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En los bordes del silencio… la intimidad de tu mirada

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 694 / Arte

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Por Álvaro López Limón 

Los escultores griegos se acercaron a la perfección, su técnica creó esculturas tan bellas como el cuerpo humano. Algunos individuos llegaron a extremos inimaginables. Luciano de Samosata nos cuenta sobre el pervertido de Cnido, que intentó tener relaciones con la escultura de la Venus de Cnido en un templo. Sin embargo, hay una historia conocida como el enamoramiento de una escultura, es el caso de Pigmalión. Ovidio (43 a. de C. – 17 d. de C.) nos cuenta en su obra “Metamorfosis” X. La historia de un escultor que, desilusionado de las mujeres, esculpe una estatua femenina de marfil –un ideal de mujer– tan perfecta que, con el tiempo, terminó enamorándose de la estatua. Narra que durante las fiestas de Afrodita, Pigmalión fue al altar y, aunque con cierto temor, pidió su intervención, a la diosa del amor, la petición fue, que le diera una esposa igual a su recién creada estatua. La diosa, conmovida por la fe y el amor de Pigmalión, hace que la estatua cobre vida; de tal suerte que al regresar a su casa, Pigmalión, en un arrebato de éxtasis, por la perfección de la figura, se lanzó a besarla y justo, en ese preciso instante, sintió los labios de piedra humedecerse, y al tenerla entre sus brazos, sintió que el peso del mármol poco a poco se hizo de carne. Se casa con esta mujer, a quien se refiere como Galatea, y con quien procrea hijos. 

Expresado el antecedente, en esta ocasión, presentamos una sorprendente pintura llamada Pigmalión y Galatea de 1890. Un diálogo entre la escultura y la pintura. Una obra de Jean-Léon Gérôme, en la que destaca el manejo impecable del dibujo, precisión anatómica y uso estratégico de la luz. El interés de Gérôme se sitúa en el acto de transformación, en el momento en que el marfil adquiere un color más carnoso y da pie, a partir de un beso, a un significativo encuentro entre el artista y su creación. La pintura está cargada de simbolismo, desde la presencia de cupido (Eros) –de un amor que hace posible la metamorfosis– pasando por los objetos presentes en el taller del escultor, que son, por un lado, estatuillas que sugieren los conceptos de modestia, maternidad, vanidad de las mujeres; y por el otro, máscaras teatrales y escudos, sabemos que ambos grupos de objetos, contribuyen a la narrativa y al significado de la obra y que son una clara referencia a la escultura, a la mitología y al arte. Pero, lo que está en el aire, es el acto único, irrepetible e íntimo que se expresa desde los bordes del silencio… hasta la intimidad de una mirada que da vida.

*Unidad Académica de Estudios de las Humanidades UAZ.

Referencias
Ovidio Nasón, Publio. Metamorfosis. Texto revisado y traducido por Antonio Ruiz de Elvira. Texto, notas e índice de nombres por Bartolomé Segura Ramos. Edit. C.S.I. C. Madrid 1988.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_694

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