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■ Gustavo Petro, Ex Presidente de Colombia

Trump carece del mando total; otros peores que él toman las decisiones

■ Anuncia que buscará contener la avanzada del hiperfascismo en AL

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Por: La Jornada •

Aún con los polvos de la batalla por la presidencia de su país sobre los hombros, el ex presidente de Colombia Gustavo Petro mira de frente a su siguiente tarea: impedir que el hiperfascismo se apodere de Latinoamérica.

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Son las 17 horas. Petro llega a las instalaciones de La Jornada para conceder la primera entrevista luego de dejar la presidencia y, con la memoria aún fresca, advierte que su complicada relación con el gobierno de Donald Trump comenzó cuando protestó contra la masacre en Gaza y externó su apoyo a Palestina, y empieza el relato: “después del día crucial, cuando bombardean Caracas, Trump dice: cuídese el trasero, porque ahora voy por Petro. Ese día pensé: viene un misil contra mí.

“Estaba junto al mar y tuve que separar a las mujeres y a las personas que no tenían que ver con eso, para que se fueran. Me quedé solo con mi escolta, la de las fuerzas públicas de Colombia. Les dije que podía pasar algo, que se alistaran, que camináramos… como a las 2 de la mañana me despiertan, pensé: ya vienen. Me dijeron que venía un barco de la Armada estadunidense –en aquellos momentos estábamos bloqueados y sus barcos se hallaban cerca, fuera del mar de Colombia, pero bloqueados– que ya estaba en nuestras aguas. Esto parecía real –dije, y pensé en escapar–, nos vamos a ir por una trocha (camino abierto entre la maleza), entre los manglares, a ver si salimos. No era cierto, volví a la cama y me despiertan de nuevo para decirme: ‘Trump quiere hablar con usted’.

“Los Estados Unidos profundos”

“Fue una cosa casi mágica y después supe cómo fue. Un congresista republicano, obvio, de derecha, del sector que llamamos ‘los Estados Unidos profundos’, llamó a mi embajador allá, Daniel García-Peña, quien estaba subiendo a un avión y tuvo que bajar para hablar con el congresista. Le dijo que le parecía una estupidez que fueran a hacer con Colombia lo mismo que con Caracas, porque Colombia por décadas, ha sido su aliado. Entonces, después de hablar con el congresista, el embajador llamó a Trump –tenía acceso– y le dijo: ¡¿Cómo se le ocurre?!, hable usted con el presidente Petro y Trump dijo que sí.

“Ahí fue cuando me llegó la noticia. Yo había convocado a una manifestación en la Plaza de Bolívar para el siguiente día para declararnos en resistencia frente a los ataques, no como lo hizo Maduro, sino a la colombiana. Tenía el discurso listo y a las 5 de la tarde logro hablar con Trump, ya a punto de iniciar la manifestación, en mi oficina. Terminamos casi de amigos y se cuadró una cita. Me tocó cambiar todo el discurso en cuestión de horas y tuve que bajar la intensidad porque mi objetivo era que no cayeran misiles en Colombia, después de lo sucedido en Venezuela.

“Fue un momento relativamente mágico. Se ha contado que cuando llegué a Washington vi la foto que le tomaron a la señora María Corina Machado, de Venezuela, casi arrodillada, casi entregándole el Nobel que le dieron. Hay que tener mucho cuidado con la foto porque yo no iba a aparecer como sumiso, sino de tú a tú, y así salió.

El verdadero grupo de poder en Washington

“En la Oficina Oval pude sentir físicamente al grupo de poder. Estaban Vance, Rubio… coincidió que cuando yo llegué, también llegó Trump y nos encontramos en el pasillo de las fotos de los presidentes. Hablamos junto al retrato de Lincoln. Le dije que había que hacer un pacto por la vida y la libertad. Que el concepto de libertad era el que nos unía como repúblicas. Le conté la historia del mechón de pelo que Washington le regaló a Simón Bolívar y que todavía está en Caracas, aunque nunca se conocieron personalmente. Traté de mostrar que en el fondo, en el origen de la República, de Estados Unidos y el nuestro hay un sentido común hacia la libertad y hacia la idea de la democracia. Eso le gustó.

“Cuando llegué a la Oficina Oval, las sillas no estaban dispuestas como él (Trump) quería, al estilo de su entrevista con Macron (el presidente francés), él sentado y yo enfrente, como si él fuera el jefe, alguien las había colocado así. Rubio y los demás tenían que voltearse para vernos.

“En la foto me quisieron hacer una pequeña trampa, pero no me dejé atrapar. Él tenía una imagen falsa de mí, la cual se fue deshaciendo conforme hablamos. Le mostré un video corto –no aguanta cosas largas– en el que se ve un atentado en mi contra. Le dije que me atacaban los narcotraficantes y le dije que él no me podía decir que estaba con ellos. Me respondió: ‘me han engañado tanto que ahora me doy cuenta que usted es un good man’. Luego hablé con él unas tres veces.

