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miércoles, 25 mayo, 2022
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La huida: para recordar a Jack Kerouac

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

Jack Kerouac (12 de marzo de 1922-21 de octubre de 1969) tuvo algo en común con Edgar Allan Poe: ambos murieron en la amargura, el enojo y con ayuda del alcohol. O eso dicen las leyendas (Michael J. Dittman “Jack Kerouac: a biography” Greenwood Press, Westport (2004)). No concluye ahí la “afinidad electiva” entre Kerouac y Poe. El retrato más conocido de este, el denominado “daguerrotipo Annie”, nombre de su dueña Annie L. Richmond, fue tomado alrededor de junio de 1849 en Lowell, Massachusetts, pueblo donde nacería Kerouac en 1922. Quizá ahí finalizan las similitudes: la obra de Kerouac es muy distinta a la de Poe. Para aquel una especie de misticismo lo llevó a escribir según los vericuetos de sus recuerdos embellecidos por una imaginación desbordada, este pretendía poseer una “ciencia de la composición”, una formulación racionalista de la escritura de cuentos. La más famosa de las novelas del escritor “beat” (“beatific” según sus biógrafos), “On the Road”, utiliza un elenco de personajes que el autor sostiene haber conocido durante sus viajes, en particular a Nueva York. De modo que parece una simple trasposición identificar a Salvatore Paradise con Kerouac, a Dean Moriarty con Neal Cassady, a Allen Ginsberg con Carlo Marx y al inmarcesible William S. Burroughs con Old Bull Lee. Sin embargo, es una novela, ficción, aunque se le quiera disfrazar de “cosa vívida”, de la experiencia misma sin filtros, constituye una fórmula de interpretación de los eventos experimentados por una conciencia, y en última instancia contiene una idea acerca de su momento histórico. ¿Cuál? Apareció en “La Jornada semanal” suplemento cultural del diario “La Jornada, en la edición del domingo 13 de marzo de 2022, un artículo de Matías Carnevale acerca de Kerouac. Intenta imaginar cómo hubiera sido un viaje del autor de “The Dharma Bums” al sur de América: a Argentina, Chile. Lo interesante es que menciona una crítica de Norman Podhoretz a la novela “Onthe Road”. Según parece, Norman Podhoretz, antiguo conocido de Ginsberg y Kerouac en Columbia, considera en su ensayo “The Know nothing Bohemians” (Partisan Review, 1958), que novelas como “On the Road”, “The Subterraneans”, poemas como “Howl” y ensayos de 9000 palabras al estilo del “White negro” de Norman Mailer, son indicativos de un abandono de los valores intelectuales, en específico, son muestras de una irracionalidad fingida, de diseño, cuyo único objetivo es escandalizar pero que lanzan a la juventud al irracionalismo más craso. Aún más, de acuerdo a Podhoretz, existió un nexo entre la propuesta literaria de los Beats y el incremento en la delincuencia juvenil. No está de más señalar la definición de aquellos años de “delincuente juvenil”: rebelde sin causa. Incluso se puede recordar un libro titulado: “Rebel without a cause: the hypnoanalysis of a criminal psychopath” de Robert M. Lindner donde se dice: “…el psicópata es un rebelde sin una causa, un agitador sin consigna, un revolucionario carente de programa. En otras palabras, su rebeldía persigue fines que sólo a él satisfacen”. Todavía está en prensa y se puede conseguir fácilmente. Con estos elementos parece sencillo extraer el contenido racional de la propuesta literaria de los beats: la huida de la sociedad occidental, por ser considerada insatisfactoria e incorregible. Podhoretz también criticó con acritud el libro de H. Arendt “Eichmann in Jerusalem” (David Laskin “Partisans” Simon&Schuster (2000). Este tipo de pensamiento alcanza una cima en la obra de Daniel Bell: “Las contradicciones culturales del capitalismo”, en la que teoriza acerca del subsistema de la cultura estadounidense como cada vez más alejado de cualquier tipo de integración funcional con el estilo del “capitalismo tardío”, post industrial y post ideológico. Sin embargo, una crítica de otro calado la realizó Paul Goodman en su “Review of “On the Road”” (Midstream, Winter 1958). Para este crítico la generación beat carece de experiencia afectiva y laboral, no pueden rebelarse contra lo que no conocen, así que instauran una rebelión ficticia. Un teatro donde protagonizan luchas falsas contra enemigos hechos a la medida. “Su comportamiento es un conformismo más papista que el papa”. Encuentra, sin embargo, una página, sólo una, de escritura en “On the Road”. Esa escena en la que, por fin, Paradise se encuentra abandonado y sin comida en San Francisco y recuerda, mediante los olores de una cocina, el “roast beef”, el “roast chicken” y el café de un penique. Tal es la experiencia “primordial” que Goodman querrá tenga la juventud (véase el libro “Growing up Absurd” (1960), mientras que constituye el retorno al “primitivismo” que denuncia y condena Podhoretz. Parece claro, entonces, que la recepción de la novela en su tiempo ofrece una idea de cómo interpretar su contenido. No basta leerla, una obra exige de su lector la más cuidadosa de las atenciones y la máxima preparación. Si bien la novela “On the Road” es muy sencilla en su escritura, a veces, incluso, pedestre, no por eso escapa a la necesidad de una lectura racional, que la encuadre dentro de los debates de su tiempo. Así como en los de cualquier momento histórico posterior. Habida cuenta de lo ya dicho, “On the Road” narra el fracaso de una izquierda que nunca tuvo rumbo, pero sí muchas ganas de escapar de todo.

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