La Gualdra 681 / Cine
En años recientes, el cine de terror se ha encaminado hacia un estilo de características más autorales, enfocado en el drama íntimo de sus protagonistas por encima del efecto que puedan producir los jumpscares o sustos fáciles tan comunes en el género. El llamado por muchos “terror elevado”, utiliza el suspenso y lo macabro como una representación que conceptualiza en la condición humana, a menudo enfocada en experiencias traumáticas o inquietudes de índole psicológica.
Esta predominación de un cine de terror más alegórico en el panorama actual, alimenta la falsa noción de que dicho género no puede funcionar de manera efectiva como mero escapismo, ni mucho menos cohabitar con otros géneros y estilos como la comedia y el absurdo. Cineastas como Joe Dante, Sam Rami y hasta John Carpenter, han demostrado lo contrario, al proponer en varias de sus obras una clara relación entre el terror y la comedia, por su capacidad en común para generar reacciones tan inmediatas como calculadas en el espectador.
Realizadores mucho más contemporáneos como Jordan Peele y Zach Cregger, también han logrado que exista este diálogo de ambos géneros en sus respectivas obras. Respecto a este último, se trata de un director que tomó a muchos por sorpresa al debutar en el cine de género con Barbarian (2022); estupendo trabajo que, además de jugar de manera muy creativa con el suspenso y el absurdo, también brilla por su habilidad para subvertir las expectativas del espectador de manera continua. A su vez, el filme de Cregger se trata de una interesante exploración sobre un nuevo tipo de temor, uno que se percibe más en sintonía con el presente: el miedo a la otredad y a los espacios ajenos; sitios apacibles y cotidianos en el exterior, pero capaces de albergar los secretos más oscuros y monstruosos en su interior.

Todos estos elementos, en mayor grado de ambición, se encuentran presentes en Weapons (2025), la más reciente cinta del realizador. La película toma lugar en los suburbios de Maybrook, Pennsylvania y sigue el misterio alrededor de la desaparición de 17 niños, todos compañeros en el mismo salón de clase. La policía y el FBI investigan todas las pistas a su alcance, los padres revisan una y otra vez las imágenes tomadas por sus cámaras de seguridad, pero de lo que no hay duda es que todos los pequeños salieron de sus casas a las 2:17 AM y se fueron por voluntad propia.
Con una estructura coral que presenta a múltiples personajes y tramas entrelazadas, similar a filmes como Pulp Fiction (1994) o Magnolia (1999), que a su vez remite a algunas novelas de Stephen King como Salem’s Lot (1976) e It (1986), Cregger narra su relato desde diferentes puntos de vista, con situaciones que por momentos se repiten o se cruzan entre sí, al mismo tiempo que van enriqueciendo la narración, respondiendo las diferentes interrogantes que se plantean y creando nuevas en el camino.
En dicho trayecto, la cinta cuenta por momentos con imágenes perturbadoras, incómodas y desconcertantes, pero también abraza el exceso, el delirio y el desenfado, logrando sentirse distintiva y con la suficiente personalidad e intriga para atrapar al espectador y mantenerlo interesado durante sus poco más de dos horas de duración. En su peculiar propuesta, Weapons abre la puerta e invita a cruzar el umbral para sumergirse en un universo tétrico y perverso, pero al mismo tiempo lleno de un sentido del humor negro y completamente desinhibido. Todo parte del sello distintivo de Zach Cregger, quien como guionista y director comienza a consolidarse como una de las voces más interesantes y propositivas en el terreno del fantástico y el terror.
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