“La última me dejó un tanto preocupado porque yo siempre le pedí que abandonara la guerra en Irán, que podía ayudar a la paz en Gaza. En esa última llamada le pedí que me sacaran de una lista condenatoria porque él y yo seguíamos hablando y yo seguía en esa lista. Trump preguntó de qué lista se trataba y su intérprete le tuvo que explicar. Ahí entendí algo peligroso, no sólo para mí sino para el mundo: el hombre ya no está del todo al mando, que tiene espacios de claridad y espacios en los que otros toman las decisiones y esos otros son peores que él.”

La matriz de la mentira

Con un gesto de preocupación habló de su visión del momento: “vivimos en un caparazón planetario, es la matriz de la mentira, se actúa como en Matrix, como en la película. De pronto usted encuentra una granja de bots, no es de seres humanos, son perfiles que automáticamente reaccionan ante cualquier líder latinoamericano porque quieren degradar la discusión política y llevarla al insulto, por eso le llamo la matriz de la mentira. En ese caparazón de falsedad algunas partes se escapan porque son fuertes como estados pero la intención de esa matrix es esclavizar al ser humano y no se trata solamente de una cadena física, sino mental, esclavizar al ser humano para permitir la explotación de los recursos naturales no renovables por ejemplo”.

Petro explicó el contrataque: “se requieren matemáticas, porque es un ataque matemático, algorítmico, tanto en los bots para manipular seres humanos como las propias elecciones en los resultados finales”.

–Nos está hablando de una fuerza de derecha, muy grande, muy poderosa que puede avasallar a los pueblos. ¿Fracasó la izquierda, el progresismo? ¿Lo que tenemos enfrente nos habla del fracaso?

–No, yo no creo que se pueda avasallar a los pueblos. Vivimos un totalitarismo mil veces superior al que pudo crear Hitler, eso es lo que estamos enfrentando. Entonces, ¿qué ha hecho la izquierda en el caso latinoamericano? –se pregunta–. Desde 1968 viene ganando intermitentemente, no ha desaparecido. En Colombia, por primera vez hace cuatro años. No puedo ver eso como un fracaso, sino como un aprendizaje de los pueblos que están en un mundo que no conocían que luchan en contra de algo que no conocían y que ahora empieza a visibilizarse: un tecnofascismo que hay que derrotar y que se derrota con mentalidades fuertes, la educación es fundamental porque se derrota con matemáticas. Se pueden construir softwares que protejan a la población de la manipulación que sobreviene contra los pueblos de la región. Hay que ganar la batalla comunicacional. Ellos no tienen que ganar necesariamente. Hagamos algoritmos sin falsear la realidad, es decir, con gente real y razonando, así nos equivoquemos porque la equivocación es humana, no de máquinas.

Petro habla de un próximo libro bajo su firma en el que trata de explicar el proceso de robotización donde está implícita la inteligencia artificial que nos lleva según denuncia “necesariamente a un fascismo porque la lógica descubierta hace dos siglos es que se va a entrar en una crisis en la que se va a producir mucho y se va a demandar poco y aunque siempre ha habido crisis de sobreproducción hoy lo vivimos en una escala gigantesca que nunca se había visto y entonces la pregunta es: ¿cómo controlar a la humanidad para que no se vuelva insurgente?, pues no hay más que un hiperfascismo, control policial, misiles, genocidio, puede ser el holocausto humano y la barbarie para ponerle un nombre”.

El ex presidente no pretende terminar la entrevista sin hablar de Colombia y su reciente proceso comicial: “hay una situación muy difícil porque el actual mandatario es ilegítimo, además de ser ciudadano de Estados Unidos que jura obedecer, antes que al pueblo colombiano, al gobierno de Trump, y eso nos vuelve automáticamente una colonia y al presidente un virrey elegido por Trump, no por el pueblo.

“Abelardo de la Espriella fue el abogado de los paramilitares que era el grupo narcotraficante más grande de Colombia. Los estafó, tuvo que refugiarse en Estados Unidos, allá se volvió abogado de narcos en Miami.”

–Dibújeme usted el futuro inmediato de Colombia.

–En Colombia, en las elecciones, La Derecha Diario participó con el socio de Cerimedo, Negre, que ya habían participado en las elecciones de Argentina, Bolivia, Chile; así que no es un caso sólo colombiano, es un asunto que tiende a volverse global y que está dirigido por un centro de poder privado, también de escala mundial, cuyos dueños son multimillonarios, dueños de la inteligencia artificial y las redes. Así asoma el tecnofascismo, el hiperfascismo…

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