La trasmutación de los políticos

La trasmutación de los políticos

Desde la teoría evolutiva de Darwin, se ha podido constatar que el ser humano está en constante cambio, es una especie que no se puede entender sin el movimiento y la capacidad para responder a los cambios que el entorno nos propone y con esto, por supuesto, la imperante necesidad de pensar y tender a hacerlo en el marco del existencialismo.

En esta ocasión me parece más preciso hablar de transmutar que de evolucionar, en el entendido de que transmutar en términos etimológicos, significa un cambio rotundo, convertir una cosa en otra, un elemento químico en otro, o bien, que una persona se vuelva otra por diferentes circunstancias, a veces (en muchos casos) por propia voluntad, más que por lo hostil del entorno. Por otro lado, la evolución es en línea recta y ascendente, es la dinámica de la ciencia, de alguna manera se tiende a evolucionar cuando se produce y se desarrolla para la especie, es muy común que cuando se habla de evolucionar sea para bien y se entienda un estado superior al estado inmediato anterior.

En términos generales el hombre (como especie) ha evolucionado, el político (también como especie) evoluciona, se estanca y transmuta.

Hacer un ejercicio de la construcción de un avatar político nos podría llevar algunos textos más, tal vez no pudiésemos acabar con ninguna conclusión precisa, ya que dicho proceso obedece a los arquetipos con los que un hombre está formado y pretende a partir de ahí, participar en política. sin embargo podemos decir que la participación social y el activismo a favor de alguna causa y en beneficio de algún movimiento social, pudieran ser la piedra angular del que pretenda participar en política, de hecho, desde el mismo momento de concebir de manera inmaterial el cambio en algún estado de cosas, ya se hace política. Después, si el hipotético personaje en construcción decidiera continuar el proceso, deberá conforme a lo establecido según los estudios sociales, hacerse de una ideología política que es un juego ético de ideales, principios, doctrinas, mitos o símbolos de un movimiento social, institución, clase o un grupo grande que explica cómo la sociedad debería funcionar; es decir, el personaje en cuestión pasara de su calidad de ciudadano a un “súper ciudadano” puesto que jamás perder (o deberá) perder esa calidad, pero ahora inmiscuido en el arte del hacer, y tal vez investido de alguna representación, deberá atender a lo que El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau decía: “El contrato social consiste en la búsqueda del bien común y de los derechos que han de atribuirse a las personas equitativamente”.

El nuevo político ha evolucionado, ha pasado a un “estado superior” frente a sus semejantes sociales, ahora tiene poder de decisión, sabe que los representa y se debe a ellos, además, ha adquirido conciencia del arcoíris de ideologías y formas de gobierno que le permitirán materializar sus aspiraciones y las de sus representados, ha logrado transitar incluso, a compartir con la sociedad sus ideales y convicciones y ha constituido un grupo fuerte dentro de la comunidad.

El tiempo ha pasado y con él la evolución ha llegado a su fin, los sueños de nuestro “avatar político” han terminado porque se han materializado, ya no existen ideas frescas, el cómodo colchón de confort y los salarios onerosos lo han apartado de su grupo, ya no los representa y ellos ya no lo ven como líder, por el contrario, el siente que le deben y ellos sienten que quedo a deber. Lejos quedaron esos días donde las necesidades de la gente eran el motor que lo impulsaba, lejos quedaron esos días donde le distinguía ser un ciudadano participativo y más lejos aún, quedaron esos días en los que el ahora “encumbrado político” sabía hacer otra cosa que política, sabía por lo menos valerse por sí mismo, ahora sólo queda lo que para él es el siguiente paso, la cereza en el pastel y para lo que tanto trabajo, el próximo puesto, ese que le permitirá asegurar de una vez y para siempre un lugar en la historia de la comunidad, pero a nuestro Avatar algo le falta, de aquel apoyo social sólo queda un reducido equipo de colaboradores que tampoco saben hacer mucho, su única oportunidad es que el proyecto continúe, hay otro problema, el de nuevo candidato ya no es tan joven, ya no está de moda y el superior jerárquico considera agotado su proyecto político, cuando mucho le pretende dar una salida digna, entonces, ya ni sus compañeros de partido lo apoyan mas, se le han cerrado las puertas, más bien él se las ha cerrado, sólo queda TRANSMUTAR.

PARADOJA:

Renovarse o morir en el intento, eso fue lo que pregono el ahora “aspirante” a sus pocos seguidores, a su familia y a su equipo, entero a los medios que padeció terribles injusticias al interior de su instituto político, vocifero por ultimo: “lo único que pedíamos era piso parejo”.

*Cambiar la esencia de uno, es cambiarlo todo; y cambiarlo todo es un contrasentido, es la inminente autodestrucción del político. ■

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