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Se respira la vehemente intensidad de la tragedia

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 713 / Arte

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Por Álvaro López-Limón

Se avizora una triple tragedia. “Veo bien por tu gesto y semblante que hay algo que te pesa en el corazón: ¿no te va todo como desearías, tal vez?”, texto intrigante, atrevido quizá, lo podemos encontrar en The Kingis Quair, no es fácil imaginar, que la persona que lo ha escrito, tiene como tarea la unificación de las coronas de Escocia e Inglaterra, y que desafiando tensiones religiosas, conflictos financieros y parlamentarios, sus acciones marcaron el inicio de la dinastía Estuardo, bajo la defensa del derecho divino de los reyes.

Estamos hablando de Jacobo VIº de Escocia y Iº de Inglaterra, escritor, poeta y monarca, dueño de una azarosa vida que culminará en tragedia. En este escenario, las estrictas políticas culturales y religiosas de la Corona Española y la ausencia de traducciones formales de la obra de William Shakespeare al español, postergando el conocimiento de su obra para la cultura Novohispana. 

En el vórtice de ambas tragedias aparece una obra de William Shakespeare, llamada El rey Lear, en ella, Shakespeare adapta y transforma una leyenda británica. Entrelazando dos tramas en una narrativa, la principal y motivo de nuestra reflexión está centrada en el Rey Lear y sus tres hijas (Goneril, Regan y Cordelia), y la secundaria, sobre el conde de Gloucester y sus hijos (Edmund y Edgar). La adversidad se produce cuando Lear, en un acto de vanidad y desconexión emocional, decide dividir su reino entre sus hijas, según sus declaraciones de amor. 

Este acto inicial, en apariencia irrelevante, muestra la fragilidad del poder cuando se aparta de la sabiduría. El mero acto de abdicación de Lear lo despoja de autoridad, exponiéndolo a la crueldad de un mundo que él mismo gobernaba. Mientras tanto, en el ínter de la obra, Gazeau, el bufón, se vuelve la conciencia del rey, ofreciéndole verdades dolorosas disfrazadas de humor.

A propósito, hemos encontrado una pintura en la que James Barry representa el momento en que el rey Lear llora sobre el cadáver de su amada hija Cordelia, en el Acto V, Escena 3. Barry transforma las palabras de Shakespeare en sensaciones visuales y emocionales.

Estamos frente a la imagen del rey Lear ante la muerte de la menor de sus hijas, se nos muestra en primer plano “la teatral desesperación del rey, que hunde una de sus manos en una cabeza de abundante cabellera y barba blanca; así como de sus soldados, alzando sus rezos hacia un cielo tormentoso”, como nos dirá Ruth Padel. Siguiendo a Shakespeare, encontramos que la cólera, la ofuscación y el enojo conducen a la violencia, a la locura trágica; “la locura [señala Padel] es negra por varias razones; tiene el color de la cólera, la tormenta, la tierra y la tragedia misma; […] en esa negrura podemos ver cosas verdaderas, pero no aquéllas que resulten seguras o cómodas de ver. La locura aísla”. 

Continuando con el detalle pictórico, se muestran soldados con armadura, un paisaje dramático con un cielo perturbador, en la obra como en la pintura se respira tragedia y desesperación. Reconocemos el trazo minucioso en las expresiones de los personajes y, por supuesto, una elaborada composición que acentúa la claridad, el orden y la vehemente intensidad de la tragedia.

*UAEH.
Padel, Ruth. A quien los dioses destruyen. Elementos de la locura griega y trágica, México, Sexto Piso 2005.

 

 

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