"Si sientes que me pierdo entre la ropa,
de este almacén que abriga mi deseo,
búscame a ciegas con tu olfato ilustre
y cuando me descubras
por ropa nueva entre mis manos de ostra,
para que se te antoje
alterar los aromas que me guardo".
Lucía Rivadeneyra
"Dejo sobre la puerta el color del mar, extraído de un pez muerto. Tuvo vida, sí, existió entre mis manos y se movía como un trozo de esperanza arrancado del río. Al anochecer, lo rebané en dos partes y con la humedad que transpiró, lavé los trapos de la enfermedad. Limpié la casa y tajé cada uno de sus rincones ignorados por el sol. Toda la madera se impregnó de agua, la superficie de la mesa era un lago en silencio. Entre mis manos, aún revoloteaba un último aliento y lo comimos a pequeñas mordidas, como un pedazo de pan sin levadura remojado con sopa, entre verduras". Armando Salgado
"Esta mañana el tío Alfredo amplió la estadística,
firmó su alta hospitalaria para comprarse un sombrero.
Apenas tuvo tiempo para asustarse cuando le hirvió la cabeza,
sus propias moléculas divididas
arrastradas hacia su anonadamiento
le explotaron el cerebro. El virus más terrible
es el que invisibiliza sus síntomas.
Morir lleva poco tiempo, dicen que no duele
una hebra te jala hasta quedar fuera de vista.
El clima es amarillo
mi cuerpo, tan pequeño útilmente
desapareció entre las sábanas
y no puedo ir así a ofrecerle mis condolencias
al nuevo sombrero del tío Alfredo".
Yamilet Fajardo
"[...]
La de la rabia soterrada,
la del presente sin ahora,
la que fundó un imperio en otro,
con qué fragmentos de cual témpano,
de qué ficción o pesadilla.
No es tu ciudad la que tú crees
que aprieta el nudo corredizo,
o hunde el metal por donde pasas
ajeno a su esplendor, ausente
de ti, muriéndote de vida".
Jorge Valdés Díaz-Vélez
"Te beso
en este silencio
el mismo que atravesó nuestros cuerpos
al hacerlos llover
así
Me gustas
No te vayas
Me gustas
No quiero
¿Volveremos a vernos?
Dime
Ahora comienzo a extrañarte
y lo agradezco
Yo también te quiero".
Verónica G. Arredondo
"El rey africano se pasea por al barco.
Lo recorre de proa a popa, de popa a proa
y revisa que todo esté bien entre su gente.
De vez en cuando otea el horizonte
para prevenir desgracias, que en el Mar Caribe
son auténticas y audaces:
un imprevisto mal tiempo,
olas bíblicas,
demasiados tiburones a flor de agua,
la desbandada de las estrellas...". Vanessa Droz
"¿Cuántas, cuántas veces no te vi en bancas o
tirado en el pasto en las jardineras de la verde glorieta
de San José Insurgentes o al costado del convento
de Churubusco o en un parque de Montreal o de Viena
donde oías desgarrado la música sin viento?
Es el inicio.
Después, sin que lo esperes, el azar te enviará
nuevos derrumbes, y la grande y plural e intensa vida
se habrá convertido en trigo seco.
Y en estas cosas, creémelo,
el coraje no sirve o sirve de muy poco".
Marco Antonio Campos
"Gracias Dios por estos árboles que cantan en mi corazón casi perdido con la foresta de tu inmensidad.
Hoy es el día del sol y los pinos que amanecen en mi ventana, los que anuncian con los pájaros la llegada luminosa de un nuevo día.
Tú estás en estas ramas y desde el viento increíble nos hablas de lo inexplicable, de aquello que siempre es no para nuestros ojos ciegos.
Ahora mis ojos despiertan ante este Árbol de la dicha que no es otro que Tú que vives en las cosas naturales, en la música de la lluvia de anoche, en los pájaros que van llegando para celebrar un nuevo día con el sol, y los que siempre dicen sí a todo lo bueno.
Yo que he muerto, estoy vivo de nuevo". Miguel-Ángel Zapata
"Recursos de qué arte para formular de otra manera lo mismo. Cierto, no he ensayado a tope el cúmulo de mantras que podrían enfilarme vigilia tras vigilia a un futuro alumbramiento, pero tampoco es imperioso intentarlo por la ilusa encomienda de eludir la redundancia, si desde esta inerme rodaja de papel me siento cómodo al hablar. No pediré luz verde para levantar una tienda en la cuneta donde la ocasión sorprenda a la palabra, eslabón perdido entre la química y el desencuentro, el pronóstico y la proeza". Jorge Ortega
"Relativamente quizá no nos conocemos
ni sabemos nuestros vicios
las habilidades vergonzosas
Somos dos extraños
contemplando su desnudez
dos que en silencio repiten sus nombres
Relativamente tú y yo no tenemos recuerdos
ni una canción cursi a fuerza de elegirla
ni un aniversario con complicaciones
en año bisiesto
Sí
el tiempo es relativo
y esta noche estamos estirándolo
perforándole agujeros
atravesando la singularidad de esta ciudad
que nos permite ser los amantes
que aún no somos".
Beatriz Pérez Pereda