Turismo cultural: ¿realidad, ficción o ilusión?

Turismo cultural: ¿realidad, ficción o ilusión?

E Ilusión.

En esta entrega se analizará la posibilidad de hacer realidad el sueño de construir un proyecto de turismo cultural en Zacatecas. Mucha gente habla del asunto, pero sin dar elementos que conduzcan hacia un esquema realista que explaye, de preferencia en forma escrita y bien sustentada acerca del asunto. En los ámbitos gubernamentales dan por sentado que con sólo mencionarlo el proyecto florecerá como el jardín del edén y que por decreto la cultura se hará realidad; porque, para mala fortuna, el Olimpo de los favorecidos con el nombramiento cuasi divino de los designios del gran ungido y su línea de mando lo ha dispuesto así, conduce hacia laberintos sin salida en los que se pretende salir a golpes de palos de ciego. Expresado así, la ilusión cobra protagonismo y cualquier pase mágico que imite la varita mágica del ratón de Fantasías es el equivalente a un programa transexenal de la visión ilusoria de un programa de turismo cultural que transporte a la capital, los pueblos mágicos (Rockdrigo decía pueblos esqueléticos con sus guías de pedernal), sus áreas arqueológicas, gastronomía, artesanía, arte, cultura y muchos aspectos más que son la vida remanente, constante e impactante de esta actualidad, hacia una trascendencia no sólo mística, sino práctica que permita que la cultura local y sus cultivadores trasciendan más allá de los límites geográficos del estado y del país hacia los lugares más recónditos donde existan seres humanos viajeros amantes de la cultura que quieran llegar a dónde ésta se cultiva.

Zacatecas tiene en su capital una ciudad única en su especie que compite con cualquier centro de atracción arqueológico del mundo, sobre todo por tener la suerte de estar en México (hay muchas ciudades en el mundo que hacen palidecer por su estructura a la Bizarra Capital), y sobre todo, por estar exactamente en el centro del país.

Hay una cantidad razonable de museos que cumplen con las expectativas de los exigentes, considerando lo mismo que dicen todos los zacatecanos: que estamos en Zacatecas. Se ha desarrollado una gastronomía razonablemente buena, la música popular no le pide nada a la de cualquier parte del país –claro, deslindándose de la guarrada que ha estado invadiendo cada rincón del mismo-; hay una gran tendencia desarrollista y de investigación en el terreno de las artes plásticas; la fotografía; un movimiento incipiente de cine; un gran movimiento musical de música culta y clásica; artes circenses y espectáculos aéreos; performances –o cómo se llame-; danza de todos tipos de excelente calidad; hay notables poetas y teatro de alta y mediana calidad que invade todos los recintos y rincones de la Capital y de algunos municipios: pocos, por desgracia. En resumen, la oferta ahí está. Eso sin contar lo que puede aportar la autodenominada máxima casa de estudios del estado, o sea, como dicen los fresas, la Universidad Autónoma de Zacatecas, un monstruo dormido que cuando despierte puede ser vehículo de comunicación de este proyecto hasta los más recónditos rincones del planeta. Pero, al tiempo. Esa es la oferta.

En contraparte, se puede decir que hoy día, si bien es cierto que el turismo ha aumentado considerablemente, no se puede catalogar como culto, la gran mayoría de ellos viene a aportar al turismo no convencional, lo que es muy grato, pero vienen a lo que salga, a admirar la ciudad, que es bella, pero a fin de cuentas vienen a buscar lo que se puede encontrar en cualquier lugar del planeta: diversión, disipación, desenfreno y todo lo que lleva implícito en ese concepto. No puede despreciarse a la visita, pero no encajan en lo que se busca en este concepto. Para resumir, si se quiere turismo culto, hay que buscarlo donde se encuentre. La ciudad y su cultura tienen mucho que ofrecer, pero es evidente que la mínima parte de nuestros visitantes vienen buscando una oferta cultural, pero todo parece indicar que no se han establecido los vínculos óptimos para fomentar la visita de diletantes, sabios y doctos a enajenarse con las gracias que ofrece nuestra Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad. Así que. Por ahí hay mucho por hacer.

Ahora bien, no se sabe si por fortuna o por desgracia, es el gobierno del Estado quien marca las rutas de la cultura local, estatal y regional. Desde que se inició el primer proyecto cultural serio, allá por los andares del gobernador Borrego Estrada se apostó por el fomento a la cultura; pero salvo en muy pocos rubros como la gastronomía, las artesanías, el arte nativo y la música popular; se han puesto los esfuerzos en alardear sobre los logros de los artistas consagrados y el apoyo selectivo de los cuadernos de doble raya que siempre vuelan por los éteres del Gran Designio y se ha marginado al grueso de los creadores locales y se margina de toda oportunidad a sus gestores. Hay mucho por definir en ese rubro y los responsables se han hecho como que la Virgen les habla. No se puede eludir esa responsabilidad.

Resumiendo, existen todos los elementos para lograr un gran proyecto que permita el fomento a gran escala del turismo cultural, y vivir de ello, así se podría aspirar a que esta gran industria mantuviera vivo al estado junto al turismo alternativo y permitiera prescindir de industrias extractivas y nocivas para el ambiente y la cultura local que vienen de otros países a causar desgracia, pena y dolor.

Hoy no se recomienda más que disfrutar las fiestas decembrinas y todos sus apetitos. Saravá. ■

 

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