La Gualdra 714 / Cine
El cine de terror más efectivo es el que se basa en lo cotidiano, que evita los lugares comunes del género y más bien se enfoca en elementos sencillos pero que están anclados de manera muy fuerte a las angustias y ansiedades de la vida real. Ese miedo hacia un horror tan palpable que se pueda infiltrar en un espacio seguro como el hogar, es siempre más inquietante que cualquier amenaza relacionada con lo sobrenatural o lo inexplicable.
Bajo esa lógica Si pudiera, te patearía (If I had legs I’d kick you, 2025), parte de ser un retrato doméstico sobre las complejidades de la maternidad, hasta ir mutando, de manera paulatina, hacia los terrenos del terror psicológico, el drama existencial y hasta la comedia negra. El filme narra la historia de Linda (Rose Byrne), una psicoterapeuta obligada a cuidar a una hija enferma en la habitación de un motel, mientras su hogar se está desmoronando, en un sentido mucho más literal, a causa de un derrumbe en el techo de su casa.

Por si fuera poco, también debe lidiar con pacientes difíciles, vecinos entrometidos, un marido (Christian Slater) que se ausenta durante largos periodos de tiempo, además de su propio terapeuta (Conan O’Brien) quien se muestra, o muy evasivo, o prácticamente indiferente a sus inquietudes y problemas. La vida de Linda se vuelve una creciente vorágine de caos y confusión, no sólo por las situaciones con las que debe lidiar de manera diaria, sino también porque sus reacciones erráticas y su desesperación terminan por empeorarlo todo.
En su segundo trabajo en la dirección, la cineasta y también guionista Mary Bronstein (Yeast, 2008) sumerge al espectador, bajo una puesta en escena de corte impresionista, en las emociones y la psique perturbada de una mujer que debe lidiar con todas las expectativas que se le han asignado, la mayoría por el simple hecho de ser madre, pero que le resultan imposibles de cumplir.
En ese sentido, se trata de una obra que no ofrece ni respuestas claras ni resoluciones reconfortantes, al desmontar esos mitos alrededor de la maternidad como una labor generosa, abnegada y desinteresada; por el contrario, la muestra como una experiencia que puede resultar agotadora, incómoda y asfixiante.
Para tal efecto, es de destacar la impecable interpretación de Rose Byrne, quien, con enorme ingenio y habilidad, logra encarnar las múltiples complejidades y contradicciones que conforman al personaje de Linda. Y es en medio de esa dimensión, de todas esas capas de imperfecciones y falibilidades que constituyen a su persona, donde se puede encontrar algo parecido a la identificación por parte del espectador, así como el reconocimiento de una experiencia que resulta tan universal como ignorada de manera sistemática.

Con todo, Si pudiera, te patearía no es una historia que busque manipular a la audiencia desde la victimización de su protagonista ni mucho menos, simplemente se trata del retrato detallado de una mujer rebasada por su realidad, que no le permite ni un respiro, ni siquiera un breve descanso, y donde su amor como madre no excluye otras emociones como la fatiga, el arrepentimiento y la culpa.
En su excepcional película, Bronstein toca más de una fibra sensible, al mostrar una ansiedad que resulta tan inherente a la experiencia humana, como contemporánea en sus implicaciones: la sensación de no ser suficiente en un mundo que cada día exige más. Y cuando queda claro que nadie puede ayudar, porque cada quien está lidiando con sus propias angustias cotidianas, o se puede insistir y seguir nadando a contracorriente, o bien se puede dejar de luchar por completo. En la derrota y en la resignación, propone la realizadora, también se puede encontrar algo parecido a la libertad.



