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Morena y la nueva praxis de la derecha

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Durante 71 años ininterrumpidos, y sin alternancia política, México fue gobernado por el PRI y sus ancestros. Ya en la alternancia con el PAN (12 años con Vicente Fox y Felipe Calderón), gobernó 6 años más con Enrique Peña Nieto. 

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Desde su arribo al gobierno, el PAN hizo propios los usos y costumbres priístas, por lo que en realidad esa vieja clase política se mantuvo en el gobierno durante 89 años. De no haber sido por el triunfo de Morena con Andrés Manuel López Obrador y luego con Claudia Sheinbaum Pardo, esa clase gobernante estaría por completar 101 años.

El dicho popular dice que «no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”. México soportó 71 años ininterrumpidos y 6 adicionales dentro de la alternancia. Tiempo suficiente para confeccionar una cultura política entre militantes, pero también entre el grueso de la sociedad civil. No implica que esa identidad se haya mantenido lineal. Valdría la pena reflexionar sobre ese fenómeno sin despegarlo de la realidad económica porque, a no dudarlo, creó una escuela que en el seno del PRI se cursaba de manera formal y, en la práctica, la vivían todos los actores políticos.

No es del todo falso cuando se acusa que Morena es el nuevo PRI. Tampoco lo es que el PAN (que es más anciano) sea un PRI empanizado. Las coincidencias actuales entre los dos partidos longevos (PRI y PAN) son acentuadas en su práctica política, en los intereses que representan, las relaciones que establecen y en la concordancia que tienen con el patrón de crecimiento económico que desde Miguel de la Madrid Hurtado (1982) dio un giro hacia el neoliberalismo. Este, al trasplantarse, subordinó nuestra economía a la estadounidense, también al pensamiento y comportamiento político. La senectud de los dos partidos políticos principales sucumbió a sus valores, principios, tradiciones, costumbres y dependió de la línea económica, política, ideológica y de la propaganda extranjera.

Si dijeran que Morena es el viejo PRI del general Lázaro Cárdenas del Río, se acercarían mucho a describir al partido político cuya fundación fue encabezada por AMLO. Pero, también debe aceptarse que el PRI que encabeza Alejandro (alias “Alito”) Moreno Cárdenas se ha desfigurado tanto que ni siquiera se parece a los inicios del conservador Partido Acción Nacional, cuya fundación fue encabezada por Manuel Gómez Morín. Ha traspasado esos límites, ha retrocedido en el contenido de sus principios, se ha desmasificado, perdió su capacidad corporativista y ya sólo es un apéndice ideológico y político de los sectores más injerencistas, intervencionistas y colonizadores del gobierno gringo. Auténticos cabilderos, títere o marioneta del imperio gringo.

El PAN también ha terminado en los brazos de los extranjeros; no sólo defienden el modelo de subordinación económica, ellos mismos han adquirido un pensamiento cargado de intereses extranjeros y perdido su nacionalidad, su identidad mexicana. En ambos casos, PRI y PAN, tienen como vínculo con el extranjero la corrupción, la ejecución de tareas ideológicas y propagandistas dictadas desde la mafia del poder imperial y hacen de la mentira su método político.

El dolor de la derecha queda de manifiesto cuando se exige información oportuna, veraz, plural y derecho de réplica. Sin la mentira, distorsión, descontexto o medias verdades, las campañas diseñadas desde el exterior no tienen los efectos deseados. Así, en los monopolios de la comunicación, las redes sociales y las audiencias se han convertido en feroces campos de batalla.

En ese contexto, el partido Morena tiene tareas intelectuales y prácticas por resolver. No debe dejar a la presidenta Claudia Sheinbaum todo el trabajo del debate político; no debe circunscribirse a la afiliación y organización electoral. Morena debe discutir la organización para consolidar y profundizar la transformación. Eso significa concientizar, formar y movilizar desde su militancia.

Igualmente, debiera poner límites al ingreso de políticos de formación conservadora, a los que promueve a cargos de elección popular, a los que vuelve cara visible de un movimiento que no entienden, del que no están convencidos y cuyas prácticas actuales y de su pasado arrastran el conservadurismo que se combate.

En personajes tan encumbrados, como sucede con los hermanos Monreal (por poner un solo ejemplo), hay evidencias de no coincidencia con los propósitos del Movimiento de Regeneración Nacional, como el combate a la corrupción, la no reelección, el nepotismo, el uso de la propaganda y el marketing político por encima de la transparencia, la rendición de cuentas y la más amplia información.

El uso de prácticas políticas, como la distorsión, traición y la mentira con fines arribistas, golpeteo y beneficio personal, no son otra cosa que la reproducción de la cultura política que debe ser combatida y desterrada desde las filas de un movimiento que se propone profundizar la transformación de México.  Nos leemos el próximo sábado.

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