estatal, ha quebrado el hilo de la cotidianidad y resquebrajado el alma de los habitantes. A tal punto que resulta extraño ver medio paralizado y melancólico a un pueblo tradicionalmente recursivo, emprendedor y “echado para adelante”.
En el importante noticiero de Julio Sánchez Vargas, en la emisora W, uno de los habitantes expone el tamaño de la destrucción: “Es como si nos hubieran bombardeado…20 manzanas del centro de la ciudad están destruidas; miles de familias no tienen donde vivir dignamente; el comercio, paralizado”. Y agrega que es notable la ausencia del apoyo que, de la mano de Cristo Rey y sus milagros, prometió el recientemente electo presidente colombiano.



