La Gualdra 730 / Desayuno en Tiffany´s, mon ku / Cine
El presidente municipal (Silverio Palacios) le explica a su creador audiovisual el proyecto de hacer una película del municipio: Que tenga suspenso, un thriller, amor, chichis, drama, mucho drama, terror, peleas, pasión, alegría, felicidad, con los gringos pero de malos que sean los de la CIA pero esta vez que pierdan porque ellos nunca pierden, esta vez sí van a perder, una historia como ésa de un tal Jones, de ése que anda con su casco y mochila buscando tesoros. La actriz, sí, que sea la joven sensación pop del momento “Melina”, y el actor “mi hijo” para que se enamoren.
Responde el director de la película, jefe de sus redes sociales y creador audiovisual: lo que más vende en el cine son las comedias románticas. Entonces la joven estrella cansada del asedio de los medios huye a esconderse a un pueblito de la provincia. Ahí conoce a un guapo provinciano y se enamoran, y ella redescubre la verdadera humildad. Eso siempre funciona.
El presidente municipal: No, no, no.
Esta transcripción parafraseada de los diálogos (no retuve todo textual en el cine) es el arranque del drama de la comedia paródica de Carlos Santos, Loco México mágico. Película que se botanea del esencialismo mexicano del “Sí se puede”.
Exhibida este mes de agosto en las grandes cadenas de cine mexicanas (Cinépolis y Cinemex) es estelarizada por Silverio Palacios, Sofía Carrera y Daniel Sosa. En el municipio de Alvarado, Veracruz, el ambicioso presidente municipal quiere ser el elegido por el gobernador del Estado para ocupar la sucesión en la gubernatura. En esa ambición, él echará a andar el plan de una película que le dé publicidad y detone el turismo, porque el turismo es la gran fuente de riqueza en México. No será ningún problema desviar dinero o sacarlo de donde sea para pagar la producción y sobornar a la manager de la superestrella, ni tampoco lo será conseguir el apoyo del pueblo para los extras y el crew técnico gratuito.
El título, la banda de anuncio, los personajes y los tonos de la fotografía hacen inmediatamente pensar que se trata de una comedia de picardía política, al estilo de La ley de Herodes. Los 15 primeros minutos lo van confirmando: el político inculto y ambicioso, las achichincles lamebotas y agachones. De repente la linealidad se rompe con el inserto de un concierto de la cantante popera. A partir de aquí, la película se rompe y pareciera que va por todos lados sin sentido, o por todos los géneros que el presidente municipal quería.
Lo que hace Santos es jugar con las condensaciones narrativas y los clichés de los géneros cinematográficos tan explotados en Hollywood.
Dos de ellos son los más notables:
- Los personajes evolucionan rápidamente y al cabo de unas cuantas escenas sufren metamorfosis. Lo que en una ficción clásica lleva unos 90 minutos -el cambio de actitud, de moral o de pensamiento del héroe- aquí sucede de inmediato. Y no sólo es uno el que cambia, sino todos -y son varios- los que lo hacen.
- Esto provoca el segundo cambio, en lugar de definir la película en un cajón clásico de los géneros, las evoluciones de los personajes provocan modificaciones de los tonos del género.
Estas dos cualidades hacen que el espectador no se sienta atrapado en una sola historia o sienta empatía en un solo personaje. A esto hay que agregarle que cada vez es más difícil al espectador quedarse 90 minutos sin usar el teléfono y sin ver otros contenidos.
Esta película forma parte de la ola de cine, ahora tan evidente, de este año que se hace un eco de la creación del cine, o bien más literariamente definido: las puestas en abismo del hacer cine.
Una grata sorpresa ver este cine en las salas comerciales. Alejada de la simple comedia urbana.
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