El miércoles pasado, José Manuel Salazar, secretario ejecutivo de la Cepal, y Leonardo Lomelí, rector de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), presentaron el informe Rupturas y oportunidades: Propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica. En el escenario privilegiado del Colegio de San Idelfonso, se nos ofreció un documento de excelencia configurado por una comisión internacional convocada por la Cepal y copresidida por la valiente y valiosa Michelle Bachelet, quien acompañó la presentación de este fundamental planteamiento.
No ha sido ésta, por fortuna, la primera vez que Cepal y UNAM promueven ideas y propuestas para abrir brechas y llevar a esta fantástica región a mejores rumbos. Tampoco lo es advertir que este robusto documento se inscribe de manera natural en la trayectoria del pensamiento cepalino que, desde su nacimiento, ha reflexionado –y llamado a reflexionar– en torno al desarrollo, siempre inscrito en la perspectiva, tensiones y oportunidades que abre un mundo siempre en movimiento y transformación.
Fue de esto y más que se habló en San Idelfonso, y seguramente se seguirá hablando buscando guías para la acción conjunta, frente a la turbulencia global a que nos lleva la maraña endeble de nuestra institucionalidad y el avance de la revolución científica y tecnológica.
Rupturas y oportunidades… es un documento bien sustentado, riguroso y, desde luego, oportuno de cara a un contexto geoeconómico y geopolítico en movimiento. Así, se reconoce que si bien las grandes transformaciones no están bajo el control de América Latina, la región cuenta con activos que, sin subordinaciones o sometimientos, pueden serle fundamentales para un actuar soberano que le aleje de ser un pasivo observador. “Nada de lo que se propone es fácil, pero todo lo que allí se propone es posible”, apunta José Manuel Salazar.
El informe no se limita a ofrecer un bien elaborado diagnóstico, sino que ofrece estrategias y recomendaciones de política para poder navegar en un contexto inestable. Asimismo, señala posibles rutas que apunten hacia una transformación productiva basada en el fortalecimiento de la cooperación y la integración, sustentada en una gestión soberana y sustentable de los recursos estratégicos.
“El orden mundial ha experimentado importantes transformaciones en las últimas décadas (…) entre 1990 y 2024, la participación del Grupo de los Siete (G-7) en el PIB mundial (…) descendió de 45 por ciento a 30 por ciento, mientras la del Brics aumentó de 23 por ciento a 42 por ciento, y la del Sur global en su conjunto se elevó de 42 por ciento a 61 por ciento”, se anota en el documento y agrega:
“Aunque este cambio geoeconómico ha sido relativamente gradual, recientemente ha dado lugar a cambios geopolíticos acelerados (…) ha dado paso a una nueva etapa caracterizada por la rivalidad estratégica, la interdependencia instrumentalizada, una gobernanza fragmentada y una cooperación multilateral debilitada. La magnitud y la velocidad de estos cambios son tales que un término (…) para describirlos sería ‘rupturas’”.
La Cepal nos convoca de nuevo a entender y atender los vínculos entre las economías desarrolladas y en desarrollo, lo que ayer se designaba relaciones entre el centro y la periferia que, a su vez, nos remite a la tradición estructuralista iniciada por don Raúl Prébisch.
A partir de las ocho rupturas que identifica el informe (reconfiguración de la globalización; deterioro del multilateralismo y la gobernanza global; consolidación del poder multipolar; mayor peso de poder blando; erosión de las democracias; aumento de las polarizaciones; pérdida de confianza en las instituciones; manipulación digital y crecimiento sin descontrol de la inteligencia artificial; retroceso de los derechos, así como el cuestionamiento y desconocimiento de los acuerdos climáticos), la Cepal considera cuatro posibles escenarios: reconfiguración multipolar, fragmentación geopolítica, polarización sistémica, y reconfiguración del multilateralismo impulsado por potencias medias.
Este nuevo y estimulante “informe cepalino”, promovido con rigor y brillantez por la UNAM y su rector, es una guía para navegar por las procelosas aguas geopolíticas y económicas que cruzan el mundo y, desde luego, condicionan a nuestra región la que, sugiere la comisión, debe diversificar alianzas y fortalecer capacidades lo que implica arreglar la casa. Dicho con palabras del documento: “fortalecer la capacidad del Estado para una gobernanza (…) reestablecer la confianza y la legitimidad institucional; construir consensos mínimos en un escenario polarizado, y hacer frente a la expansión del crimen organizado”. Sin olvidar, como bien se subraya, que “el éxito de cualquier estrategia de desarrollo depende de capacidades estatales sólidas, legitimidad política, buena gobernanza y respeto al Estado de derecho y los derechos humanos”.



