Hace un par de días, México y el mundo presenciaron un hito en la estrategia de seguridad: la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho». Sin embargo, mientras el análisis político se centra en las estructuras de mando, en las calles de nuestra región la realidad se escribe con el humo de vehículos incendiados y el cierre de cortinas comerciales.
Uno de los puntos más dolorosos de estos eventos es la pérdida total del patrimonio de ciudadanos trabajadores. Traileros y choferes vieron arder su sustento, a menudo bienes que aún no terminaban de pagar como lo han relatado en diversos medios. Actualmente, nuestra legislación es omisa ante los daños ocasionados por «actos de terrorismo» o «vandalismo derivado del crimen organizado». La mayoría de los seguros privados excluyen estos eventos en sus letras chiquitas, dejando al ciudadano en un desamparo absoluto.
Es urgente legislar una Ley de Responsabilidad Patrimonial del Estado específica para situaciones de conflicto interno. Si el Estado, en su ejercicio de justicia, desata una reacción violenta que no puede contener de inmediato, debería crear un fondo de contingencia para indemnizar de forma expedita a las víctimas civiles.
Vivir en la zona de mayor conflicto de este evento ha transformado nuestra cotidianidad en un escenario de incertidumbre. El impacto se extiende como una onda expansiva: tiendas departamentales cerrando a media tarde, calles desiertas y una afluencia vehicular mínima que paraliza el pulso de la ciudad.
En medio de este caos, es imperativo reconocer y valorar el trabajo de las Fuerzas Armadas. Su intervención no solo representa la fuerza del Estado, sino el último muro de contención entre la civilidad y la barbarie. La captura de un objetivo de esta magnitud implica inteligencia, riesgo y una entrega de fuerzas armadas que ponen el cuerpo por una nación que anhela tranquilidad. Su labor es fundamental para restaurar el orden, pero como sociedad, debemos exigir que esa fuerza operativa esté respaldada por una fuerza legislativa que no deje solos a los ciudadanos tras la batalla.



