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Los verdaderos rostros de la traición

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Por: ÁLVARO GARCÍA HERNÁNDEZ •

Personalmente lamento mucho ver el verdadero rostro de distintas personas cuando se trata de enfrentar eventos un tanto ásperos de nuestra vida profesional; definitivamente existen personajes que no valoran la amistad y la confianza que en determinados momentos se brinda en razón del tiempo y los distintos eventos que nos han hecho coincidir por decisión del Gran Arquitecto del Universo. Siempre he interpuesto la buena voluntad en todas mis relaciones personales y profesionales; nunca he sido el que da el primer golpe, pero eso sí, me defiendo después del primer porrazo y nunca vuelvo a ofrecer mi amistad y mi confianza, pero no todos pensamos igual pues muchas personas masculinas y femeninas van trepando como chimpancés entre las ramas de los árboles pisando a otros para escalar peldaños, encubriendo su falta de carácter con múltiples facetas. Lo expreso ahora porque esta columna que tiene casi quince años, me ha servido como foro de denuncia, reclamo y reflexión y, afortunadamente los años de servicio y de trayectoria profesional me han hecho alejarme de este tipo de especímenes que desafortunadamente me encuentro cuándo bajo mis estándares en mis relaciones personales y, no es que me sorprendan, más bien espero la ocasión para descubrir su verdadero rostro y confirmar lo que mi intuición de brujo me dice; personalmente me cuestiono sobre el futuro de estas personalidades pues no sé si con su actuar negligente y traicionero, piensen ser ejemplo para sus hijos o si consideren ir defraudando confianzas para forjarse un futuro brillante. Es muy lamentable que desde distintos ámbitos, incluyendo los familiares en dónde nos unen lazos de sangre, nos encontremos caricaturas de seres humanos que pretenden encumbrarse pisoteando, saqueando, traicionando y engañando a los que su capacidad intelectual (que sin duda es poca) les alcance como si fueran inmunes al karma y al castigo divino. No sé realmente que les pase por su cabeza carente de materia gris o qué los motive a ser traidores y desleales; al respecto, Dany Oviedo Marino establece que la traición es uno de los actos más universales y condenados en la naturaleza humana, según Oviedo, a lo largo de los siglos, se ha transformado en un tema recurrente en la literatura, la filosofía, la política y, por supuesto, en la vida cotidiana y, a la pregunta ¿Qué significa traicionar? señala que en su forma más elemental, puede definirse a la traición como el quebrantamiento de una lealtad o confianza, sin embargo, su significado se enriquece cuando se contextualiza en situaciones de poder, amor, o incluso en las relaciones más personales. Para Oviedo, es en su dimensión más compleja donde la traición adquiere una carga emocional, moral y filosófica significativa y, lo que la convierte en un acto tan devastador, es la naturaleza de la confianza que se ha violado. El concepto de traición implica, en cierto sentido, una expectativa de lealtad que es transgredida por quien tenía la responsabilidad de protegerla. Oviedo considera igualmente que en el ámbito político, por ejemplo, la traición se asocia con actos de deslealtad hacia un líder, un pueblo o incluso una ideología. En este contexto, la traición es entendida como una ruptura del pacto social o de las promesas hechas en nombre de un bien común. Oviedo retoma un ejemplo clásico de este tipo de traición, según relata, en la historia de Bruto y su decisiva implicación en la muerte de Julio César, en el año 44 a.C., cuando Bruto, el hijo adoptivo de César, participó en su asesinato, lo hizo no solo por razones de poder, sino bajo la justificación de que César había traicionado la República Romana al proclamarse dictador perpetuo. Para Bruto, la traición era un acto de salvación para Roma. Sin embargo, la historia nos ha dejado claro que su traición, lejos de ser un acto heroico, fue un factor que contribuyó al colapso final de la República. Dentro de los orígenes psicológicos que tiene la traición, están el miedo a la vulnerabilidad, el deseo de poder o control, la impulsividad o falta de empatía y, la poca madre. Quiero aclarar que el motivo de mis líneas no es más que recalcar lo despreciable que son este tipo de actos y personas, quienes no escalan en mi vida, con tan solo regresar a mis estándares personales, más bien soy yo el que se baja al fango de vez en cuando para ver como pululan los gusanos, pero no pasa de ahí. No pasa nada.

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*Director general de la Asociación Nacional 

de Procuradoras, Procuradores, 

ex Procuradoras y ex Procuradores de 

Protección de Niñas, Niños y Adolescentes

[email protected]

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