La Gualdra 678 / José de Jesús Sampedro / Literatura
A José de Jesús Sampedro
(mañana)
A la cima del monte llegan rumores, gritos, campanadas. El cielo es azul y el viento, el vieento, el vieeento, alza las alas y alza la ciudad y en el muro del horizonte la ilustra como grabado del siglo dieciséis.
Anoche, en el café de La Mina, un hombre contaba con voz que el bosque y la tierra hicieron áspera, que estaba satisfecho de la vida, que repetiría la vida paso a paso, que la felicidad podía leerse en las cicatrices de su rostro. Lo oías con los ojos bien abiertos, y a punto de llorar, dijiste: “Mira, yo al principio creí, pero hoy, mira…”
(mediodía)
En el jardín me dices que si revelaras el canto de los pájaros aprenderías a volar.
(atardecer)
El cielo róseo es la sombra de la casa más alta.
(noche)
Ves desde la plazoleta la iglesia de Santo Domingo y detrás de la iglesia el monte encendido. Tal vez sea la última vez que no regreses. Has amado esta ciudad como si fuera casi tuya, como si el odio de los otros fuera un deleite más para que fuera casi tuya.
Y en la ciudad del viento regresa con el viento una mujer llamada Eugenia y no sabes si es a ella a la que amas o a la adolescencia admirable que fue ella. Más que imágenes de ahora, que la has vuelto a encontrar, te vuelven imágenes del otoño triste del ’66 y de la primavera del ’67, y repites con voz que solamente no oyes: “El cuerpo no es el mismo, el mundo no es el mismo, nada, nada se parece a lo que fuimos, nada…”
1982



