Borderline y otros poemas

Borderline y otros poemas

Es imposible leer a dos manos, por lo que dejo una suelta, juguetea, sus dedos no tocan una pieza clásica, ¡qué va!, tocan una bragueta; me detengo, suspiro como si agonizara, llevo línea tras línea haciéndolo desde que abrí el PDF que la autora me envió, hago de las sílabas un buen “pericazo” y aspiro hasta destrozar mi abecedario, permanezco inmóvil: soy un idiota frente a la televisión de cualquier vitrina de una Copel durante un partido de la selección mexicana con empate a dos frente a Argentina en los últimos diez minutos.

Vuelvo a las palabras de “Borderline y otros poemas” (Pinos Alados ediciones, 2018), siempre a través de ellas, desnudándolas, bajándoles los calzones a los versos más conservadores, las que llevan las faldas a las rodillas raspadas, las que aún se persignan antes de desnudarse, quitándoles el sostén de encaje negro, las tangas de hilo en hilo y hago zurcidos invisibles, porque hay versos que se visten con ellas, convenciéndolas con mentiras que son falsas promesas para llevármelas a la cama de un hotel de paso de Tlalpan, cerca de la “erotic zone” Metro Ermita con dirección a Cuatro Caminos. Ahí comienza mi aventura: “Borderline y otros poemas” vale la pena, lo sé, lo intuyo, y eso que apenas llevo unos cuantos poemas en los labios, entre dientes, atascados como migajas de torta de jamón.

Y ahí, frente a la ventana abierta que da a la calzada de Tlalpan, tan cerquita de una agencia funeraria y de una florería, enciendo un cigarro, suelto el humo sobre el gusano anaranjado tururú y continuó la lectura de “Borderline y otros poemas” de Vivian Sanchbraj.

Con “Borderline y otros poemas” más que nunca aplican las palabras casi lugar común y choteadas de Octavio Paz (“haz que se traguen todas sus palabras”) y en realidad ni siquiera sé si se trata de un buen libro de poesía porque no soy bueno para calificar un libro de poesía y solo estoy seguro que mucha de la poesía que se escribe actualmente me fastidia, por lo que he adquirido el derecho soberano y patriótico que tiene cualquier lector de mandar a la mierda a los poetas jóvenes de su país y a las lecturas que hacen en público de sus poemas, y es que un nombre hay que dar a lo escriben, y es que un nombre hay que dar a lo que sin vergüenza y pudor alguno se atreven a leer frente a un micrófono.

Pero no es el caso de “Borderline y otros poemas” y procuraré detallar algunos de los aspectos más relevantes que he podido encontrar luego de leerlo a una sola mano, una vez que hemos llegado a la habitación del hotel de Tlalpan; antes hemos pasado por unas Victoria, cigarros, condones, papas.

Se abren las puertas del elevador, caminamos, la alfombra roja es casi un soneto, abro la puerta, invito a las palabras a pasar siempre y cuando cumplan su promesa de desnudarse y de permanecer agrupadas en versos y en un poemario (“Borderline y otros poemas”) que a mi juicio es brutalmente honesto, despiadamente íntegro, y eso es como una abejita en el cuaderno de los que se dedican a escribir, una estrellita. Vivian tiene un paso adelante, puede escribir lo que se le venga en gana a partir de ahora y todo lo que escriba tendrá su propio sello, su propia voz, y eso, en poesía, en cualquier expresión artística, es como pedirle al mariachi que dé el tono con una de José José a las tres de la mañana mientras damos serenata vía telefónica de teléfonos de tres pesos la llamada.

Al menos yo le habría quitado el texto de presentación a “Borderline y otros poemas” y he aquí mis muy personales razones: está retacado de autores y tópicos más comunes que los retrasos del Metro cuando llueve, autores que se nos ha repetido hasta el cansancio que son eróticos (los sheriff del viejo oeste) y los cuales comparan, así me pareció, con la propuesta poética de Vivian Sanchbraj, cuando en realidad llegas al primer poema y, bum, bum, ella se presenta por sí misma en ‘Borderline ars poetica’; si me apuran les diré que se pueden saltar la presentación (¿qué demonios es, presentación, prólogo, introducción?) sin ninguna dificultad.

Alguien toca a la puerta de la habitación del hotel de calzada de Tlalpan y supongo que algún latoso viene a molestar porque estamos fumando (hemos procurado sacar el humo por la ventana para molestar al de la florería); abro la puerta y aparece la magistral cachondería.

Tardo en reaccionar y, en cuanto lo hago, me hinco, dejo que pase pisando mi espalda con sus tacones de aguja, repite lo que quiero escuchar: Vivian reniega propiamente del erotismo académico de museo, ese que se sabe de sobra la teoría pero que se duerme durante la práctica, para conseguir lo que muy pocos autores consiguen cuando se proponen escribir de sexo y de todas sus empaquetadas variantes: la cachondería (algún “inteligente” tendría que hacer de la cachondería un género literario), no es erotismo, repito, quizás parte de muchos de sus principios, pero la cachondería va más allá; tampoco es calentura de esas de adolescentes húmedos, no, espero me entiendan. “Borderline y otros poemas” está permeado por una dulce e irredenta cachondería donde las acciones se convierten en hechos a través de los procesos que exige una propuesta poética cercana a la poesía de corte conversacional de la década de los sesenta, primordialmente la de algunas autoras estadounidenses. Qué lindo me quedó esto que acabo de señalar. Veamos un poco más: la voz poética de “Borderline y otros poemas” desenmascara los hechos cotidianos de la vida misma para significarlos a través de la cachondería, vista esta como el sueño insomne del deseo y la carne. Por eso la voz poética representa a Margot en uno de los poemas. Por eso se excita y provoca a un lector inteligente-cachondo. Por eso invita al otro (ahí donde al fin la carne cicatriza sus ensoñaciones) a una cama-set donde no se va a hacer otra cosa que representar la bella película pornográfica del amor.

En “Borderline y otros poemas” hay un aliento que alimenta nuestros más sublimes deseos sexuales: si hay sets donde se representa la bella película pornográfica, también encontramos imágenes como agujas ensangrentadas de adicto que apuntalan los sofocos y los gemidos de la voz poética de todo el poemario.

La noche ha llegado y debemos salir del hotel para irnos de fiesta a Los Cristales. Estamos borrachos y de hecho nos cuesta tanto trabajar bajar por las escaleras (el maldito elevador no funciona), que las bajamos a gatas, muertos de risa. Al salir, frente a la funeraria, una prostituta llega y me da un beso. En ese momento recuerdo que dejé “Borderline y otros poemas” de Vivian Sanchbraj (está bien, lo tengo en PDF, pero es mi historia y la cuento como se me antoje) en la mesita de noche, al lado de los controles de la TV y del DVD. Fue mi buena acción del día, pienso, libros así deberían ser lecturas obligatorias en los hoteles, al menos en los de Tlalpan. “Borderline y otros poemas” se presenta en la Ciudad de México el viernes 4 de octubre a las 19:30 hrs. en la Librería Gandhi Mauricio Achar (Miguel Ángel de Quevedo 121). ■

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