La ciencia no debería ser un privilegio reservado para quienes pueden entrar a un laboratorio, estudiar una carrera universitaria o vivir cerca de los grandes centros de investigación. En México, todas las personas tienen derecho a gozar de los beneficios del desarrollo científico y la innovación tecnológica. Sin embargo, para que este derecho exista en la vida cotidiana, es necesario acercar el conocimiento a las escuelas, las familias, las comunidades y, especialmente, a las niñas, los niños y los jóvenes.
Eso es precisamente lo que Quark ha hecho durante 25 años: convertir el derecho humano a la ciencia en una experiencia cercana, gratuita, divertida y posible. A través del juego, la experimentación y la creatividad, este grupo de jóvenes voluntarios ha demostrado que la ciencia también se descubre construyendo un juguete, formulando una pregunta, observando el cielo o atreviéndose a buscar una respuesta diferente.
Quark nació por iniciativa del Museo de Ciencias de la UAZ el 7 de septiembre de 2001, para reactivar el Club Infantil de la Ciencia, creado en 1990.
La historia tiene un detalle entrañable. Miguel García Guerrero, hoy coordinador y uno de los principales impulsores de Quark, había sido niño de aquel club y deseaba ayudar a sostener el espacio que alguna vez alimentó su propia curiosidad. Esta vuelta al punto de origen explica buena parte de la esencia del proyecto. Quienes un día llegaron para descubrir la ciencia pueden convertirse, con acompañamiento y confianza, en quienes despierten nuevas vocaciones.
“Quark es una comunidad, es una
escuela de divulgadores y semillero
de vocaciones tempranas y, aunque
algunos de esos niños y niñas no
elegirán una carrera científica,
estoy segura de que aprenden en
cada experiencia algo valioso: a
observar, preguntar, probar, abrazar
el error como camino a la respuesta
y no quedarse con la primera respuesta”
Han realizado actividades directas con más de 100 mil personas en 26 municipios del estado. Mediante salas interactivas, materiales y kits científicos, además de la formación de docentes, bibliotecarios y otros voluntarios, ha llegado indirectamente a más de 50 mil personas. A nivel nacional, sus actividades han llegado aproximadamente a otras 100 mil personas en 28 entidades del país.
Su trabajo también ha cruzado fronteras en 24 países de cinco continentes. Han llevado con ellos una forma de divulgación que nació en Zacatecas: creativa, divertida, cuidadosa y muy comprometida con la comunidad.
Pero su aportación no se entiende solo con las cifras. Su mayor legado quizá está en las historias de las niñas, los niños y los jóvenes que han descubierto que la ciencia también es para ellos.
Uno de los mayores logros de Quark es su modelo de “fuerzas básicas”. El grupo sigue los intereses, necesidades y habilidades de quienes participan en el Club Infantil de la Ciencia. Alrededor de los 13, 14 o 15 años, quienes muestran compromiso pueden pasar de participantes a divulgadores de ciencia recreativa. Reciben capacitación y después trabajan con un sistema de tutorías junto a integrantes con más experiencia. Así, la curiosidad no se pierde. Se convierte en conocimiento, servicio y liderazgo juvenil.
Actualmente, Quark ofrece muchas maneras de acercarse a la ciencia, pues además del Club Infantil y los talleres escolares, organiza “Patos a la Obra”, un espacio gratuito de tinkering para construir juguetes y dispositivos científicos. También tiene “Astropatos”, un club de astronomía para aficionados. Realiza “Juegos Cósmicos” en colaboración con Noche de las Estrellas y un club de lectura de ciencia ficción.
En estos 25 años, Quark ha mostrado que divulgar es una actividad que hace que la ciencia sea fácil de entender, emocionante y cercana. También ha mostrado que las vocaciones científicas no surgen solas, sino que necesitan oportunidades, modelos, apoyo y lugares donde se pueda preguntar sin miedo.
Felicito de corazón a Miguel García Guerrero y a cada una de las chicas y los chicos que han dado su tiempo, su creatividad y su talento a este proyecto. Quark es una comunidad, es una escuela de divulgadores y semillero de vocaciones tempranas y, aunque algunos de esos niños y niñas no elegirán una carrera científica, estoy segura de que aprenden en cada experiencia algo valioso: a observar, preguntar, probar, abrazar el error como camino a la respuesta y no quedarse con la primera respuesta.
Despertar la curiosidad también ayuda a cambiar el mundo.
¡Larga vida a Quark, a la capacidad de asombro, a la alegría y a la pasión por descubrir! Su contribución a nuestra sociedad es invaluable. Estoy segura de que los miles de niñas, niños, adolescentes y familias que han participado en sus talleres y actividades los recuerdan con enorme cariño y con una frase que resume su esencia: ¡locura, ciencia y felicidad!



