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La libertad, veinticinco años después. La libertad doble, de Lisandro Alonso

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Por: SERGI RAMOS •

La Gualdra 718 / Cine / Festival de Cannes 2026

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[En la Quincena de los Cineastas, de Cannes]

Veinticinco años después de La libertad, su primer largometraje, el argentino Lisandro Alonso presentó en la Quincena de los cineastas su último trabajo, La libertad doble. La película despertaba una cierta curiosidad sobre si Alonso iba a retomar el estilo minimalista que había caracterizado sus primeras películas o si iba a adaptarla al giro hacia un cine más narrativo iniciado por Jauja y confirmado por Eureka

Después de la proyección, el cineasta se pronunció sobre este retorno a las raíces de su cine: “Tardé diez años en producir Eureka, fue muy difícil a nivel cinematográfico, pero también personal, entonces me pareció una buena idea volver al principio, donde se inició todo”.

 

Variaciones

La libertad doble retoma los principios estéticos de la primera película, a saber una apuesta por la contemplación de los personajes y de su entorno. El primer opus se centraba en la vida cotidiana de Misael, un leñador de la Pampa. En algunos momentos, la cámara se alejaba del personaje para adoptar un punto de vista contemplativo que parecía asociarse desde lo sensible al entorno natural. 

El inicio de La libertad doble retoma estos principios estéticos, documentando el trabajo de Misael pero también sus tiempos muertos. Asistimos pues a la tala y preparación de varios árboles para su transformación en postes, acelerada eso sí ahora por la utilización de una sierra mecánica (posible referencia a Milei) además de su hacha. 

Como en La Libertad, la cámara abandona a veces a Misael, por ejemplo para seguir a su perro, abriendo la periferia del espacio representado y la posibilidad de otros relatos, sin que éstos lleguen a concretarse más allá de un esbozo.

Fotograma de La libertad doble, de Lisandro Alonso.
Fotograma de La libertad doble, de Lisandro Alonso.

Giro político

En su segunda parte, la película explicita su posicionamiento político al introducir un nuevo personaje, Micaela, la hermana de Misael, internada en un hospicio por problemas mentales. Mientras Misael aguarda en la sala de espera que el director lo atienda, oímos la conversación telefónica que éste tiene en otra habitación. En ella se queja de los recortes económicos que padece su institución, y que le obliga a “externalizar” los cuidados devolviendo los pacientes a sus familias.

A partir de este retorno a una libertad forzada, Misael y Micaela deben aprender a convivir en la Pampa, y la cámara los sigue de cerca, también en las idas y venidas por la naturaleza que los rodea, que Micaela debe apropiarse. Pero ahí también Alonso le devuelve la libertad a la mirada cinematográfica, cediéndosela a Micaela y su descubrimiento del paisaje.

Valorando lo que suponía volver a La libertad veinticinco años después, Alonso comentó: “El personaje de Misael es la metáfora de lo que le ha ocurrido a mucha gente desde hace 25 años, especialmente con el gobierno actual y las consecuencias sobre la gente corriente, y también la gente con problemas mentales. La gente me pregunta lo que es la libertad, pero para mí es difícil definirlo. Nuestro gobierno usa esa palabra, pero para hacernos creer en un progreso que yo no veo”.

 

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