En días pasados se dieron a conocer los resultados de la prueba Programme for International Student Assessment (PISA, por sus siglas en inglés), que se aplica en los países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Dicha prueba valora los conocimientos de lectura, matemáticas y ciencias de los estudiantes de 15 años que acuden a escuelas públicas y privadas, independientemente del grado en el que se encuentren.
Lo que arroja esta prueba estandarizada, diseñada desde espacios centralizados, no es nada alentador para nuestro país. De 38 países miembros, México ocupó el lugar 37. Esta noticia, como era predecible, ha generado un gran debate, mayoritariamente en el sentido de encontrar culpables.
Así, hay quienes responsabilizan a los docentes, otros a los contextos sociales y geográficos, a la economía, a los padres de familia que no coadyuvan en las tareas escolares, a los gobiernos que no han sabido diseñar un proyecto educativo transnacional acorde a las necesidades educativas de las nuevas generaciones, a la validez de la prueba misma, a la pandemia, etc. Lo cierto es que el resultado obedece a una multiplicidad de factores.
Desde luego, lo que arroja ese instrumento nos debe mover a la preocupación y, sobre todo, a actuar en consecuencia. ¿Qué debemos hacer para mejorar la educación que se ofrece en las escuelas públicas? ¿Qué contenidos conviene fortalecer? ¿Qué enfoques merecen revisarse? Pero también hay que cuestionar la propia prueba. Quienes la diseñaron, ¿por qué ponderaron unos conocimientos y habilidades sobre otros? ¿Es totalmente aséptica o hay intereses en su diseño? ¿Tiene algún sesgo o es absolutamente objetiva?
Me parece conveniente aprovechar esta polémica para reflexionar colectivamente en torno a la educación pública y la manera en que se puede mejorar, si cumple o no con su carácter emancipador, sobre los requerimientos intelectuales, actitudinales y de habilidades de la presente y las futuras generaciones que les permitan afrontar los complejos desafíos que comienzan a avizorarse.
Volviendo a la prueba PISA, quiero centrar la atención en uno de los rasgos que evalúa: la lectura, habilidad intelectual fundamental para el desarrollo de las personas. Los resultados obtenidos en este aspecto son magros, muy por debajo del promedio de la OCDE. México obtuvo 408 puntos frente a 461 puntos del promedio general. La evaluación de la lectura es sumamente compleja, así como evaluar los conocimientos en general, pues es imposible conocer los procesos mentales que hace el individuo y una prueba estandarizada no es el mejor instrumento para medir la comprensión lectora de los estudiantes; sin embargo, es finalmente un indicador del dominio que tienen los jóvenes sobre esta materia.
No es trivial señalar la importancia de la lectura. Quienes leen con regularidad por necesidad o por placer, obtienen de este ejercicio múltiples beneficios que no señalaré porque seguramente son del conocimiento de la mayoría. Únicamente resaltaré uno, con fundamento en distintas investigaciones y en distintos autores: la lectura transforma para bien la vida de las personas. Ese hecho nos debe mover a procurar despertar y fortalecer el hábito de la lectura en todas y todos los estudiantes. Para ello se requiere conocer la epistemología de la lectura, los procesos lingüísticos y mentales que se requieren para que el lector construya el significado del texto, cuáles son las estrategias que los lectores experimentados ponen en juego para comprender lo que leen.
Es cierto que, al promover los aprendizajes a través de proyectos, se lee, se escribe y se desarrolla el pensamiento matemático. Pero formar asiduos lectores requiere acciones específicas y debe ser una tarea transversal, es decir, debe trabajarse en todos los niveles educativos y en todas las asignaturas.
Desde luego, es imprescindible que como docentes cultivemos el hábito de la lectura, pues nadie da lo que no tiene. Hay que adentrarnos todas y todos en el maravilloso mundo de los libros.
Entre la bibliografía que puede ayudar mucho a este propósito, recomiendo Comprensión de la lectura (Análisis Psicolingüístico) de Frank Smith. La SEP le haría un gran favor a la educación si hiciera llegar este material a cada docente y, además, organizara foros y promoviera análisis colectivos en torno a este tema.
La formación de lectores debe ser prioridad en la política educativa nacional. Hagamos lo propio en Zacatecas.
Y tú, estimada o estimado lector, que has llegado hasta estas últimas líneas, ¿qué tan consolidado tienes el hábito de la lectura? ¿Cómo es tu comprensión lectora? ¿Qué tipo de textos prefieres leer?
*Secretario general de la Sección XXXIV SNTE-CNTE



