Las nuevas amenazas de Donald Trump de dar por terminado el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) confirman una realidad que durante años se intentó ignorar: ninguna estrategia de desarrollo puede descansar sobre la voluntad política de un solo gobierno extranjero. Cuando el mandatario estadounidense afirma que “México y Canadá nos necesitan; nosotros no los necesitamos a ellos”, no sólo exhibe una visión unilateral de las relaciones internacionales, sino que recuerda la fragilidad de un modelo excesivamente dependiente del mercado estadounidense.
Frente a esa retórica conviene evitar el alarmismo. La respuesta del gobierno mexicano de actuar con prudencia y mantener la cabeza fría ha dado resultados. Mientras desde Washington se multiplican las amenazas, las exportaciones mexicanas mantienen un desempeño sólido, el peso ha conservado una estabilidad destacable frente al dólar, la inversión extranjera continúa llegando y la balanza comercial presenta indicadores favorables. Los hechos muestran que la economía nacional posee fortalezas mayores de las que algunos pronosticaban.
No obstante, el episodio obliga a mirar más allá de la coyuntura. Si el propio mecanismo de revisión del T-MEC contempla un proceso que podría conducir a su desaparición en la próxima década si no existe consenso entre las partes, México debe prepararse desde ahora para cualquier escenario. Diversificar mercados dejó de ser una aspiración para convertirse en una necesidad estratégica.
En ese contexto, resulta pertinente profundizar la relación económica con los países del bloque BRICS y explorar las oportunidades que ofrece un mundo cada vez más multipolar. La experiencias de México y otros países demuestran que un Estado capaz de planificar sectores estratégicos, fortalecer la industria nacional, impulsar la innovación tecnológica y ampliar su mercado interno puede reducir significativamente su vulnerabilidad externa sin renunciar al comercio internacional.
La soberanía no se proclama: se construye. Y hoy pasa por garantizar la autosuficiencia alimentaria, fortalecer las cadenas productivas nacionales, desarrollar capacidades industriales propias y ampliar las alianzas comerciales. Las amenazas de Trump no deben provocar miedo; deben acelerar la transición hacia una economía más diversificada, resiliente y soberana.



