Hay instituciones que guardan la historia y transforman la vida de sus habitantes. La Bicentenaria y Benemérita Escuela Normal «Manuel Ávila Camacho» (ByBENMAC) pertenece a ambas categorías. Este 17 de septiembre celebra 201 años de existencia, más de dos siglos formando docentes para ciudades, comunidades rurales y regiones apartadas de Zacatecas y del país.
Es ocasión de reconocer una historia vinculada con la construcción del derecho a la educación. Detrás de cada docente formado en sus aulas existen generaciones de niñas, niños, adolescentes y familias acompañadas y, muchas veces, transformadas por la escuela pública.
La historia comenzó durante los primeros años del México independiente. El 4 de marzo de 1825, el Congreso Constituyente de Zacatecas decretó el establecimiento de una Escuela Normal de Enseñanza Mutua, denominada Escuela de la Constitución. El decreto se publicó el 12 de marzo y el 17 de septiembre quedó como fecha fundacional de una institución pionera del normalismo en México y América Latina.
No fue casual que una de las primeras decisiones del naciente Estado estuviera relacionada con la formación de docentes. En una sociedad con enormes desigualdades y escasas oportunidades para acceder al conocimiento, preparar preceptores significaba multiplicar la enseñanza. Mediante el sistema lancasteriano, los alumnos más avanzados apoyaban el aprendizaje de sus compañeros, una respuesta a la falta de maestros y a la necesidad de ampliar la instrucción pública.
Una institución con esta herencia
debe convertir su memoria en
impulso para investigar, innovar
y defender la educación pública
A lo largo de 201 años ha atravesado conflictos, reformas educativas y diferentes maneras de comprender la infancia y la enseñanza. Cambiaron sus nombres, sedes, planes de estudio y formas de organización, pero su misión social permaneció.
Forma profesionales mediante las licenciaturas en Educación Preescolar, Educación Primaria, Educación Física, Inclusión Educativa y Enseñanza y Aprendizaje en Telesecundaria. Esta diversidad explica su presencia, pues sus egresadas y egresados tienen la enorme responsabilidad de acompañar los primeros años de vida, favorecen la alfabetización y el pensamiento científico, promueven el desarrollo corporal y emocional, eliminan barreras para el aprendizaje y atienden a adolescentes de comunidades donde la telesecundaria puede ser la única posibilidad de continuar estudiando.
La historia de la ByBENMAC también está escrita fuera de su edificio, como los jardines de niños, primarias, telesecundarias, servicios de inclusión, canchas y escuelas multigrado; en las comunidades que reciben a sus estudiantes durante las jornadas de práctica y en cada familia que ha confiado la educación de sus hijas e hijos a un docente normalista.
La antigüedad por sí sola no garantiza trascendencia. Honrar esta historia implica responder a las desigualdades educativas, la violencia, la ruralidad, la migración, el desplazamiento forzado, la discapacidad, la diversidad cultural y lingüística, la brecha digital y las nuevas formas de aprender. Una institución con esta herencia debe convertir su memoria en impulso para investigar, innovar y defender la educación pública.
Este aniversario también puede fortalecer el sentido de pertenencia. Ser parte de la ByBENMAC no significa únicamente estudiar o trabajar en ella. Significa integrarse a una comunidad que ha asumido durante más de dos siglos una responsabilidad pública: formar a quienes educarán a las siguientes generaciones. Cada estudiante, docente, trabajador, egresado y jubilado resguarda una parte de esa historia y contribuye a lo que se escribirá de ella en el futuro.
Que la conmemoración renueve el compromiso con las infancias, las juventudes, la escuela pública y las comunidades que más necesitan de la educación para ampliar sus horizontes. La ByBENMAC representa 201 años abriendo aulas, formando docentes y haciendo posible un derecho del que dependen muchos otros. Toda la comunidad es historia, es parte del presente y del futuro de la educación pública.



