Siguiendo con el conflicto entre el director de la Normal Lancasteriana de Zacatecas, Hidalgo de Ortega al que el Ayuntamiento tacho de “díscolo” y su auxiliar, Manuel Arenas, ante la acusación de que a la escuela no se le surtían debidamente y con oportunidad los materiales que requería, según el reclamo del director, la Comisión le respondió, “que no ésta ni ha estado (sic) desurtida”. Situación que la misma Comisión constató al realizar una visita de reconocimiento cuatro días después de que conoció la protesta del director. Por el contrario, se pudo percatar que el material con el que contaba estaba muy por encima del necesario de acuerdo con los niños que acudían al plantel. Los niños que escribían en pizarras por entonces, alcanzaban la cifra de 168 de acuerdo con los atriles que la Comisión encontró dentro del salón de clases, en tanto que el número de pizarras existentes era de 320, es decir, casi el doble de las que se requerían. En la tarde, durante la inspección de la clase de aritmética, el organismo encargado de la supervisión se pudo dar cuenta que acudían 264 niños. Sin tomar en cuenta las inasistencias, llegaba a la conclusión que con el material que se ocupaba “hay también considerable sobrante”. Por lo tanto, si hemos de creerle a la representación del Ayuntamiento, el director Ortega no era más que un mentiroso. Analizado el diferendo entre el director y su auxiliar, tras calificar al primero de ser un “director díscolo”, la Comisión de Escuelas determinó que una vez que cumpliera con los pendientes que tenía, entre ellos la aplicación de exámenes públicos a los alumnos, el director debería ser reemplazado por otro. Lo renunciaba. Esto ocurrió el 27 de agosto de 1827, (AHEZ…,” Queja del director…op. cit. Fj.3). Antes de ser despedido, Hidalgo de Ortega, el 15 de enero del mismo año en que dejó la Normal, presentó un proyecto educativo que consistía básicamente en: “[…] establecer una escuela de ésta enseñanza [se refiere a la enseñanza mutua] en cada cabecera de partido, proyectar su constitución, organizarla y enseñar al preceptor que la había de servir; se comprometía a formar cartillas que versaran sobre aritmética, escritura, lectura, ortografía, gramática, caligrafía y doctrina cristiana; pedía [para él] el nombramiento de Director General de Escuelas, además del de director de la Normal que ya tenía elegiría de entre los profesores del Estado o fuera de él, las personas necesarias para que practicaran en la Normal, la Escuela Lancasteriana; visitaría, anualmente, dos veces las escuelas de los partidos; proponía que se pensionara algunos jóvenes para que aprendieran este sistema; que de los fondos dedicados a instrucción de los pueblos del Estado, se formara un fondo común, y que si se le facilitaban los recursos necesarios presentaría un método para que todas las personas, sin perjuicio de su trabajo, se enseñaran a escribir”, (Vidal, (1961), óp. cit., p. 28). Buena parte de este proyecto de Hidalgo de Ortega sería retomado y se llevaría a la práctica en la gestión como director de la Normal con Ygnacio Ribott, cinco años después.
Destitución del primer director de la Normal Lancasteriana y su proyecto educativo para Zacatecas.


