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INTELIGENCIA ARTIFICIAL

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Por: JOSE DE JESUS REYES RUIZ •

Espero que quien lea estas líneas no sea de aquellos que están ya hartos por la enorme cantidad de comentarios dentro de los medios con respecto al tema de la inteligencia artificial. 

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Debo confesar que, como todo lo que concierne a la tecnología (que avanza en forma inexorable en nuestros tiempos), a mí en lo particular me cuesta mucho trabajo entender, pero de los temas que ocupan la llamada IA, supera con creces a todos los demás que poco encontramos en los tiempos que vivimos. La sociedad se ha olvidado un poco de los asuntos de la nanotecnología, tema del que yo poco entiendo y mucho menos de las locuras de las empresas aeroespaciales como las del arrogante Musk de conquistar el espacio con la meta puesta en el planeta rojo, es decir, Marte. 

Mi primer contacto con la IA lo tuve hace más de un lustro, cuando aún acudía a los congresos de neurocirugía en los Estados Unidos, donde se abrían espacios dentro de ellos para tratar otros temas de actualidad tecnológica, de historia o de política, a donde se invitaban a grandes personalidades para platicar durante los encuentros de temas que nada tenían que ver con la neurocirugía. 

Fue dentro de esos espacios donde pude escuchar a gente de la estatura de Gorbachov, deportistas como el controvertido ciclista norteamericano Lance Armstrong o Brian Epstein, constructor del conjunto de Liverpool Los Beatles, dándonos una maravillosa conferencia al respecto, así como muchos más. 

Dentro de este tipo de conferencias, no me olvido de la que impartió el creador y experto en IA; NVIDIA, cuyo nombre no recuerdo. La verdad es que poco entendí del mensaje que nos impartió aquella mañana, pero los elementos que se quedaron grabados en mi mente fueron el de cómo brincaron de los más sofisticados bancos de datos a la realización del proyecto de inteligencia artificial, y la comparación que hizo fue la de cómo en los setentas del siglo pasado la tecnología que se había desarrollado en la empresa de los Beatles (Apple), que dedicaba su enorme cantidad de recursos excedentes para apoyar los caminos de la ciencia y que en su momento conjunto los elementos básicos de los RX con los sistemas entonces existentes de computación con lo que se desarrolló inicialmente la tomografía computarizada, pero que utilizando la misma implementación le siguió el mapeo cerebral, la resonancia magnética y tantos estudios más que vinieron a mejorar nuestro entendimiento del funcionamiento y de las enfermedades no solo del sistema nervioso, sino del resto del organismo. 

Dos cosas de lo que aquella mañana escuché se me quedaron bien grabadas y me hicieron ver un poco del futuro que se avecinaba con este avance tecnológico. Una de ellas, el que nos comentara la realización de un estudio entonces reciente que comparaba la seguridad de un vuelo entre Nueva York y Londres manejado por inteligencia artificial y se comparara con el mismo vuelo pero dirigido por los mejores 5 pilotos de la asociación norteamericana en la materia, y de acuerdo a la información recabada, la seguridad que proveía la IA era 20 veces superior a la de los pilotos, y se hacía, y nos hacía la pregunta de qué tan ético sería en el futuro seguir permitiendo que pilotos experimentados manejaran los vuelos en vez de la IA. El otro ejemplo que al menos a mí me dejó impactado fue el de que habían demostrado que a través de los nuevos sistemas de IA se podría analizar y ordenar la información (ya transformada en forma digital, de una biblioteca de más de 100 mil libros, lo que se podría lograr en un par de semanas) y avanzando porque la meta era lograrlo en un par de días, mientras que al ser humano le costaría años de arduo trabajo. 

Al respecto, todos hemos vivido los tiempos en donde se nos insiste sobre la amenaza de permitir que nuestros datos o nuestra información se entregue de cualquier forma –el respeto a nuestra privacidad–. La realidad es que ni siquiera es tan necesario porque nuestra información prácticamente está en la llamada nube y ha sido ya analizada por la IA de tal manera que ya no es fácil mantener en privado prácticamente nada de nuestra existencia. 

En ello no todo es necesariamente negativo y cuando se hizo realidad la tan malograda reforma judicial y con ello se dio prácticamente la puntilla a la carrera judicial, nosotros propusimos que todo aquel profesional de los asuntos legales que quisiera participar para la elección de magistrados, jueces y ministros aportara todos sus datos y bien podría aportar –como suele suceder– datos falsos como diplomados, maestrías, etc. Esta información sería verificada por los sistemas de IA que corroborarían la información y revelarían qué instituciones de donde se obtuvieron títulos son consideradas patito vs. instituciones formales y si los estudios reportados fueron debidamente completados, así como corroborar calificaciones, experiencias laborales, etc. Y así dictaminar quiénes serían los mejores calificados para realizar una determinada tarea y de estos listados se podría elegir al más capaz y también al más honesto por el bien del país. 

Pero como todos estos sistemas pueden y son de hecho mal utilizados a favor de un sistema neoliberal y capitalista en extremo, en donde beneficiarán solamente a aquellos que tienen más recursos, y qué decir de los conflictos bélicos, cómo serán o cómo ya son utilizados, como ya ha sido ampliamente documentado, que lo hizo “el ejército más moral del mundo”, el de Israel, para destruir selectivamente a los habitantes de la franja de Gaza, encargándose de acabar en forma preferencial la vida de las mujeres y los niños, y ahora van por Cisjordania. 

Los Estados Unidos, por el momento, llevan la delantera con las élites de lugares como Silicon Valley, pero los chinos les siguen de cerca y todo apunta a que pronto los rebasarán –por la izquierda–, por lo que intentan frenarlos a como de lugar y lo hacen acusándolos legalmente de utilizar su información; con la diferencia de que China la utiliza para el bien común –el propio y el de la humanidad entera–, mientras que EU lo hace para volver trillonarios a sus cúpulas empresariales.

Demandas van, demandas vienen, sin olvidar que los sistemas de IA utilizan para su funcionamiento cantidades exorbitantes de agua y de energía eléctrica, tema que abordaremos más adelante. 

En nuestro país, el tema se ha vuelto famoso por el conflicto del examen de admisión de la UNAM, institución que se ha venido cargando a la derecha en los últimos tiempos. ¿Cómo podemos olvidar que un maestro preparado y capacitado gane 120 pesos por clase, mientras que zánganos como Ciro Murayama ganen más de 250 mil pesos, además de múltiples bonos por rascarse el ombligo en la sucursal de la UNAM en Madrid, y ya no le busquemos a personas como Lorenzo Córdova o José Narro? 

La máxima casa de estudios tiene el recurso humano y tecnológico para implementar mediante IA el examen de admisión, pero, como todo en nuestro país, existe el cáncer de la corrupción que se filtra por todos lados. ¿O cómo entender que gastaron más de 40 millones para realizar el examen a 150 mil suspirantes, de entre los cuales tendrían que elegir solo a 20 mil? Y como todo en nuestro país, la empresa hizo las cosas, pero las hizo mal con prácticamente una nula supervisión y muchos de los suspirantes, al fin de cuentas, jóvenes y conocedores de los sistemas digitales, utilizaron la IA para pasar el examen o simplemente lo compraron, y las consecuencias están ahí para ser juzgadas por aquel que tenga ojos y quiera ver, que juzgue en consecuencia.

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