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Francisco reivindicó la Teología de la Liberación

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Por: BERNARDO BARRANCO V •

En diciembre de 2025, el Vaticano dio a conocer fragmentos del prefacio que el papa Francisco escribió para el libro póstumo de Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación titulado: Vivir y pensar el Dios de los pobres. El teólogo peruano falleció el 22 de octubre de 2024.

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Es poco usual que los pontífices prologuen libros y menos aún a un teólogo anatemizado por sus antecesores. En efecto, los pontificados de Juan Pablo II (1978-2005) y de Benedicto XVI (2005- 2013) condenaron con rudeza eclesiástica a teólogos y clérigos que simpatizaron con la teología que optaba por los pobres en Latinoamérica. Gustavo Gutiérrez sufrió una severa persecución de casi 35 años. La guerra fría aplicada por el papa Wojtyla fue implacable con la corriente liberacionista de la Iglesia. Su mayor recriminación era la cercanía conceptual de la Teología de la Liberación con ciertos fundamentos marxistas. Las medidas fueron severas contra obispos, sacerdotes, congregaciones de religiosos y religiosas, seminarios, laicos, centros de investigación, revistas y por supuesto teólogos. Hubo disposiciones de férreo control ideológico, pastoral y teológico.

Por ello, llama la atención que el papa Francisco reconozca, no sólo el aporte teológico y pastoral del sacerdote peruano, sino valore positivamente esta vertiente de la Iglesia católica en América Latina. Bergoglio es cálido y obsequioso con uno de los personajes más emblemáticos de la Iglesia que inspiró un influyente movimiento religioso enfocado en la justicia social y la defensa de los pobres.

En realidad, el papa Francisco en uno de sus últimos escritos, quiso rendir homenaje a Gustavo Gutiérrez, así lo expresó: “Gustavo Gutiérrez, a lo largo de su larga vida, fue un fiel siervo de Dios y amigo de los pobres. Su teología moldeó la vida de la Iglesia y sigue vigente hoy, con una frescura que abre nuevos caminos para el seguimiento de Jesús”. El Papa argentino reconoce que el epicentro del pensamiento de Gutiérrez se encuentra en el Concilio Vaticano II. Citando a Juan XXII quien también deseaba una Iglesia pobre para los pobres.

En contraste, años atrás, en el constante acoso al teólogo peruano, Juan Pablo II utilizó el brazo represor del Vaticano, éste fue la Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo Oficio, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI. Fue uno de sus principales opositores, quien publicó en 1984 la instrucción Libertatis nuntius y en 1986 el texto Libertatis consciente, piezas doctrinales que pretendían decretar y ordenar lo válido para la ortodoxia de la Iglesia y someter filosófica y teológicamente a la pujante teología latinoamericana. Se afirmó que construir un cristo revolucionario iba en contra de las sagradas escrituras.

El momento álgido de censura fue el silencio impuesto al teólogo brasileño Leonardo Boff. En torno a su libro: Iglesia, carisma y poder, el cardenal Ratzinger genera una sanción severa aplicada por el Vaticano en mayo de 1985. La medida prohibía al teólogo brasileño dar conferencias y escribir debido a sus posturas liberacionistas.

La Teología de la Liberación tuvo años de esplendor durante los años 70 y 80 en Latinoamérica. Causó preocupación en las cúpulas del poder vaticano porque no sólo fue un discurso sobre Dios. Fue también un poderoso movimiento social en diferentes partes del continente. Tan sólo en Brasil llegó a aglutinar 90 mil comunidades de base. La entonces llamada Iglesia popular fue percibida con temor por Roma como una potencial “Iglesia paralela” con una vigorosa base social que podría contraponer la autoridad del aparato institucional de la Iglesia.

Para contrarrestar el avance de la Teología de la Liberación, los papas Wotyla y Ratzinger aislaron, sustituyeron a los actores claves y nombraron a obispos conservadores. Favorecieron a los movimientos tradicionalistas como los Legionarios de Cristo, Sodalicio, Opus Dei y movimientos carismáticos. Resulta paradójico que Juan Pablo II otorgara al Opus Dei un estatus tan especial que resultó una Iglesia dentro de la Iglesia bajo la figura de la prelatura personal, contradiciendo el recelo a la Iglesia popular como paralela.

El papa Francisco trata a Gustavo Gutiérrez en el prefacio del libro con ternura. Y se reconcilia con esta gran corriente eclesial que fue perseguida y maltratada. Ahí afirma lo siguiente: “… en este último libro, Gustavo nos ofrece una vez más los frutos de su compromiso, su oración y su reflexión. Quiero destacar en estas páginas su profunda y perdurable fidelidad a la Iglesia a lo largo de su camino. Una fidelidad vivida con humildad, a veces con dolor, y fundamentalmente con libertad. Ya en la década de 1960, las inquietudes teológicas de Gustavo fueron surgiendo gradualmente a través de su historia personal, sus estudios y su labor pastoral”.

Los tiempos han cambiado. La guerra ideológica de la posguerra tiene otros tintes de aquellos que obsesionaron a Juan Pablo II. La Teología de la Liberación está lejos de extinguirse. Mientras existan exclusión e injusticia, estará vigente.

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