El día de hoy me permití leer –no sin cierta náusea– a Sergio Sarmiento, extra derechista que escribe sobre la crisis migratoria de CEUTA y reporta que se trataba de una migración exclusivamente de marroquíes en terriblemente malas condiciones económicas que huían de la miseria.
En realidad, el problema es mucho más complejo de como lo describe este periodista; se trata, desde mi particular punto de vista, de un evento programado desde las alturas del olimpo del imperio, no solo el que habita la Casa Blanca, sino también del rey de Marruecos –otro imperio fallido–, Mohamed VI, y su gran amigo, el genocida Netanyahu, y las razones para haber orquestado todo este movimiento migratorio eran en esencia perjudicar primero al gobierno de izquierda español de Pedro Sánchez, quien se ha convertido en uno de los enemigos principales de Trump por varias razones que expondremos más adelante.
Tal vez sea importante primero aclarar que la reciente visita del presidente de España a Argelia, apenas en julio del presente año, incomodó en forma importante al archienemigo de este país productor de gas y petróleo, que es el gobierno de Marruecos. La idea de esta visita era la de acordar el suministro de energéticos del país norteafricano a España, pero no solo eso, sino el de analizar entre las dos naciones la situación geopolítica del Sahara Occidental, nación que el gobierno de Marruecos desconoce y a donde quiere extender y ocupar el territorio actualmente formalmente independiente, y que resultó en el principal conflicto entre ESPAÑA y MARRUECOS; por cierto, los dos gobiernos monárquicos, uno con clara tendencia parlamentaria democrática y el otro partidario de una monarquía absolutista.
Pero España, con el conflicto del Medio Oriente impulsado por el sionismo internacional, que tal parece que decide los destinos de los Estados Unidos, se ha negado radicalmente, no digamos a apoyar el conflicto, sino que se ha opuesto a que los ejércitos norteamericanos utilicen sus bases dentro del territorio español para lanzar ataques hacia Irán y Palestina –Franja de Gaza–, pero no solo eso, tampoco para permitir que sus naves se puedan reabastecer del combustible que requieren dentro de este conflicto bélico.
Bajo este escenario, el SEÑOR NARANJA, conjuntamente con el GENOCIDA NETANYAHU y su compadre MOHAMED VI, armaron todo un escenario que tenía la intención de actuar sobre varias bandas y promocionaron en las redes la falsa noticia de que España iniciaría el proceso de legalizar a los migrantes norafricanos que pisaran suelo español, pero no solo fueron las redes; MOHAMED armó todo un andamiaje que involucraba también vehículos para transportar a aquellos que bajo engaño o conscientes de la realidad quisieran aprovechar la oportunidad.
De esta forma, a finales del mes de julio, aproximadamente 73 mil migrantes se desplazaron por tierra y por mar hacia la vecina ciudad española, un enclave en el norte de África, para llegar a ella casi como una invasión.
Bien vale la pena informar para aquel que no conozca de la geografía y la geopolítica de la región, que España conserva dos enclaves en el norte de África localizados al este de Marruecos; son dos pequeñas ciudades, CEUTA Y MELILLA, esta última más pequeña que la primera, que no tiene más de 100 mil habitantes, con lo que nos podemos imaginar lo que para ellos representa la invasión brusca de 73 mil migrantes, EL CAOS TOTAL.
Las imágenes del incidente le dieron la vuelta al mundo y era impresionante ver las playas entre Marruecos y Ceuta invadidas por miles de personas de todas las edades nadando e intentando aferrarse a la costa de las pequeñas ciudades españolas.
Esta invasión programada desde el pensamiento insano, por decir lo menos, de los personajes antes mencionados no se desarrolló sin incidentes; actualmente se conoce que un centenar de seres humanos perdieron la vida en este intento que las élites sabían no los llevaría a ningún lado.
La reacción de toda Europa, que se dejó llevar por el incidente, fue desproporcionada. Se llamó a una ALARMA MIGRATORIA, se insistió en cerrar las fronteras para impedir el libre paso de personas dentro de la UNIÓN EUROPEA, se propuso marginar a ESPAÑA, a quien se consideró responsable del incidente. La mayoría de las naciones europeas reaccionó en forma desproporcionada al incidente; vamos, hasta los países nórdicos, siempre conscientes de una realidad que no es la que pintaba el incidente, reaccionaron en contra de España, que no de Marruecos ni mucho menos de TRUMP y su compinche –más pinche que con- Netanyahu. Pero quien mostró una actitud total y absolutamente histeriforme fue la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, respaldada por la cúpula del gobierno de Dinamarca. Su respuesta fue caótica y, claro, muy desafortunada, una de estirarse los cabellos pensando que Europa estaba siendo invadida por los salvajes africanos sin entender que se trataba solamente de una puesta en escena, pero al final de cuentas mostraron el cobre, como se diría por acá, con esa desproporcionada reacción.
Tampoco podemos ignorar que la respuesta del propio presidente de España también fue desproporcionada en los momentos iniciales, pues claramente no se esperaba esa arremetida de migrantes a los enclaves españoles del norte de África y sobre todo porque sus leyes migratorias les obligan a realizar una investigación minuciosa de cada migrante que pisa tierras españolas, pero rápidamente se dio cuenta de que el segundo día de la invasión más de 70 mil migrantes regresaron a tierras marroquíes y que solo lidiarían con un porcentaje bajo de aquellos que habían llegado por tierra o nadando a su territorio.
Esto, claro, le sirvió a Marruecos para demostrar que pueden alterar el estatus de la república que actualmente es su enemiga porque defiende la República Democrática del Sahara Occidental, territorio que insisten les pertenece, pero además por su acercamiento a su principal enemigo, ARGELIA. No podemos ignorar que existen otros dos personajes que ganan con este evento inesperado; uno de ellos es el jefe del imperio, que desde su salón oval reproduce las grotescas imágenes de la migración y que las está utilizando ya como campaña en el sentido de que, si triunfan los demócratas en las elecciones de noviembre, eso es lo que le espera a los Estados Unidos, y también a su compinche Netanyahu, que sueña que el territorio del Sahara occidental puede ser el lugar a donde expulse con la anuencia de Mohamed VI a los palestinos expulsados de la Franja de Gaza y de Cisjordania.
Esa historia ya la hemos vivido en nuestro país, atravesado en tiempos de Biden por centenares de miles de migrantes intentando llegar al norte con todo lo que ello implica.
Pero es claro que la migración, sobre todo de África SUBSAHARIANA, no se detendrá mientras las inequidades norte-sur persistan; más adelante reflexionaremos sobre este particular.



