La Gualdra 718 / Literatura / Libros
Por Aída Chacón-Castellanos
La necesidad de un espacio físico para que las mujeres puedan pensar y crear fue planteada como una revolución ideológica durante el primer tercio del siglo XX por Viginia Woolf. Esta idea ha sido pensada y repensada a través de los años. Aún en la actualidad se plantea como una idea feminista necesaria para reflexionar. Sin embargo, con el paso de las décadas, otras escritoras más contemporáneas también han cuestionado la geografía desde donde nació aquella idea, pues en otros contextos suena casi imposible pensar en un lugar propio.
En países como el nuestro, con familias numerosas, espacios reducidos —sobre todo en las zonas urbanas— con sueldos precarizados, la idea de tener un cuarto propio es casi imposible. Por ello, escritoras como Gloria Anzaldúa sostienen una posición mucho más acorde con la realidad latinoamericana y nos dice “Olvídate del cuarto propio. Escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el departamento de Beneficencia social, o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar despierta”.
Dahlia de la Cerda dice “El cuarto propio es el lugar desde donde se escribe. Es tiempo. Es dinero. Son privilegios de clase y raza y epistémicos”. Y estas últimas palabras son las que más definen la realidad social de las mujeres que escribimos. Quizá por eso Un lugar seguro (2019), de Olivia Teroba me pareció una especie de reflexión en ese mismo orden de ideas. Este libro ensaya sobre la violencia cotidiana, la que hacemos nuestra por cercana; ésa que no se cuestiona o que sucede acompañada del silencio, generalmente, de las mujeres. Debo señalar que esta lectura no se posiciona como una escritura feminista, aunque sabe que efectivamente la violencia sí lleva una marca de género, pero no solamente de eso, sino también de clase, de etnia, de centro y periferia.
Esta lectura me hizo preguntarme sobre las propias violencias ejercidas y también las que atravieso. Pienso que la vida está repleta de pequeños y constantes actos de violencia, quizá porque eso es lo que nos rodea y nos forma desde que aparecemos en el mundo. El nacimiento es el primer acto violento del que somos partícipes, luego vienen uno a uno exacerbados por el entorno y las violencias que han moldeado a nuestros cuidadores. Olivia Teroba también narra esas violencias que son parte de lo cotidiano en el cuerpo femenino. Los calificativos por su tipo de cuerpo, el acoso, la invasión del espacio personal, los tocamientos, el mutismo que deja tras de sí uno de estos actos violentos y que con el tiempo se convierte en una pesada carga.
Un cuestionamiento que sobresale —puesto que la autora también se lo hace en repetidas ocasiones a lo largo de su libro— es si es posible la construcción de sitios seguros para guarecernos de lo que nos rodea. Sobre esto, entiendo a través de la lectura que la autora los construye. Se trata de lugares imaginados, simbólicos, que logramos erigir por medio de la ritualidad. No se trata de construcciones de cemento y acero, sino de espacios logrados con el cuerpo. ¿A qué me refiero con esto? La experiencia narrada en Un lugar seguro es la del cuerpo herido, el cuerpo reparado, explorado, cuestionado. Esos espacios seguros que la autora anhela —y que hace anhelar al lector— se construyen tomando en cuenta la experiencia del cuerpo. Si el cuerpo se siente a salvo, si puede encontrar paz y tranquilidad a pesar de las circunstancias, ahí se encuentra el lugar seguro; lo que también nos da la posibilidad de tener más de uno en la vida.
La autora narra sus propios dolores, pero también los asideros que logra construir con el paso del tiempo. A medida que cuenta la violenta historia que la rodea, también enumera los sitios del cuerpo en los que experimenta esas sensaciones amenazantes. Esto la llevará a una exploración constante no solamente sobre la normalización de la violencia, sino de las afectaciones que deja en la mente. Aunque la autora no profundiza sobre la medicalización sí menciona el tema. Esto me parece también importante porque el mundo actual realmente está diseñado para fracturar la psique de cualquiera, y aunque se habla mucho más de salud mental ahora que hace veinte años, lo cierto es que sigue siendo un tema del que pocos se atreven a hablar en primera persona desde la factualidad del ensayo.
Teroba sin duda encontró un lugar seguro en la escritura, aunque en momentos pareciera que duda de sí misma y su habilidad para la construcción de sus textos. La reflexión que queda después de esta lectura es si tenemos un lugar seguro, si lo hemos construido, si está a nuestro alcance, si es posible siquiera o se trata de un mito como el Paraíso o el Nirvana.



