La Gualdra 701 / Literatura / Libros
En la edición 225, de agosto de 1995, de la revista Vuelta, Octavio Paz publicó un artículo donde afirma que a la poesía y el periodismo “los une, ante todo, la brevedad: nadie escribe artículos o poemas de mil páginas”. La relación entre el periodismo y la poesía es en apariencia inexistente. Son dos géneros literarios distantes. En apariencia, reitero. Y no es que nos encontremos artículos o notas periodísticas con metro y rima. Ni poemas publicados diariamente denunciando e informando, ésos sí con rima y metro, los hechos cotidianos. Sin embargo, alguna conexión tiene.
El periodismo está entrometido en todo. Es su naturaleza. La poesía también, aunque a veces no lo parezca, ya que su lenguaje es menos accesible. “Soy (o quiero ser) un poeta; igualmente soy (o quiero ser) un periodista”, dice Paz en el mencionado artículo. Suscribo lo dicho por él. Doy vueltas alrededor de esta idea porque deseo llegar a un punto de encuentro entre ambos géneros literarios: Crónica de la poesía mexicana, el magnífico libro de José Joaquín Blanco publicado en 1977.
A casi 50 años de publicado por el Departamento de Bellas Artes de Jalisco, este libro es una inequívoca muestra de exploración y sentido crítico. En la “Advertencia preliminar” del libro, Blanco deja en claro que ofrece al lector “una crónica y no una historia de la poesía mexicana: la diferencia consiste en que la crónica es análisis narrativo de las cosas que el lector conoce poco: una invitación a conocer…”.
La crónica lleva en su ADN componentes de la noticia, el reportaje y el análisis. Sobre todo de este último componente. A decir de Álex Grijelmo, uno de los riesgos de la crónica es en torno a los juicios aventurados: “evitar que las opiniones se conviertan en frases editorializantes”. A pesar de que esta crónica supone una lectura de la poesía de manera histórica, abierta y personal, como un asunto de la vida diaria, a José Joaquín no le faltan motivos para exponer una crítica autoritaria, como él mismo lo reconoce.
Incluso en nuestros días, la aproximación periodística a la poesía no es frecuente. Crónica de la poesía mexicana toma los riesgos de todo trabajo periodístico, es más, el autor rompe con las fronteras teóricas que definen a la crónica, todo gracias a su conocimiento de la poesía mexicana, para plasmar no sólo un estudio ceñido al periodismo, sino que avanza con el engranaje de la erudición. El recorrido por la lírica prehispánica, pasando por el nacionalismo, el modernismo, los contemporáneos y hasta nuestros días, lo hace sin ninguna inhibición académica.
El lenguaje utilizado por el autor de La soledad de los optimistas y Pastor y Ninfa. Ensayos de literatura moderna no es para nada poético. El discurso que teje y desteje esta crónica es de hilo ensayístico. Diáfano y sin ambigüedades. Crónica de la poesía mexicana ha sido para mí un documento valioso al momento de revisar la poesía de nuestro país. A él se suman una serie de nombres de escritores igual de valiosos en cuanto a estudio de poesía se refiere. Por ejemplo, los realizados por Gabriel Zaid, Luis Mario Schneider, Octavio Paz, Salvador Elizondo, Rogelio Guedea, Carlos Monsiváis, Luis Miguel Aguilar, Xavier Villaurrutia, entre otros.
¿Qué entender por poesía mexicana? Fue lo que Octavio Paz se planteó en el prólogo de Poesía en movimiento. Caso similar ocurre en el libro de Blanco. Crónica de la poesía mexicana es más certera al momento de definir a la lírica nacional. José Joaquín es más dominante, asaz imperativo. Asimismo, la libertad con la que ejerce el conocimiento es el resultado de muchas horas frente a los poetas mexicanos. El poema está alejado de todo lugar común; el periodismo, no. La materia prima del periódico es el acontecer diario, el cual es, muchas veces, el reflejo de la frase hecha. Posiblemente, el arte no debería tener ningún compromiso ni deuda con la sociedad. Sin embargo, libros como éste son testimonio de que los estados de ánimo de la poesía —una forma de arte—, en este caso la mexicana, son directamente proporcionales al transcurrir social, político y económico.
No sé si el objetivo central propuesto por Blanco, hacer de la poesía un asunto de la vida diaria, por consiguiente acercar a los lectores, se cumplió. La cronología de nuestras letras es, al mismo tiempo, la cronología de nuestra sociedad. José Joaquín Blanco, el cronista, deja ver con lupa el crecimiento de una ciudad, la transformación de una sociedad y la evolución de un pensamiento. El otro, el crítico literario, porque siempre aparece, nunca deja de asomar la cabeza, expone sus cercanías y distancias con éste y el otro poeta, reafirma sus convicciones y da muestra de rigor como lector, ante todo.
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