La Gualdra 678 / José de Jesús Sampedro / Literatura
“La suave Patria” es un poema único entre nosotros. Único e irrepetible. En efecto: originalmente publicado dentro de las casi siempre esmeradas páginas de la revista mexicana El Maestro, hacia el ahora ya remoto año de 1921, ni lo que dice el poema ni la manera en que lo dice han vuelto a manifestarse nunca a un nivel semejante aunque de cuando en cuando leemos o escuchamos ostentosos o humildes textos cuyo propósito último consiste en presentársenos bajo un matiz de raigambre patrio que (semántico o sintáctico maleficio) termina luego convirtiéndose en patriotero. Más prolijo aún lo explica el crítico Marco Antonio Campos: “Sus imitadores [de ‹La suave Patria›, se entiende] nos han castigado con una imaginería de aldea o una mexicanidad de aparador, como si exaltar el sarape de Saltillo y la loza de Tonalá, los rebozos de Santa María y los bordados aguascalentenses, les dieran carta de poetas nacionales”. Ello resulta así porque Ramón López Velarde descubrió o percibió no una Patria externa, sujeta a los obtusos vaivenes de costumbrismo e historicismo que reivindica tanto nuestro contemporáneo sistema educativo, sino una Patria interna, íntima, mestiza y criolla, “castellana y morisca, rayada de azteca”, como él mismo lo dice en otro de los momentos claves de su obra. Es decir: descubrió o percibió no una Patria ficticia, de oropel, sino una Patria justo a la medida de nuestra discreta (o secreta) magia cotidiana. Todas y cada una de las líneas de que consta entonces “La suave Patria” constituyen verdaderas ráfagas de sentido transmutadas de inmediato en metáforas (“pájaros de oficio carpintero”, o “la galana pólvora de los fuegos de artificio”, “a tu nopal inclínase el rosal”, o “la lujuria y el ritmo de las horas”, etcétera) que nos conmueven, que nos fascinan. No en balde acota el también crítico José Emilio Pacheco que Ramón López Velarde experimenta un amor mayormente erótico que filial por la Patria: “[…] le habla como si fuera una muchacha que tiene ‹mirada de mestiza›, capaz de poner ‹la inmensidad sobre los corazones›, cabello rubio (el maíz que nos alimenta y a la vez torna en desierto la tierra que lo nutre)”. En síntesis: “La suave Patria” no es sino un modélico poema que traduce nuestra más profunda y nuestra más extensa idea de la Patria. De la inasible idea de la Patria. De la indeleble idea de la Patria. Volátil, fija.
* 10 de noviembre de 2008. Texto publicado en la agenda de promoción cultural y turística “La suave Patria”, dedicada a Ramón López Velarde, en Zacatecas, 2009.
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